DE RUTA POR ANTIGÜEDAD

Desde Antigüedad hay otro punto de partida para adentrarse en el Cerrato palentino y subir sus “cuestas”, recorrer los páramos o bordear los “barcos”. Rutas para seguir el vuelo majestuoso de las avutardas, sorprenderse con el altivo correr entre los rastrojos de la perdiz, contemplar las reposadas evoluciones de la calandria.

Las rutas son para captar a la fugaz liebre, escuchar cómo levanta el vuelo un bando de codornices y examinar las sendas que los jabalíes dejan a su paso, cuando, por la noche, se aproximan a los arroyos. Para sentir el sol y el aire del páramo, cuyo uniforme paisaje rompen de color verde la encina, el quejigo, el enebro o la sabina albar.

Para oler el espliego, la salvia, el tomillo y el té. Ver, en los límites de los quejigales con los cultivos, cómo crecen las rosas de monte y las aulagas.

Las rutas son para buscar la Cruz de la Muñeca, aliviar la sed en la Fuente de los Serranos, comer una tortilla a la sombra de la centenaria Enebra, adentrarse en un chozo, elucubrar sobre el origen del Paredón, buscar una utilidad al Torreón, recordar sobre la Cañada Real Burgalesalos antiguos pleitos entre La Mestay Antigüedad o recorrer el umbrío valle de Fuente Luciana. Partiendo desde Antigüedad, hay otro Cerrato por ver y sentir.

 

RUTA DE LA FUENTE DE LOS SERRANOS

A medida que nos alejamos del casco urbano por el camino de Los Caños, se pone de manifiesto un claro ejemplo de la geometría del Cerrato: los valles, aquí llamados “barcos”, con sus cuestas o laderas que dan acceso al páramo. Por el centro del valle discurre el Valderey que hace referencia al rel Alfonso III el Magno y los tiempos de la reconquista.

La cara del barco que mira al mediodía, la más expuesta a los fenómenos atmosféricos, no suele estar cultivada y se aprovecha para los asentamientos, las explotaciones yeseras y las bodegas, además de los colmenares, que se resguardan de los vientos del norte. La cuesta que mira al norte es más suave de relieve, con tierras que sufre menos la erosión y son más cultivables.

Enfrente del Vallejo arranca el camino de La Antolina, que tras completar la subida, nos sitúa en el páramo a 900 m de altitud, llevándonos al camino de La Hoyada, al encuentro con la Cruz de la Muñeca (5 Km). Es una bella leyenda que Antigüedad mantiene relacionada con la reina Juana la Loca y su caída de un caballo. La realidad es que esa cruz está sobre el páramo de La Muñeca y de ahí tomaría su nombre. A estas alturas ya hemos tenido ocasión de observar montones de piedras calizas que los agricultores van haciendo. Son los majanos.

La ruta retrocede unos 200 m. hasta tomar un camino a la izquierda por terrerno no roturado, es la Cañada Real Burgalesa. Y se tiene ocasión de entrar en contacto con enebros comunes, por estos pagos llamados esquenas, enebros del incienso, también conocidos como sabinas, encinas y robles, que aquí suelen denominarse quejigos.

Atravesando La Nava se llega al Salegar (7 Km) lugar en donde se depositaba sal para despertar el apetito del ganado. Es un raro ejemplo, a pesar de las numerosas corralizas levantadas por la proximidad de la Cañada Real Burgalesa, dependiente de La Meseta, con la cuál el municipio tuvo fuertes pleitos. Esta cañada nos conduce bordeando el Endrinal, en suave y bella bajada, a Majadahonda, junto al pozo de Pillella.

El barco que arranca de Bastriguilla nos llevará en ligero descenso por la fuente de Pillella, dejando a la izquierda la Cañada. Enebros y sabinas pueblan las cuestas. Más adelante, al pié del Sombrio de Juan Seca, el colmenar de Albardero (9 Km) vigila el paso del arroyo Fuentehorno y hay lugar para contemplar concentraciones de quejigos y encinas.

Al final del Sombrío de Fuenteserranos, a media ladera que mira al norte, unos chopos indican el asentamiento de la Fuente de los Serranos, junto a un cordel de la Cañada. La fuente está debidamente acondicionada para el ocio y su agua es muy estimada en Antigüedad y su contorno. Los abrevaderos, colocados con gran acierto sobre la ladera, eran de los más importantes de la Cañada. Una senda en dirección oeste nos permite llegar hasta los Corrales de Pérez, en donde se levanta un notable chozo o cabaña, típica vivienda de pastores.

Tras la bajada de la fuente, la pista forestal a la izquierda nos introduce, en empinada cuesta, en El Tronchuelo de Arriba (916 m) notable masa arbórea de quejigos. Marcha adelante, existe en el Km 12 la posibilidad de tomar un camino a la izquierda que nos llevará por el barco del Tronchuelo hasta la ermita de Villella y su yacimiento. Si las fuerzas acompañan, merece mucho la pena el esfuerzo del desvío. Desde Villella se puede finalizar la ruta tomando la carretera de Cevico, dirección Antigüedad, a la derecha.

Si se vuelve a la pista original, tras rebasar el cruce con el camino de la Hoyada, desde la Cañada del Roble a la izquierda y antes de bordear La Atalaya, otro camino que atraviesa la carretera de Cevico hasta el oeste nos presenta ante el chozo de Valdostillo. Se retorna a la Cañada del Roble y en fuerte descenso, trás atravesar La Calzada, finalizamos la ruta.

Datos de la Ruta

Tiempo Recorrido

  • 3 horas

Dificultad

  • Baja

Desnivel

  • 826 m. a 920 m

Recorrido Total

  • 15 Km

Perfíl de la Ruta

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