Cómo fue la estancia en Torquemada de Juana I de Castilla (que no estaba «loca»), que se conmemora el próximo sábado 12

Juana la Loca en Torquemada
Representación de la vida de Juana I de Castilla en Torquemada

La reina viuda se asentó durante un tiempo en la localidad palentina, donde veló el cuerpo de Felipe El Hermoso en Santa Eulalia y donde dio a luz a su hija Catalina

La villa de Torquemada, en Palencia, fue el escenario de un acontecimiento en la Nochebuena del 24 de diciembre de 1506 que quedó marcado para la historia y que se conmemora cada año, desde hace ya 16, en una fiesta y recreación que tendrá lugar el próximo sábado 12 de julio a partir de las diez de la noche.

Aquella Nochebuena de 1506, los vecinos fueron sorprendidos por una enorme comitiva fúnebre iluminada con antorchas que se disponía a cruzar el puente sobre el río Pisuerga. Entre frailes y soldados, se adivinaba un féretro, y junto a él, una mujer encinta vestida de luto: la reina Juana. La heredera de los Reyes Católicos, Juana I de Castilla, que se había quedado viuda, viajaba a pie y de noche desde Burgos con el cuerpo de su esposo, Felipe El Hermoso, del que estaba «enamorada hasta la locura», obstinada en llevarlo a Granada, un destino al que nunca llegó. Un viaje que, además, realizaba en avanzado estado de gestación.

Aquella Nochebuena, Juana decidió detenerse en Torquemada para descansar… Y finalmente prolongó su estancia durante cuatro meses. La reina y su numeroso séquito permanecieron en esta villa del Cerrato hasta el mes de abril. Esta larga estancia diezmó los recursos de Torquemada, ya que sus vecinos se vieron obligados a dar cobijo y alimento a cientos de personas.

Durante su estancia en Torquemada, la reina ordenó que el cadáver de su esposo, Felipe El Hermoso, permaneciera en la iglesia de Santa Eulalia escoltado día y noche por soldados. Juana prohibió el acceso de cualquier mujer al templo y dispuso que cada día se celebraran misas con la misma pompa que si su esposo acabara de morir. Una estancia que se prolongó hasta el mes de abril, cuando la reina y su séquito tuvieron que seguir su camino desde Torquemada huyendo de la peste.

Catalina de Austria, una torquemadina que fue reina de Portugal

Juana I de Castilla escogió este pueblo a orillas del Pisuerga para dar a luz a su sexta hija. Catalina nació el 14 de enero de 1507, hija póstuma de Felipe el Hermoso, ha sido apodada por algunos autores como «La Torquemadina». La historiadora Annemarie Jordan, una de las principales investigadoras en la figura de Catalina, sugiere que Juana eligió Torquemada para dar a luz para interponer una distancia física entre ella y su padre (Fernando El Católico), y alejarse de Burgos, donde su esposo había fallecido, ya que consideraba a Catalina el «último nexo con su amado Felipe».

Juana nunca llegó a Granada: fue obligada a detener su viaje y recluida en Tordesillas de por vida. La pequeña Catalina se crió en cautiverio junto a su madre allí, viviendo una vida austera y tranquila, alejada de la Corte. A pesar de su aislamiento, Juana se ocupó de supervisar su formación, proporcionándole una educación regia y un sólido bagaje cultural, lo que la convirtió en una «reina políticamente exitosa». Y esa educación, por parte de la propia Juana, es una prueba más de que la reina castellana no estaba realmente «loca»: con ella, Catalina aprendió a moverse en una Corte que no conocía, a ser una mujer culta, a dominar con excelencia la música y la danza, hablar en latín e incluso leer el griego.

En 1525, Catalina, la princesa torquemadina, se casó con Juan III de Portugal, un matrimonio que fue orquestado por su hermano, Carlos V, para asegurar sus intereses en la Península Ibérica.

Catalina fue una mujer de estado, participando activamente en las decisiones políticas y aconsejando a su esposo. Aunque históricamente fue relegada a un segundo plano y su imagen difamada, los historiadores la han rescatado como una reina astuta y política hábil. Y ello a pesar de que tuvo una vida difícil, ya que vio morir a nueve de sus hijos.

Tras el fallecimiento de su esposo Juan III en 1557, asumió la regencia de Portugal desde ese año hasta 1562, cuando tomó el relevo su nieto Sebastián. Su regencia estuvo marcada por disputas políticas internas y problemas ultramarinos. Falleció en Lisboa el 12 de febrero de 1578.

Otra de las vertientes más conocidas de la reina torquemadina es que fue una importante patrona artística y coleccionista de objetos de lujo y exóticos de las colonias portuguesas, formando la primera Kunstkammer o gabinete de curiosidades en el Portugal renacentista. También fue notable por su devoción religiosa y la fundación de instituciones benéficas y educativas.

Cada verano, Torquemada rememora este episodio de su historia con una escenificación de la llegada del cortejo fúnebre de Juana I de Castilla y Felipe El Hermoso a mediados de julio. Este año tendrá lugar el próximo sábado 12 de julio a las 22:30 horas, cuando el Cortejo Fúnebre cruce el puente de 25 ojos sobre el río Pisuerga y sea recibido por los vecinos de la villa. Desde ahí llegará hasta la iglesia de Santa Eulalia, la misma donde la auténtica Juana veló el cadáver de Felipe, donde comenzará una representación teatral sobre este episodio de la historia, que concluirá en la plaza de España.

Como complemento, se celebra en esta misma plaza el XI Festival de la Cerveza Artesana y III Mercado Medieval, a partir de las 20:00 horas, con una obra de teatro de calle a cargo de La Juglaresa Traviesa. La jornada concluye con el concierto de Rock n’ Roll Cirkus a las doce de la noche.

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