“Valorar lo esencial”, por Sergio Lozano

El valor de lo pequeño

Editorial de agosto de 2025

La vida cotidiana nos absorbe con tanta fuerza que, en muchas ocasiones, olvidamos apreciar lo realmente importante. Nos acostumbramos tan rápidamente a las personas que tenemos a nuestro lado, especialmente a nuestras parejas, que terminamos creyendo que siempre estarán ahí, como si fueran eternas, inmunes al tiempo y a las circunstancias. Pero la realidad, a menudo silenciosa y sabia y en otras ocasiones de manera inesperada y cruel, nos recuerda que nada es para siempre y que ninguna persona está garantizada en nuestra vida.

Estos días de julio, marcados para muchos por la separación temporal debido a viajes familiares, vacaciones individuales o compromisos profesionales, ofrecen un inesperado y, en mi caso, un necesario regalo: la posibilidad de reflexionar sobre la importancia de aquellos con quienes compartimos nuestra existencia. Precisamente ahora, cuando mi pareja Layra ha tenido que ausentarse durante tres semanas en el extranjero, en su Sau Luis natal en Brasil, he sentido con mayor intensidad el vacío que me deja su ausencia. Ha sido en esta pausa, en esta distancia física obligada, cuando realmente he comprendido cuánto aporta en mi vida.

He valorado en estos días pequeños gestos que habitualmente pasan inadvertidos: sus palabras de ánimo en un mal día, la complicidad de una sonrisa compartida, el apoyo silencioso pero constante en cada pequeño paso, y la inmensa fuerza que encuentro en su presencia diaria. Echo de menos las conversaciones cotidianas, los planes improvisados, incluso esos silencios cómodos que solo existen cuando la conexión con otra persona es profunda y sincera. Echo en falta su risa, el modo en que su mirada me recuerda que, pase lo que pase, estoy en casa. En definitiva, he comprendido profundamente que es ella quien hace que mi vida cobre sentido.

Por ello, quisiera invitarles a todos ustedes, lectores, a tomar conciencia de lo importantes que son esas personas que están a nuestro lado, que nos acompañan, nos cuidan, nos protegen y enriquecen nuestros días.

Aprovechemos este tiempo, incluso desde la distancia, para valorar con intensidad cada momento que compartimos con nuestra pareja. Seamos cómplices, confidentes, compañeros de viaje, apoyémonos mutuamente y avivemos día tras día esa chispa única y especial que mantiene viva la relación.

Porque no debemos permitir que el tiempo y la rutina apaguen la llama del cariño y del amor. Es fundamental recordar, cada día, que las personas no son eternas, y que nuestra misión es cuidarlas, mimarlas y protegerlas mientras podamos. Que cuando estén a nuestro lado se sientan profundamente queridas, valoradas e importantes, porque quizás mañana pueda ser demasiado tarde. Hoy es el día perfecto para recordarles, y recordarnos, lo afortunados que somos por tenerlos a nuestro lado.

Que no nos gane la comodidad ni la costumbre. Cultivemos cada día con amor y esfuerzo nuestra relación. Vivamos intensamente el presente con quien elegimos compartir nuestro camino, porque la vida es fugaz y, cuando menos lo esperamos, puede cambiar radicalmente. Por ello, aprovechemos el tiempo para decir “te quiero”, para dar ese abrazo espontáneo, para demostrar cada día que somos conscientes del regalo que supone tener a nuestro lado a esa persona especial. Que ninguna despedida, por breve que sea, deje lugar al arrepentimiento de lo que no hicimos o dijimos a tiempo. Aprovechemos cada instante como si fuera único, porque en realidad lo es.

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