Un tambor por Reyes para animar al equipo de su tía: la historia de Javier y Sara León, del Palencia Fútbol Femenino

Con apenas tres años, Javier ya vive el fútbol femenino en primera fila, animando a su tía y al Palencia Fútbol Femenino desde la grada de El Otero
Javier y Sara León en un partido de fútbol femenino con un tambor
Sara León junto a sus sobrinos en el campo de El Otero.

Javier tiene casi tres años y, cuando escribió su carta a los Reyes Magos, no pidió juguetes al azar. Quería específicamente un tambor. Lo pidió con un motivo muy concreto: usarlo para animar al Palencia Fútbol Femenino, el equipo en el que juega su tía, Sara León.

Se sabe todas las canciones del equipo, aún a su temprana edad, las canta y las toca todo el rato, y está pendiente de cuándo llega la hora de ir con sus hermanos de 5 años y dos meses, sus padres y su abuela para apoyar a las moradas. No se pierden ni un partido.

Es una escena que parece cotidiana, pero que ayuda a entender  que el fútbol femenino en Palencia engancha: niños y niñas que se acercan al campo, que reconocen a las jugadoras y que ya viven en la ciudad el fútbol femenino como algo propio desde edades muy tempranas. En el caso de Javier, esa cercanía al fútbol femenino tuvo nombre y apellido. Sara León.

La jugadora del Palencia FF empezó a jugar al fútbol con apenas tres años, en Paredes de Nava. Cuando tuvo edad para competir, se federó en el club de su pueblo, el CDFB Paredes. Entonces, hace 25 años, no era habitual ver a niñas jugando al fútbol con normalidad. Hubo comentarios, como los había en aquella época, pero nunca fueron un freno. «Lo típico de ‘menuda chicazo’ se escuchaba, pero a mí nunca me frenó», señala la jugadora.

“Siempre lo viví con naturalidad”, explica Sara. Jugaba porque le gustaba y porque en casa nunca le pusieron límites. Ese respaldo fue clave para que el fútbol formara parte de su vida sin conflictos. «Me llena de orgullo poder decir que mis padres nunca me privaron de algo que me hacía feliz por ser algo que, en aquel momento, se consideraba ‘de hombres’. Siempre me sentí muy arropada y sé que eso fue una gran suerte.», explica.

Hoy, cerca ya de los 32 años, forma parte del Palencia Fútbol Femenino en una temporada importante. El equipo ocupa la segunda plaza de la Liga GONALPI, en puestos de ascenso a Tercera Federación, y llega al tramo final del curso con estabilidad y confianza. Sara reconoce que, como cualquier futbolista con trayectoria, ha pensado alguna vez en dejarlo. El paso del tiempo pesa. Pero pesan más las sensaciones que le devuelve el día a día: los entrenamientos, la competición, la confianza del cuerpo técnico y la sensación de seguir aportando. También influye lo que ocurre en la grada. «Ver a mi familia cada domingo en El Otero animándome y apoyándome, ver la ilusión de mis sobrinos pequeños disfrutando, cantando y gritando desde la grada… eso no tiene precio. Al final, esa ilusión de los míos es lo que hace que cualquier mínima idea de colgar las botas se me quite de la cabeza, porque no quiero que eso se acabe todavía», comenta. Cuando llegue el momento, su deseo es hacerlo compitiendo en Tercera División, un ascenso por el que está peleando el equipo este año.

De momento, el Palencia Fútbol Femenino sigue su camino y, alrededor del equipo, van apareciendo historias como la de Javier. Detalles que explican cómo empieza a construirse una afición. Desde abajo. Y desde muy pronto. «Creo que es momento de seguir abriendo la mente y dejar que cada uno encuentre su propia manera de ser feliz», concluye.

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