Gonzalo Ibáñez, la vocación de estar cuando más se necesita

Dr. Gonzalo Ibáñez en la entrada de Urgencias del Hospital de Palencia
Gonzalo Ibáñez se jubila tras 45 años de servicio en medicina de urgencias. / Brágimo (ICAL)

Tras 45 años de medicina y más de dos décadas al frente de las Urgencias del Hospital de Palencia, se jubila con una huella profunda en la sanidad pública y con su aporte clave al reconocimiento de la Medicina de Urgencias como especialidad

Jesús García-Prieto / ICAL

Hay trayectorias profesionales que no se miden solo en años, sino en decisiones tomadas bajo presión, en noches sin dormir, en momentos límite en los que no hay margen para el error. Gonzalo Ibáñez ha pasado 45 años viviendo en ese territorio fronterizo donde la medicina se convierte en urgencia y la urgencia en humanidad.

Mañana, 26 de enero, al cumplir 70 años, se jubila oficialmente tras más de dos décadas como director del servicio de Urgencias del Hospital Río Carrión de Palencia. Se va el médico, pero no la vocación. Se cierra una etapa profesional intensa, exigente y profundamente humana, marcada por la convicción de que la sanidad pública es uno de los pilares esenciales de la sociedad.

A pocas horas de colgar la bata, Ibáñez reconoce que las sensaciones se mezclan. “Un poco de todo”, resume. “Satisfacción, nostalgia, alivio… Han sido muchos años de trabajo. Yo siempre me he considerado un médico de urgencias vocacional. Es un trabajo duro, de mucha tralla, pero muy bonito. La medicina de urgencias es una medicina muy bonita». Habla sin solemnidad, como quien acepta que las etapas se cierran porque deben cerrarse. «Ha llegado la jubilación y en esta vida hay que adaptarse a los nuevos estados y seguir”, asegura a Ical.

 

Gonzalo Ibáñez, médico de urgencias en su consultorio
Gonzalo Ibáñez se jubila tras 45 años de servicio en medicina de urgencias. / Brágimo (ICAL)

Pero ese “seguir” define bien a un profesional que nunca ha entendido la medicina como un empleo, sino como una forma de estar en el mundo. Ibáñez se jubila, pero no se desvincula ni de la sanidad ni de Palencia. Cambia el ritmo, no el compromiso. Ya que, entre los hitos que marcan su carrera, hay uno que sobresale por encima del resto, como es el reconocimiento oficial de la Medicina de Urgencias y Emergencias como una especialidad. Una reivindicación histórica que ha atravesado décadas y que Gonzalo Ibáñez ha vivido en primera línea desde su responsabilidad en la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES) de Castilla y León.

Especialidad de Urgencias

“Hemos estado muchísimos años luchando, 25 o 30 años”, recuerda. “Y muchas veces parecía que lo teníamos ya, que lo tocábamos con los dedos, pero se frustraba por cuestiones circunstanciales, cambios de ministros, cambios políticos…”. La perseverancia fue clave. Cuando hace dos años se aprobó finalmente la especialidad, la sensación fue de alivio, pero también de justicia, la de una persona que consigue el propósito por el que lleva años luchando. “Fue una satisfacción enorme, porque entendemos que era crucial para el futuro de los urgenciólogos”.

Ibáñez insiste en que no se trata solo de una reivindicación corporativa. “Los servicios de urgencias necesitan una formación reglada, y eso lo da el sistema MIR. Sin eso, no hay futuro. Necesitamos una cantera de nuevos profesionales bien formados para paliar el déficit que ya existe”. En su voz no hay triunfalismo, sino conciencia de que la batalla ganada abre ahora una nueva etapa que exigirá recursos, planificación y compromiso institucional. Aunque para Gonzalo, la satisfacción, sin embargo, no es completa. “Este año iban a salir los primeros residentes y me hubiera gustado coincidir con alguno en mi servicio. Hubiera sido muy bonito”. Esa pequeña espina no empaña el balance. “Lo importante es que en los próximos años todos los servicios de urgencias puedan tener residentes y formarles adecuadamente”.

Desde 2004

Pero el comienzo de todo este trabajo nos lleva a viajar por el tiempo hasta una fecha en concreto, el 4 de marzo de 2004, cuando Gonzalo Ibáñez asumió la dirección del servicio de Urgencias del Hospital Río Carrión de Palencia. Desde aquel momento, Gonzalo ha sido testigo de la historia y de una transformación profunda. “El servicio ha cambiado, pero porque la sociedad ha cambiado”, explica. “Antes venía muy poca gente a urgencias. Ahora, muchas personas lo utilizan como puerta de entrada al sistema sanitario”, asegura Ibáñez.

El aumento de la esperanza de vida, el envejecimiento de la población y el cambio en las expectativas de los pacientes han modificado radicalmente el día a día. “Antes, a los 70 años se consideraba a alguien anciano, pero ahora hablamos de los 90. La medicina también ha cambiado mucho porque ahora es una medicina muy apoyada en pruebas de imagen, menos clínica. Los pacientes, incluso con patologías leves, vienen con muchas ganas de saber qué tienen, con más incertidumbre y más exigencia”.

Gonzalo Ibáñez en el hospital de Palencia, vestido de médico.
Gonzalo Ibáñez se jubila tras 45 años de servicio en medicina de urgencias. / Brágimo (ICAL)

Esa presión constante tiene consecuencias. “La gran cantidad de pacientes hace que, en ocasiones, no se pueda dar la atención de calidad que nos gustaría. Es el propio engranaje sanitario. Las citas se dan con demasiada espera y eso acaba desembocando en urgencias”. Ibáñez no lo plantea como una crítica puntual, sino como una reflexión estructural.

A pesar de ello, defiende sin fisuras la sanidad pública. “Yo siempre he sido un firme defensor de la sanidad pública. Hay que usarla y usarla bien, aprovechar todos los niveles asistenciales y hacer una inversión adecuada”. En Palencia, señala, hay retos evidentes. “El hospital tiene 50 años. Necesitamos una estructura más moderna para poder desarrollar el trabajo en condiciones, que la radioterapia sea ya una realidad para crecer y adaptarnos a lo que viene”.

El peor momento de su carrera

Si hay un episodio que ha marcado de forma indeleble su carrera es la pandemia de COVID-19. “Fue lo peor que nos ha pasado”, afirma con rotundidad. “Sobre todo por la incertidumbre, por el desconocimiento de lo que teníamos delante. Veíamos cómo iban cayendo profesionales día tras día y no sabíamos muy bien a qué nos enfrentábamos”, relata con la tristeza de quien no va a olvidar nunca aquel episodio de hace seis años.

El impacto fue devastador en todos los sentidos. “Fue el peor momento como médico de urgencias, tanto profesional como humanamente. La verdad que fue algo muy duro”, reconoce a Ical. Aun así, Ibáñez destaca la respuesta colectiva de la sociedad, por aquel momento muy asustada. “Los profesionales de urgencias dieron la talla. Sirvió también para reivindicar el trabajo que hacemos dentro del sistema sanitario. Los aplausos de las ocho, el apoyo entre servicios, la solidaridad interna del hospital y el esfuerzo de todos los estamentos… médicos, enfermeras, auxiliares, celadores, administrativos, todos echaron el resto. Sacamos adelante el tema entre todos”. Una vez superada la pandemia, a Gonzalo le queda la sensación de haber cumplido. “De haber estado donde había que estar”. Una idea que se repite como un hilo conductor en toda su trayectoria.

Cuando se le pide que elija el mejor momento de su carrera, Ibáñez no habla de logros administrativos ni de reconocimientos. Habla de personas. “El factor humano”, subraya. “En un servicio tan cañero como urgencias, apoyarnos unos a otros y mantener un buen ambiente ha sido fundamental”. En estos días previos a la jubilación, afloran los recuerdos. “Experiencias de hace muchos años, anécdotas, momentos difíciles y otros muy bonitos. Y casi todos acaban con una sonrisa”. Esa dimensión humana es la que ha marcado su manera de liderar.

Gonzalo Ibáñez en su consulta médica antes de jubilarse
Gonzalo Ibáñez se jubila tras 45 años de servicio en medicina de urgencias. / Brágimo (ICAL)

Tras tantos años como médico y especialmente como director de las urgencias palentinas, Ibáñez tiene un mensaje para el que será su suceso. Un pequeño consejo, sencillo y honesto. “Lo importante es mucho trabajo, que le guste la medicina, paciencia y vocación. Los cambios cuestan, el día a día es duro, pero hay que trabajar a gusto”, reconoce.

Su gran pasión

Durante todos estos años, Gonzalo Ibáñez ha compaginado la dirección de urgencias con la presidencia del club de baloncesto de Palencia. Dos mundos aparentemente distintos, pero que él entiende de forma muy similar. “En el fondo, todo son grupos humanos”, reflexiona. “Los problemas se abordan con los mismos métodos. Con cabeza fría, paso a paso. Y al revés, el baloncesto también me ha enseñado mucho para la medicina, como poder gestionar crisis, tomar decisiones rápidas… todo se retroalimenta”, sugiere.

Natxo Lezcano en su presentación como nuevo entrenador del Súper Agropal Palencia, junto a Gonzalo Ibáñez, presidente del club. Fotografía: Palencia en la Red
Gonzalo Ibáñez, también presidente del Palencia Basket, junto a Natxo Lezkano en su presentación este pasado verano.

Aunque no siempre fue un camino fácil para él y para el equipo. “Al principio era más complicado, sobre todo cuando colaboraba con la Federación Española como médico y tenía que cuadrar agendas. Muchas veces viajaba en vacaciones. Ahora, el club cuenta con un equipo sólido de profesionales que trabajan muy bien, yo soy un poco el padre espiritual”. La jubilación médica le permitirá dedicar más tiempo al equipo de sus amores. “Sacaré algún rato más libre para el baloncesto, aunque el día a día está muy engranado. Intentaré aportar más en el grupo”.

Este fin de semana, Palencia es sede de la Final Four de la Copa de España FEB, con el Súper Agropal Palencia como anfitrión. Para Ibáñez, esta celebración es un sueño cumplido. “Siempre que podemos intentamos traer eventos de este tipo porque sabemos que estamos preparados y que el público responde. Y lo más importante es que el nombre de Palencia salga fuera. Vienen equipos potentes, gente de fuera, es publicidad para la ciudad y la provincia”, reconoce.

Súper Agropal Palencia sabe sobreponerse y tendrá ‘su’ final

La Final Four no es solo un torneo, es un escaparate de identidad. “Intentamos vender a las instituciones lo importante que es crear sentimiento de ‘palentinismo’. Que la gente se sienta orgullosa de su equipo, de su ciudad, de su afición», explica el presidente, que tiene un mensaje para su afición, la que cada fin de semana vibra, canta y sueña con el primer equipo deportivo de la ciudad. “Me encantaría que sigan como siempre con el equipo, que nos apoyen, que acudan al Pabellón siempre que pueda para animarnos porque entre todos intentaremos que deportivamente sea lo mejor posible”.

Ya jubilado como médico, pero no como presidente, Gonzalo Ibáñez afronta el futuro sin grandes proclamas. “Las prisas nunca son buenas. Hay que ir paso a paso, con los pies en el suelo. El trabajo acaba dando sus frutos. No hay que buscar objetivos a corto plazo que puedan llegar a frustrar”, explica. Como presidente, se marca un sueño, el que muchos aficionados tienen en la cabeza. “Volver a la ACB», asegura. «Debemos intentar tener el mejor equipo posible dentro de nuestras circunstancias. Cuando surja una oportunidad, como hace dos años, intentar meter la cabeza. Fue una experiencia muy bonita y sería impresionante volver a disfrutarla”, recuerda con la ilusión de haber llevado al equipo de su ciudad a lo más grande.

Como médico, deja atrás una etapa irrepetible. Pero también deja un legado. En cada profesional formado, en cada guardia compartida, en cada decisión tomada cuando el tiempo apremiaba. Gonzalo Ibáñez se jubila, sí, pero hay médicos que no abandonan nunca las urgencias. Simplemente cambian de lugar desde el que siguen estando cuando más se les necesita. Una vocación que no se jubila.

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