Investigadores del IOBA advierten de la necesidad de afinar las formulaciones de los colirios para glaucoma para evitar el abandono del tratamiento

Investigadora del IOBA en la Universidad de Valladolid sobre colirios para glaucoma
La investigadora Margarita Calonge del IOBA aborda la formulación de colirios para glaucoma. / ICAL

El trabajo, pendiente de publicación, observa que las molestias en muchos casos dependen de las concentraciones de los principios activos

S. Calleja / ICAL

Investigadores del Instituto de Oftalmobiología Aplicada (IOBA) de la Universidad de Valladolid han puesto de manifiesto la necesidad de que la industria farmacéutica profundice en el diseño de los colirios utilizados para el tratamiento del glaucoma, ajustando no solo la presencia de conservantes, sino también los principios activos y sus concentraciones, con el fin de mejorar la tolerancia ocular, evitar el abandono del tratamiento y prevenir la progresión de una enfermedad que causa daño visual irreversible.

Así lo explica a Ical, la catedrática de Oftalmología y directora del IOBA, Margarita Calonge, a partir de los resultados de un estudio clínico realizado en pacientes, actualmente pendiente de publicación en una revista científica internacional, que forma parte de una tesis doctoral desarrollada en el instituto.

El glaucoma es una neuropatía óptica, una enfermedad del nervio óptico, en la que la elevación de la presión intraocular va dañando de forma progresiva las fibras nerviosas, que afecta a unas 53.000 personas en Castilla y León, aunque se estima que la mitad de los casos no están diagnosticados. “Cada fibra nerviosa que se pierde es una fibra que no se recupera, por eso el control de la presión intraocular es absolutamente fundamental”, explica la doctora Calonge. El tratamiento más habitual para frenar la enfermedad consiste en el uso de colirios hipotensores oculares, un tratamiento crónico y de por vida que millones de personas utilizan a diario. Sin embargo, señala la directora del IOBA, la tolerancia a estos tratamientos es un factor decisivo. “Cuando un colirio produce molestias -ojo rojo, escozor, sensación de quemazón- muchos pacientes acaban dejándolo”, y dejar el tratamiento en glaucoma, por poco tiempo que sea, es peligroso, porque la enfermedad sigue avanzando.

Problemas de tolerancia

Desde hace décadas, la investigación en oftalmología ha demostrado que los conservantes presentes en muchos colirios dañaban la superficie ocular, especialmente la conjuntiva. “Eso lo sabíamos bien y se ha avanzado mucho en la eliminación de conservantes, gracias a numerosos estudios”, recuerda Calonge. Sin embargo, los problemas de tolerancia no han desaparecido del todo. Seguían viendo pacientes con intolerancia, incluso usando colirios sin conservantes, y eso nos hizo les hizo plantearse que no solo los excipientes, sino también el principio activo, podían estar influyendo.

Investigadora del IOBA trabajando en un laboratorio con un microscopio
Investigadora del IOBA analizando formulaciones de colirios para glaucoma.

Con ese objetivo, el equipo del IOBA retomó esta línea de investigación aplicando metodología clínica y experimental mucho más avanzada que la disponible en estudios anteriores. El trabajo analizó a 40 pacientes con glaucoma o hipertensión ocular, tratados durante al menos tres meses con uno de tres fármacos hipotensores oculares de nueva generación, presentados mayoritariamente en monodosis sin conservantes.

A los pacientes se les realizaron no solo exploraciones clínicas habituales, sino también microscopía confocal in vivo, una técnica que permite observar las células, fibras nerviosas y estructuras de la superficie ocular con un nivel de detalle cercano al de una biopsia, pero sin intervención quirúrgica. Además, se llevaron a cabo estudios moleculares en lágrima, analizando marcadores inflamatorios en los que el IOBA cuenta con una amplia experiencia.

Los resultados del estudio muestran un aumento de marcadores inflamatorios en la superficie ocular de los pacientes tratados, un hallazgo que se correlaciona con los síntomas de intolerancia. “Lo que hemos visto es que el daño no depende solo de los conservantes, sino también del propio fármaco y, en muchos casos, de su concentración”, señala Calonge.

Esta inflamación puede traducirse en molestias persistentes que afectan a la calidad de vida del paciente y condicionan su adherencia al tratamiento. Hay pacientes que deciden dejar las gotas que les molestan y hasta la siguiente consulta pueden pasar meses, tiempo en el que la presión ocular no está controlada y el nervio óptico sigue dañándose, advierte.

A partir de estos hallazgos, el equipo investigador lanza un mensaje claro a la industria farmacéutica: es necesario ir más allá de demostrar que un colirio es eficaz para bajar la presión ocular. “No basta con decir que un fármaco funciona”, subraya la directora del IOBA, Hay que hacer ensayos clínicos más completos, en los que se prueben distintas concentraciones y formulaciones, y se elija la mínima concentración eficaz, la que controle la presión con el menor impacto posible sobre la superficie ocular, precisa.

Calonge insiste en que el enfoque habitual, utilizar concentraciones altas para asegurarse de la eficacia, puede ser contraproducente. Si el paciente no tolera el tratamiento y lo abandona, de nada sirve que el fármaco sea muy potente. En la práctica real, el glaucoma progresa.

La investigación ha sido desarrollada por el Ramón Juberías, especialista en Glaucoma en el Hospital Clínico Universitario de Valladolid; Margarita Calonge, especialista en superficie ocular en el IOBA y Yolanda Diebold, bióloga en el IOBA, todos ellos codirectores de la tesis doctoral desarrollada por Carolina Ossa.

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