Jesús García-Prieto / ICAL
Palencia acoge durante todo el mes de junio una de las exposiciones fotográficas más singulares que han pasado por la ciudad en los últimos años. ‘Hispania Sacra’, de la fotógrafa navarra Carmenchu Alemán, se puede contemplar en la sala del Centro Cultural Provincial y ha abierto oficialmente la decimotercera edición del festival Pallantia Photo, el evento fotográfico más importante del año en Palencia y el segundo de España por antigüedad, número de actividades y espectadores.
‘Hispania Sacra’ no es el trabajo de una temporada ni el resultado de un encargo. Es, en palabras de su autora, el fruto de más de dos décadas de investigación visual por toda la geografía de España y Portugal. «Es un proyecto fotográfico en el cual he trabajado durante 20 años y el cual invita a explorar la iconografía simbólica de lo sagrado en España y Portugal a través de sus representaciones rituales», explica Alemán a la Agencia Ical. El resultado es una colección de imágenes que revelan la complejidad de la identidad cultural ibérica: ritos ancestrales que conviven, se mezclan y a veces se contradicen en la España y el Portugal del siglo XXI.
La fotógrafa describe un fenómeno que define como «sincretismo vivo», la integración, muchas veces imperceptible, entre creencias paganas milenarias y la fe católica que oficialmente las sustituyó. «Me he dado cuenta de que la relación que tenemos los hombres con lo sagrado siempre ha existido. Muchas veces simplemente hacemos un cambio de nombre, integramos esas creencias que se tenían en la antigüedad con la religión, principalmente ahora mismo católica o cristiana», señala.
Para ilustrar este diálogo, Alemán recurre a uno de los ejemplos más poderosos de su trabajo, una fotografía tomada en Muxía, en la Costa da Morte gallega, durante la romería que cada año congrega a cientos de fieles en torno a las piedras gigantes de la ermita de la Virgen da Barca. «Se cuenta que cuando el apóstol Santiago predicaba por esas tierras y estaba desesperado porque no conseguía convertir a los paganos, invocó a la Virgen, que se le apareció en un barco de piedra. Y ahora mismo los restos de esa barca de piedra de la Virgen son esas piedras gigantes en las cuales se siguen realizando estos rituales», relata la fotógrafa. Una imagen de un hombre incrustado en esa piedra, siguiendo el rito de pasar por debajo de la roca para sanar enfermedades, es según la propia autora una de las más importantes de la muestra.
La inclusión de Portugal en este proyecto no es un añadido anecdótico. Para Alemán, la frontera entre ambos países es una línea política trazada sobre un sustrato cultural prácticamente idéntico. «Somos prácticamente iguales. Tenemos un territorio que ahora mismo está dividido por fronteras, pero esas fronteras no son naturales. Los rituales son muy similares tanto en España como en Portugal», asegura. Portugal, a su juicio, posee una riqueza comparable de romerías, procesiones, mascaradas y festividades de invierno que complementan y enriquecen el panorama español.

Con todo, la fotógrafa sí aprecia una diferencia de carácter que se refleja en cómo cada pueblo vive sus tradiciones: «En España somos, por así decirlo, más explosivos. Todo lo vivimos con mayor intensidad. Ellos tienen una forma de afrontar la vida de una forma más pausada, más ordenada, más tranquila, y todo eso también se refleja en las tradiciones. Pero básicamente somos iguales».
Más allá de la dimensión estética de su trabajo, Carmenchu Alemán lanza en esta exposición una reflexión de fondo sobre el lugar que ocupa la cultura popular en España. A su juicio, existe una riqueza ritual y festiva «absolutamente extraordinaria» que no tiene parangón en ningún otro país europeo, ni siquiera en Italia, pero que los responsables culturales y políticos han ignorado sistemáticamente. «La dirección cultural, la política cultural es urbana, es absolutamente urbanita, y siempre ha despreciado lo que es la cultura popular», denuncia la fotógrafa con contundencia.
Y sin embargo, apunta, esa cultura popular está en los genes de casi todos los españoles y portugueses. «No existe prácticamente nadie de España y Portugal que resista dos generaciones en las que no tenga su familia, sus orígenes en un pueblo. Y en esos pueblos siempre ha existido esa riqueza de fiestas, ritos, rituales, procesiones y romerías». Paradójicamente, ese olvido institucional tiene, a los ojos de Alemán, una consecuencia liberadora. «Cuando las cosas están olvidadas por los poderes públicos existe una libertad. Y esa libertad es la que me interesa fotografiar».

También reflexiona la autora sobre la globalización y su influencia en las tradiciones. Aunque en ‘Hispania Sacra’ trabaja principalmente en entornos rurales, admite haber observado en Madrid lo que llama «tradiciones de ida y vuelta»: comunidades latinoamericanas que traen a España festividades surgidas de la mezcla entre el catolicismo llevado desde la Península y las tradiciones indígenas americanas. «Las fiestas y las tradiciones siempre cambian, nunca son las mismas. Siempre están en profunda transformación, pero siempre permanecen», concluye.
Las imágenes de ‘Hispania Sacra’ desprenden una naturalidad que no es casual ni fruto del instante robado. Detrás de cada fotografía hay horas (a veces días) de presencia silenciosa, de hacerse invisible entre la gente que participa en una romería o una procesión. Alemán define su método de trabajo con una sola palabra: paciencia. «Una necesita muchísima, muchísima, muchísima paciencia», subraya.
Para ilustrarlo, narra una anécdota reveladora. Estaba en una pequeña romería en Galicia junto al fotógrafo Cristóbal Zara, premio nacional de fotografía, cuando este le preguntó extrañado qué estaba haciendo deambulando sin disparar. «Estoy esperando», respondió ella. Llevaba tiempo observando a una pareja de mediana edad y esperaba el momento exacto en que él buscara un lugar para descansar. «Estás ahí deambulando, esperando, pensando qué puede ocurrir, dónde se va a poner… esos momentos hay que esperar muchas veces», recuerda.
La otra clave de su trabajo es la generosidad de las personas fotografiadas. Alemán no cree en la imagen hurtada, cree en la confianza ganada. «Yo solo fotografío gracias a la absoluta generosidad de las personas. Fotografío tanto tiempo con ellos que al final formo parte del paisaje. Es que ya ni me miran, ni saben que estoy ahí», explica. Establece conversaciones intrascendentes (sobre la hora a la que saldrá la Virgen, sobre si va a llover) hasta que los fotografiados la perciben como una más del grupo. «En ese momento que les has dejado de interesar es cuando ellos son naturales y es cuando intento hacerles las fotografías».

Discípula de grandes maestros
Carmenchu Alemán nació en Pamplona en 1967 y llegó a la fotografía de manera autodidacta, empujada por el descubrimiento de una cámara réflex que una amiga recibió como regalo cuando ambas tenían 16 años. Con 18, y tras un verano dando clases particulares de lengua y francés en su ciudad natal, se compró su primera cámara, una Yashica, con los ahorros acumulados. Años después, ya con formación jurídica (es licenciada en Derecho por la Universidad de Navarra y tiene un MBA por la Universidad de Nantes y la Strathclyde University de Glasgow), decidió formarse fotográficamente en serio y se matriculó en la Escuela de Fotografía y Técnicas de Imagen de Madrid, donde cursó entre 1999 y 2000 el Máster de Fotografía Profesional.
Aquel máster, posiblemente de las primeras promociones de la escuela, reunió un elenco de profesores excepcional. Cristina García Rodero le enseñó fotografía documental; Juan Manuel Castro Prieto, fotografía de laboratorio; Alberto García-Alix, retrato; y Rosalind Williams, historia de la fotografía. «Estamos hablando de referentes no solo míos, sino referentes de la fotografía española y maestros absolutos», recuerda Alemán con emoción.
De entre todos ellos, una de las figuras que más ha marcado su trayectoria es Cristina García Rodero, con quien Alemán se siente unida como discípula y a quien hoy considera una amiga. La admiración que le profesa no tiene límites. «Yo la comparo siempre con Goya, con Velázquez, por la fuerza de su trabajo. Lo importante que es, lo maravilloso y magnífico que es… todavía no está situado en su justo lugar». Es precisamente ese camino trazado por García Rodero (la exploración de la España profunda, de sus ritos y celebraciones populares) el que Alemán ha continuado y ampliado con su propia mirada.

La atmósfera particular de las fotografías de Alemán (densa, inquietante, casi irreal) no es un efecto casual sino el resultado de decisiones muy meditadas. La fotógrafa define sus composiciones como «barrocas» ya que busca ocupar todo el plano, establecer direcciones visuales, crear tensión entre los elementos del encuadre. «Todas las fotografías están pensadas, están buscadas. Intento ocupar todo el espacio de la imagen, establecer unas direcciones, y todo eso es muy complicado porque estoy trabajando con la realidad», explica.
Su objetivo final no es documentar, sino interpelar. «Lo que quiero conseguir es que la persona que vaya a ver la imagen se pregunte, se interrogue, le surja una duda». Para ello, vuelve una y otra vez a los mismos lugares, pasa muchas horas con las personas que fotografía y sabe con precisión qué imagen quiere obtener antes de disparar. La fotografía, para Alemán, es un proceso de largo recorrido que tiene mucho de autobiografía: «Cuando uno lleva a cabo proyectos de largo recorrido siempre pone algo de sí mismo y al final se acaba viendo algo de sí mismo».
Entre los rituales que más le atraen destacan aquellos que involucran animales, especialmente el caballo y el toro, a los que considera los dos animales totémicos de la cultura ibérica. «Los animales han formado parte de nuestra vida, hemos convivido con ellos, y en España tenemos esa relación con ellos que los acompaña en todas las fiestas y en todas las tradiciones», señala. Junto a ‘Hispania Sacra’, otros proyectos suyos de largo recorrido son ‘Bestiario’, ‘Invierno Profano’ y ‘Los Sanfermines’.

Para la fotógrafa navarra, participar en Pallantia Photo no es un trámite más en su agenda de exposiciones. «Para mí ha sido un honor y solo tengo palabras de agradecimiento a Pallantia Photo por haberme dado esta oportunidad de mostrar mi trabajo», afirma. La sala del Centro Cultural Provincial le parece especialmente adecuada para la muestra. «Tiene un volumen precioso, está muy bien iluminada». Y valora el esfuerzo de la Diputación de Palencia por acercar la cultura a todos los ciudadanos. «Esta forma de entender la vida, en el sentido de que la cultura forme parte de nosotros, es una forma de enriquecernos y creo que desde los poderes públicos se engrandece esa ciudad o esa provincia acercando la cultura a todos».
Alemán no llega a Palencia como extraña. Había visitado la provincia con anterioridad y guarda de ella una imagen de riqueza paisajística e histórica tantas veces ignorada. Durante su estancia para la inauguración tuvo ocasión de conocer el Canal de Castilla, una de las infraestructuras hidráulicas más monumentales del siglo XVIII europeo. «Me pareció increíble. Un paisaje que lo tenemos muy cercano con una gran riqueza y también terriblemente desconocido», admite.
Pallantia Photo celebra en 2026 su decimotercera edición consolidado como el evento fotográfico de referencia en Castilla y León y el segundo de España en su categoría. La Diputación de Palencia colabora con el festival desde su puesta en marcha, y su apuesta por convertir la sala del Centro Cultural Provincial en escaparate de fotógrafos de primer nivel ha contribuido a asentar la reputación del certamen más allá de las fronteras provinciales. La exposición ‘Hispania Sacra’ podrá visitarse de forma gratuita hasta el 30 de junio.
La invitación de Carmenchu Alemán al terminar la entrevista resume con sencillez el espíritu del proyecto y del festival. «Animo a todo el mundo a acercarse y a ver la exposición», concluye la fotógrafa haciendo una llamada a descubrir, en imágenes que llevan veinte años gestándose, el latido más hondo de la identidad ibérica.





