Pablo Cano convierte Alar del Rey en su estudio para vivir de la música desde el medio rural

El productor y músico, instalado en la localidad palentina desde 2019, ha creado Lallana Estudio y prepara un nuevo espacio de grabación para ofrecer un servicio integral a artistas y bandas
Pablo Cano en su estudio de grabación en Alar del Rey
El productor Pablo Cano trabaja en su estudio en Alar del Rey. /Brágimo

Jesús García-Prieto / ICAL

La música también encuentra inspiración entre montañas, ríos y pueblos pequeños. En la Montaña Palentina, hay quien ha decidido convertir ese entorno en su lugar de trabajo y también en una parte más de su proceso creativo. Es el caso de Pablo Cano, productor y músico que desde 2019 vive en Alar del Rey, desde donde desarrolla una actividad profesional vinculada a la producción musical y que ahora da un nuevo paso con la ampliación de su estudio.

En un territorio habitualmente asociado a actividades tradicionales, Cano ha encontrado en el medio rural el espacio para desarrollar una profesión creativa que, por las características de la industria musical, podría parecer ligada a grandes ciudades. La tecnología le permite trabajar desde Alar con artistas de distintos puntos de España, mientras que el entorno se convierte, a su juicio, en un valor añadido para quienes llegan hasta allí para crear.

“Con el acceso a internet, con el desarrollo de las tecnologías de la comunicación, yo el trabajo que desarrollo lo hago aquí y si estuviese en un estudio en Madrid haría lo mismo”, explica. La diferencia está, reconoce, en una cartera de clientes que puede ser más reducida, pero también en “otros ritmos, otros tiempos más tranquilos”. Un intercambio que asume de buen grado porque le permite vivir de acuerdo con la forma de vida que ha elegido.

La elección del lugar no responde únicamente a una cuestión de calidad de vida. Para Cano, el paisaje forma parte de la experiencia profesional. Los artistas que llegan desde ciudades encuentran en Alar un espacio alejado del ruido y de la velocidad urbana, un contexto que puede favorecer la concentración y la creatividad. “Cuando vienen grupos o artistas de grandes ciudades, encuentran un respiro”, señala a la agencia Ical.

Después de una jornada de trabajo, la sesión musical puede continuar de otra manera, con una comida en alguno de los establecimientos de la localidad, un paseo por el Soto, el Canal de Castilla o la ribera del Pisuerga, o una subida a La Encina, desde donde se contempla el paisaje de la Montaña Palentina. Es precisamente esa combinación entre creación y entorno la que Cano considera uno de los principales atractivos de trabajar desde un municipio como Alar del Rey.

La idea va más allá de una simple reivindicación del teletrabajo o de la posibilidad de desempeñar una profesión desde cualquier lugar. Su proyecto pretende incluso que otros profesionales se desplacen al medio rural para desarrollar allí su actividad. Lallana Estudio, el espacio que creó tras instalarse en Alar, está actualmente en proceso de ampliación con una nueva sala de grabación situada junto al estudio actual, en las proximidades del Canal de Castilla.

Hasta ahora, Cano trabaja principalmente en un estudio de pequeño formato dedicado a los arreglos, la producción, la grabación de voces, las mezclas y el mastering. Para determinadas grabaciones completas necesita recurrir a instalaciones de terceros, donde registra el material para después trasladarlo a Alar y continuar allí con el proceso de producción.

La nueva sala permitirá cambiar ese funcionamiento. El objetivo es que las bandas puedan realizar en Alar todo el proceso, desde la grabación hasta la producción, sin necesidad de desplazarse entre diferentes estudios. Pero, además, Cano quiere que los músicos puedan permanecer varios días en la localidad mientras trabajan en sus proyectos.

“Van a poder instalarse aquí en Alar durante varios días para el trabajo de grabación y de producción”, explica. De esta manera, la infraestructura musical se convierte también en una pequeña puerta de entrada al territorio para profesionales procedentes de otros lugares.

El proyecto tiene detrás una trayectoria musical que comenzó mucho antes de que Alar del Rey apareciera en el horizonte profesional de Cano. En su casa se escuchaba música de manera habitual y su contacto con diferentes estilos desde pequeño fue, según reconoce, una de las claves de su formación. Comenzó estudiando violín en el Conservatorio Profesional de Música de Elche, aunque posteriormente cambió a la guitarra, un instrumento que consideraba más versátil y con mayores posibilidades para acompañar a otros músicos.

La música continuó acompañándole durante su adolescencia y juventud, cuando empezó a formar parte de diferentes grupos y a realizar sus primeras grabaciones caseras. Lo hacía con pocos medios, pero aquellas primeras experiencias terminaron convirtiéndose en una actividad que sus propios compañeros comenzaron a valorar. Le llamaban para acudir a sus locales de ensayo, acompañarles durante las grabaciones o aportar ideas a los proyectos. “Yo ni lo sabía lo que era eso, pero me gusta”, recuerda al hablar de unos primeros pasos que, sin saberlo entonces, ya le acercaban a la producción musical.

Su formación avanzó después por Valladolid, donde estudió Educación Musical, y posteriormente por Girona, donde cursó el Diploma de Especialización de tres años en Música Avanzada y Sonido en EUMES. Allí no solo completó su formación, sino que terminó incorporándose profesionalmente al centro, primero como docente y más adelante como jefe de estudios.

Aquella etapa le permitió conocer de cerca una parte de la industria musical que iba más allá de la creación artística. La enseñanza, las nuevas técnicas de producción, la innovación y las formas de comercialización y distribución de la música ampliaron su perspectiva. Sin embargo, llegó un momento en el que sintió la necesidad de regresar a la parte creativa.

“Hubo un momento en que decidí que había esa pulsión interna de querer dedicarme más a la parte creativa más que a la docente”, explica. Su objetivo era centrarse en componer, producir y trabajar junto a otros artistas para desarrollar sus proyectos musicales.

Antes de llegar a ese punto también había pasado por los escenarios. Durante dos años trabajó con orquestas de verbena, una experiencia que le permitió recorrer numerosos pueblos y ciudades de toda España. Aunque reconoce que el mundo de la noche puede resultar agotador, conserva un recuerdo positivo de aquellos años.

“Yo lo recuerdo con un cariño, me lo pasé súper bien todos los pueblos en los que estuvimos y las ciudades porque te recorres casi todo el país”, relata. Para Cano, aquella etapa contribuyó a forjar su perfil musical y le permitió conocer diferentes públicos y contextos.

También hubo un intento de dar el salto a la industria discográfica. Siendo joven firmó un contrato con una discográfica potente y llegó a trabajar en un proyecto musical propio. Sin embargo, el cambio que experimentó la industria musical a finales de la primera década de los 2000 hizo que aquel disco no llegara a publicarse como estaba previsto.

La experiencia fue “agridulce”. La ilusión de un músico joven que había conseguido acercarse a una gran compañía discográfica terminó chocando con unas circunstancias que hicieron que el proyecto quedara en el camino. Con el tiempo, sin embargo, aquella decepción se transformó en aprendizaje.

“Quizás si no hubiera pasado aquello yo no estaría ahora aquí en Alar haciendo lo que estoy haciendo, que me encanta”, reconoce. La trayectoria posterior demuestra que aquel proyecto fallido no supuso el final de su relación profesional con la música, sino uno de los episodios que terminaron orientándole hacia otro tipo de actividad.

El regreso a Alar del Rey se produjo precisamente en ese contexto. Cano llegó inicialmente con la idea de tomarse un tiempo y comprobar hacia dónde quería dirigir su vida. No tenía necesariamente decidido que aquella vuelta al pueblo familiar fuera definitiva. Pero la adaptación fue rápida.

“Me vine para acá y a los cuatro o cinco meses me di cuenta de que es que me encontraba súper a gusto”, recuerda. Fue entonces cuando decidió poner en marcha el estudio y construir desde allí su actividad profesional. “Todas las piezas se pusieron en su sitio”, resume.

Desde entonces, han pasado seis años en los que Alar ha dejado de ser un punto de retorno para convertirse en su lugar de pertenencia. “Estoy en mi sitio, en un sitio al que pertenezco”, afirma. Valora el carácter de sus vecinos, el paisaje y el entorno natural, pero también la conexión de la localidad con otros municipios y la posibilidad de acceder a servicios, actividades culturales y deportivas.

Su caso permite observar otra dimensión del emprendimiento rural. No se trata necesariamente de crear una empresa vinculada a los sectores económicos más habituales de los pueblos, sino de aprovechar las posibilidades actuales para desarrollar desde el territorio actividades profesionales que tienen un ámbito de actuación mucho más amplio.

En el caso de Lallana Estudio, la clientela no tiene por qué proceder de Alar ni siquiera de la provincia. El trabajo puede llegar desde cualquier punto y buena parte del proceso se desarrolla a distancia. El propio Cano reconoce que trabajar desde un entorno como este puede suponer renunciar a una cartera de clientes potencialmente mayor, pero entiende que esa decisión forma parte de su proyecto vital.

Y el objetivo de crecimiento no pasa por trasladarse a una ciudad, sino por reforzar la infraestructura existente en el pueblo. La futura sala de grabación es, en ese sentido, una apuesta por consolidar una actividad profesional en el territorio y, al mismo tiempo, por generar un nuevo motivo para que otros músicos conozcan y utilicen el medio rural.

Faceta como músico

La música de Cano tampoco se limita a producir para otros. Su faceta como creador continúa activa bajo el nombre de Lezna y el pasado año publicó ‘Cambalache’, un disco instrumental en el que la guitarra eléctrica y la pedal steel adquieren un papel protagonista. Para él, componer su propia música supone mantener abierto un espacio creativo diferente al que ocupa cuando trabaja para otros artistas. “Al hacer mi propia música es como que me cuido un poco, me abrazo a mí mismo”, explica. En una producción ajena, el criterio principal es lo que necesita la canción y el artista, en sus propios trabajos puede explorar sus ideas y conservar aquellas decisiones que responden a su propia sensibilidad musical.

La guitarra, de hecho, continúa siendo uno de los ejes de su actividad. Cano realiza arreglos para canciones y álbumes y también acompaña a artistas en directo, entre ellos el gaitero Germán Ruiz. Esa combinación entre estudio y escenario le permite mantener una relación directa con diferentes lenguajes musicales.

“Yo tengo mi lenguaje con la guitarra, ¿cómo me adapto al lenguaje de ese artista?”, plantea. Para él, esa adaptación constituye uno de los retos más interesantes de su trabajo, porque implica entrar en el universo musical de otra persona y encontrar la manera de contribuir sin desvirtuar su propuesta.

Su perfil es, por tanto, difícil de encasillar. Ha trabajado con pop, folk, rock, jazz fusión, músicas del mundo, electrónica y proyectos audiovisuales. Esa amplitud tiene también relación con su propia manera de entender la música, en la que conviven los instrumentos acústicos y orgánicos con recursos de producción electrónica.

A todo ello se suma su experiencia radiofónica. Durante tres temporadas presentó ‘Serendipias’ en Radio Aguilar, un programa dedicado a descubrir propuestas musicales alejadas de los circuitos comerciales y con especial atención a las músicas del mundo. La iniciativa nació a propuesta de los responsables de la emisora y permitió a Cano trasladar a la radio otra de sus inquietudes, la de explicar y contextualizar la música que escucha.

El programa no se limitaba a pinchar canciones, sino que buscaba contar qué había detrás de cada propuesta, de qué país procedía, quiénes eran sus músicos y cómo se relacionaban con otros artistas. Aunque reconoce que le gustaría recuperar el espacio con una cuarta temporada, también admite que preparar un programa de calidad requiere tiempo y que actualmente sus diferentes proyectos le dejan poco margen.

Entre el estudio, la producción para otros artistas, los escenarios, la composición propia y la radio, Cano ha construido en Alar del Rey una actividad profesional diversa. Una trayectoria que demuestra que la relación entre música y territorio no tiene por qué pasar exclusivamente por los grandes núcleos urbanos.

La Montaña Palentina, en su caso, no aparece como un decorado al margen de la profesión, sino como uno de los elementos que hacen posible su manera de trabajar. El silencio, el paisaje, los ritmos pausados y la posibilidad de salir del estudio y encontrarse en pocos minutos con el entorno natural forman parte de una experiencia que quiere trasladar también a los músicos que acudan a grabar.

En un momento en el que el medio rural busca nuevas oportunidades para fijar población y atraer actividad económica, proyectos como el de Cano plantean una posibilidad diferente. La clave no siempre está en llevar hasta los pueblos las mismas actividades que existen en las ciudades, sino en aprovechar las características propias del territorio para desarrollar nuevas iniciativas.

En Alar del Rey, una localidad atravesada por el Canal de Castilla y situada a las puertas de la Montaña Palentina, un productor musical ha encontrado precisamente ese equilibrio. Puede mantener conexiones profesionales con artistas de otros lugares, trabajar con herramientas y tecnologías que eliminan buena parte de las barreras geográficas y, al mismo tiempo, disfrutar de un entorno que considera inseparable de su forma de entender la vida.

“Estoy a gustísimo”, resume Cano. Y mientras las obras avanzan para convertir Lallana Estudio en un espacio de grabación integral, su proyecto sigue creciendo en el mismo lugar en el que hace seis años encontró una respuesta a una pregunta que llevaba tiempo haciéndose.

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