Desde Castrillo de Onielo hasta Hérmedes de Cerrato. Desde Cordovilla hasta Cevico de La Torre. Todos los cerrateños de varias generaciones recordarán, alguna vez en su vida, haberse arreglado el sábado para subir a un coche -compartido, probablemente- y acercarse hasta Baltanás para acudir a una fiesta en la discoteca Baranda. «La Baranda», para todos ellos. Con nombre propio.
Fundada en los años 40 del siglo XX como «teatro con ambigú», el icónico espacio supo adaptarse, década a década, para brindar todo un regalo a los palentinos de la época: un lugar que representaba la vida urbanita modernidad en el corazón del mundo rural. De aquellos bailes de tarde en los que los mozos sacaban a alguna chica sonrojada a bailar, pasó a acoger guateques, saraos, verbenas… Hasta llegar a las sesiones con famosos pinchadiscos a partir de sus reformas de la década de los años 70 y 80, que fueron añadiendo más luces, cabina de DJ, más espacio para la pista de baile o las tendencias de decoración de cada momento.
La Baranda cerró con la llegada del nuevo siglo. Y se abrió una grieta en la moral cerrateña. Esa que crece cada vez que un pueblo pierde un servicio, un lugar común, un espacio generador de cultura y de vida. Y hoy, 2 de octubre de 2026, esa herida colectiva ha terminado de sanarse.
«La Baranda» ha recibido la inauguración oficial y hasta la bendición del obispo, don Mikel Garciandía, ante una nutrida representación institucional: el presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, el delegado del Gobierno, Nicanor Sen, los consejeros de Presidencia y Economía y Hacienda, Luis Miguel Gago y Carlos Fernández Carriedo; el presidente de las Cortes, Francisco Vázquez; la presidenta de la Diputación, María Ángeles Armisén; y decenas de alcaldes del Cerrato, concejales, diputados provinciales y representantes de la Comandancia de la Guardia Civil, entre otras autoridades.
La gran pantalla del nuevo salón de actos, dotado de 450 butacas, proyectaba un vídeo con la historia de la mítica discoteca y un pequeño reportaje en el que los tres arquitectos, Álvaro Gutiérrez Baños y los hermanos Carlos y Juan del Olmo, explicaban los pormenores de un complejo proyecto de rehabilitación. Un reto que este trío de arquitectos ha sido capaz, una vez más, de resolver con éxito: no en vano, también son los autores de San Pedro Cultural o del patio del Teatro Principal, entre otras importantes construcciones que hoy forman parte del día a día de Palencia.
«Algunas familias se han originado aquí», explicaba Gutiérrez Baños. Porque, cuando las paredes albergan tantas historias, la dificultad de la rehabilitación va más allá de la técnica. «Tuvimos claro, desde el primer trazo, que no solo interveníamos en un edificio, sino en la memoria colectiva de cientos o tal vez miles de personas cuyas vidas se han cruzado en este espacio. Ese componente, el de la nostalgia, junto con otro de carácter constructivo, estructural o energético, fue uno de los parámetros del diseño final del edificio rehabilitado».
Un valor emocional que merecía un esfuerzo
Conscientes de su valor emocional, el Ayuntamiento compró la vieja discoteca en el año 2020 con la intención de devolverla a la vida. Y el camino no ha sido ni mucho menos sencillo, hasta abrir sus puertas hoy, tras una inversión de casi 1,7 millones de euros.
«Los sentimientos se mezclan con los recuerdos», subrayaba la alcaldesa, María José de la Fuente, en su primer discurso. Recuerdos de juventud, pero también de amistad, en torno a un baile de disfraces en Carnaval o un cotillón de Nochevieja. De la «vida en los pueblos» que ensalzaban también en sus intervenciones el delegado del Gobierno, Nicanor Sen; la presidenta de la Diputación, Ángeles Armisén, o el presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco. «Alcaldesa, hoy es el día más importante de tu carrera política. Ya puedes estar orgullosa», le decía el delegado del Gobierno, Nicanor Sen, quien también ha ejercido de alcalde rural.
Porque en los pueblos, si hay algo que importa, es la participación de todos. Tal vez por ese espíritu común, esta vez la colaboración entre administraciones ha sido completa. Desde el Ayuntamiento que se embarcó en la aventura de optar a la convocatoria de ayudas del ‘PIREP’, un programa del Gobierno de Rehabilitación de los Edificios Públicos, que debía ejecutarse en tiempo récord. Hasta la Diputación, que ayudó con todos los trámites, o la Junta de Castilla y León. «Cuando María José me vino a ver» –recordaba Alfonso Fernández Mañueco–, «no podía decir que no a un proyecto de estas características. Y además María José ha sido capaz de unir a todo el mundo, unir a todas las administraciones, presentar un proyecto muy ambicioso, capaz de ganar ese concurso en el Ministerio y unir al resto de administraciones». Como se hace en los pueblos cuando tocan a huebra.
En febrero de 2022, el equipo municipal baltanasiego leía en el BOE la convocatoria de ayudas en concurrencia competitiva para la rehabilitación de edificios de titularidad pública, en el marco del Plan de Recuperación Transformación y Resiliencia, basada en la rehabilitación energética y la reducción del consumo de energía. «Tenía un requisito importante, y no fácil de cumplir: que las obras estuvieran finalizadas antes del 30 de septiembre de 2024, sin observaciones ni reparos. En dos años, tenía que redactarse el proyecto, licitarse, ejecutarse la obra y acabar la reforma», recordaba De La Fuente. Lo hicieron. En abril estaba presentado el proyecto. En diciembre, concedido. En abril de 2023, en proceso de licitación. En junio, adjudicado. Y hoy, 2 de octubre de 2026, inaugurado. «Se han rehabilitado 1142 metros cuadrados y se han cumplido los plazos marcados para la ejecución de los fondos europeos. Un gran esfuerzo económico y de gestión, añadido a la actividad ordinaria del ayuntamiento».
El escollo más difícil de librar lo imponía la seguridad frente a los incendios. Y es que la preservación de la imponente estructura metálica que caracteriza el interior chocaba con algunos requisitos de la normativa de protección contra incendios, que forzaba a su recubrimiento con pladur. Para salvar su elemento más identitario, los arquitectos encontraron una solución «mediante una ignifugación con hasta siete capas de pintura», según explicaba Gutiérrez Baños.
Un elemento que se realza mediante el uso de la luz como modeladora del espacio. Tal y como detallaba Carlos del Olmo, «se ha diseñado un sistema de iluminación arquitectónica LED lineal y rasante de alta eficiencia trazando los perfiles de acero, proyectando sombras dinámicas que enfatizan la geometría industrial del esqueleto. La luz varía sus tonalidades cromáticas según el tipo de evento y crea un efecto estético de nuevo, asimétrico y dinámico». Para afrontar toda esta parte del proyecto, el Ayuntamiento de Baltanás logró contar con el apoyo de la Consejería de Presidencia y de la Diputación Provincial, que ha completado la inversión en mobiliario y un equipo de sonido «de lo mejor del mundo».
El resulatdo es, en palabras de la alcaldesa, «un espacio que va a permitir la celebración de eventos, congresos y servicios culturales de todo tipo: ocio, ferias… Y todo aquello que signifique desarrollo social y económico. Un edificio que por su capacidad, 450 butacas, por su diseño, capaz de combinar más de un acto de forma simultánea, y por su vocación de servicio público, puede dar cobertura también a otras administraciones y localidades». Un resultado que, parala presidenta de la Diputación, es la pura representación del carácter cerrateño: pertinaz, audaz, soñador, que Ángeles Armisén resume en una frase: «creer para crear. Hoy vemos el resultado de una creación, pero primero hay que creer. Creer en lo nuestro».
«¿Por qué ‘LaBaranda’?», le preguntaba Nicanor Sen a la alcaldesa a las puertas del centro, minutos antes del inicio del acto institucional. Ella podría haber respondido con toda la historia del lugar, con los pormenores de la preparación del proyecto en concurrencia competitiva, con los recuerdos de los bailes de juventud o con el dolor de cabeza que, a buen seguro, sintió durante las distintas fases de las obras. Pero no lo hizo. En su lugar, le espetó orgullosa: «Es el nombre que ha votado la gente de mi pueblo». De ellos, al fin y al cabo, fue siempre La Baranda.


































