Almazu, coser oportunidades desde la Tierra de Campos palentina

Tres mujeres en un taller de costura de Almazu en Paredes de Nava
El taller de Almazu combina moda y sostenibilidad en Paredes de Nava.

La marca de moda sostenible nacida en Paredes de Nava combina la inserción sociolaboral de mujeres, la recuperación de la actividad textil y la generación de empleo en el medio rural

Jesús García-Prieto / ICAL

En Paredes de Nava, una localidad palentina ubicada en Tierra de Campos donde la actividad textil llegó a formar parte de su estructura económica, varias mujeres han vuelto a ponerse delante de una máquina de coser para convertir formación y aprendizaje en una oportunidad laboral. Lo hacen en el taller de Almazu, una nueva marca de moda que ha nacido en este municipio palentino con el propósito de unir inserción sociolaboral, sostenibilidad y revitalización rural.

“Almazu es una marca de ropa, pero con cierto propósito”. Así define su fundador y director, Jorge García, un proyecto que comenzó a gestarse a partir de la colaboración entre la Fundación Talento 58 y el Ayuntamiento de Paredes de Nava y que se desarrolla a través de la empresa de inserción Petralia Vázquez S.L. La iniciativa pretende que la confección de prendas sea también una herramienta para generar empleo y ofrecer nuevas oportunidades a mujeres en procesos de inserción sociolaboral.

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La idea, explica García, surgió después de identificar a un grupo de mujeres interesadas en formarse en el sector textil. “Se buscaba encontrar grupos necesitados de empleabilidad en coordinación con el Ayuntamiento y con la Fundación Talento 58”, relata. A partir de ahí comenzó un proceso de formación que permitió a las participantes adquirir conocimientos en costura y confección y familiarizarse con las diferentes máquinas utilizadas en el taller.

“Encontramos un grupo de mujeres que querían formarse en el ámbito del textil. Y pudimos hacer una formación durante seis meses, que exitosamente terminó. Seguimos con ganas de hacer algo más”, recuerda García. La formación se prolongó posteriormente desde septiembre-octubre de 2024 hasta junio de 2025 y sirvió como punto de partida para transformar el aprendizaje en una actividad productiva.

Fue entonces cuando la Fundación Talento 58 planteó la posibilidad de crear una marca propia. “La Fundación Talento 58 quería promover el emprendimiento en mujeres del rural. Y nos propusieron crear la marca Almazu y empezar a hacer de cero y comercializar posteriormente”, explica a la agencia Ical el responsable del proyecto.

Mujer cosiendo en un taller de moda sostenible en Palencia
Una mujer trabaja en el taller de Almazu, promoviendo la moda sostenible en Palencia.

Desde entonces, el taller de Paredes de Nava se ha convertido en el centro de producción de la marca. Allí se confeccionan actualmente camisetas, sudaderas, gorras y gorros, además de otros accesorios que han formado parte de las distintas fases del proyecto. La producción se realiza íntegramente en el municipio, con una apuesta por una fabricación cercana y por mantener vinculada al territorio la mayor parte posible de la actividad.

Actualmente son cuatro mujeres las que trabajan directamente en el taller, además de la responsable de taller, dentro de un proyecto que suma cinco empleos directos. Algunas contaban con conocimientos previos relacionados con el sector, pero el proceso se planteó como una formación conjunta para que pudieran adquirir y desarrollar las capacidades necesarias.

El empleo es, precisamente, uno de los elementos que diferencia a Almazu de una iniciativa textil convencional. La marca no nace únicamente para vender ropa, sino para que detrás de cada prenda exista un proceso de incorporación al mercado laboral y de acompañamiento social.

Para García, ese acompañamiento tiene una importancia similar a la propia formación técnica. “Para mí, como acompañante o coordinador de este proyecto, ha sido precioso ver que somos una entidad como es Talento 58, a través de la marca Almazu, la que soporta a este grupo de personas, pero que son ellas mismas las que se acompañan desde cero”, explica.

Las trabajadoras han llegado al medio rural desde diferentes puntos de España y también desde el extranjero, en algunos casos después de procesos migratorios. El traslado a Paredes de Nava ha supuesto para ellas comenzar una nueva etapa vital y profesional, pero también establecer vínculos con el municipio.

Mujer trabajando en taller de costura de Almazu en Paredes de Nava
La marca Almazu promueve la inserción laboral de mujeres en el medio rural.

“Al final, son ellas las que se han mudado al mundo rural, bien desde otros puntos de España que venían previamente de vivir, o bien desde el extranjero, con todo el duelo y la dificultad que supone un proceso migratorio largo”, señala García.

El responsable de Almazu insiste en que la iniciativa no quiere presentar a las trabajadoras únicamente desde sus dificultades, sino poner también el foco en lo que pueden aportar al lugar en el que viven. “No solo desde hoy somos pobres mujeres que viven dificultades, sino desde el decir, oye, me encanta esto que te escucho a ti, siento que tienes algo que aportar”, apunta. Y añade una reflexión que resume buena parte de la filosofía del proyecto: “Al final ver que no solo es el pueblo el que les devuelve a ellas, sino ellas también las que aportan al pueblo”.

Empleo para quedarse

La relación entre empleo y territorio es uno de los ejes del proyecto. Las cinco personas que trabajan directamente en él no representan únicamente cinco puestos de trabajo, ya que algunas de las trabajadoras se han trasladado a Paredes de Nava junto con sus familias. “Estamos generando actualmente cinco empleos, pero de forma directa son estos cinco, hablamos de mujeres que se han venido con su pareja, sus hijos y su madre, la abuela, la matriarca”, explica García. El impacto familiar, según calcula, alcanza a unas 18 o 19 personas.

A ello se suma la actividad que se genera alrededor del taller. El funcionamiento de una empresa de estas características requiere proveedores y servicios y permite establecer relaciones con otras empresas del entorno. García pone como ejemplo el trabajo de una empresa palentina dedicada al arreglo de máquinas, que presta servicio al proyecto. “De forma indirecta, estamos recuperando que una empresa palentina, de arreglo de máquinas, etc., nos pueda estar dando soporte y por tanto promover trabajo también alrededor de este proyecto”, señala.

Mujer operando una máquina de bordado en taller de moda sostenible
Una mujer trabaja en la máquina de bordado del taller Almazu, promoviendo la moda sostenible.

La aspiración es que ese efecto pueda ampliarse si la marca consigue consolidarse comercialmente y aumentar su producción. El crecimiento empresarial aparece así ligado a la posibilidad de generar nuevos puestos de trabajo y de incorporar a más personas a un municipio rural.

Recuperar una actividad muy ligada a Paredes

El proyecto tiene también una dimensión de recuperación de la memoria productiva de Paredes de Nava. El textil llegó a tener una presencia destacada en el municipio y generó actividad y empleo durante años, hasta que diferentes circunstancias provocaron el cierre de buena parte de las iniciativas existentes.

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“Paredes de Nava llegó a contar, si no me equivoco, con 18 o 19 cooperativas de textil hasta 2019”, recuerda García. La pandemia supuso un punto de inflexión para muchas de ellas. “Fue, es verdad, la experiencia de la Covid-19, y por desgracia todo lo que trajo consigo, lo mucho que azotó a nivel económico y laboral, que hizo que muchas de estas cooperativas cerrasen”, explica.

Almazu pretende recuperar esa tradición desde un modelo diferente, más pequeño y orientado hacia una producción sostenible y vinculada directamente al territorio. “Y gracias a proyectos como este se va recuperando”, sostiene García, que considera que la propuesta intenta integrar diferentes dimensiones, desde la formación y el empleo hasta los materiales y el diseño.

Mujeres trabajando en un taller de confección de moda sostenible
Mujeres en un taller de Almazu, creando moda sostenible en Palencia.

La marca no busca reproducir el modelo de las antiguas cooperativas textiles, sino aprovechar parte del conocimiento y de la tradición existentes para desarrollar una actividad adaptada al mercado actual.

Durante el periodo de formación, las trabajadoras aprendieron a manejar diferentes tipos de maquinaria y a trabajar con distintos tejidos. García explica que inicialmente se utilizaron telas planas para elaborar productos como neceseres y bolsas, mientras que posteriormente el trabajo se orientó hacia telas de punto.

Con el aprendizaje adquirido, el taller comenzó a trabajar con tejidos más elásticos y confecciona actualmente diferentes modelos de camisetas y sudaderas, además de gorras y gorros. La colección busca combinar un diseño actual con una fabricación vinculada a un pequeño taller rural.

Gorros de la marca Almazu con diseños rurales y sostenibles
Gorros sostenibles de Almazu, una marca de moda rural en Palencia.

La sostenibilidad constituye otro de los elementos centrales de la propuesta. La empresa intenta trabajar con proveedores próximos y seleccionar tejidos que cuenten con garantías relacionadas tanto con las condiciones laborales como con el respeto al medio ambiente. “Nosotros sí que hemos primado por un lado que sean materiales fabricados lo más cerca de España, por minimizar también el impacto que tiene el movimiento de los proveedores”, explica García.

A ello se suma la elección de tejidos con certificaciones que permitan conocer mejor su origen. “Que sean telas con certificaciones que nos aseguren, por un lado, que hay empleo digno detrás de la fabricación de estas telas, y por otro lado, que sean materiales respetuosos con el medio ambiente”, señala.

La búsqueda de materiales ecológicos o reciclados se incorpora así a una filosofía que pretende controlar el proceso desde diferentes perspectivas. “Es decir, que sean ecológicos o reciclados, o materiales que aseguren una trazabilidad segura, una trazabilidad buena”, resume.

Incluso el nombre de la marca está relacionado con la tradición textil y con el aprovechamiento de materiales. Almazu procede de ‘almazuela’, un concepto asociado a la unión de diferentes retales para crear una nueva pieza. “Es un nombre que le va fenomenal, tanto a lo que hacemos como a lo que somos”, explica García. La idea del aprovechamiento de diferentes fragmentos para construir algo nuevo se convirtió en una metáfora del propio proyecto.

“Originalmente el nombre almazuela, que es lo que en inglés conocemos como patchwork, ese conjunto de telas que de por sí ya no sirven, juntarlas para crear algo nuevo. Una manta, una sábana, algo grande que abriga”, señala.

Gorras y camisetas de la marca Almazu en un taller textil
Productos de Almazu, una marca de moda sostenible en Paredes de Nava.

Para García, esa imagen representa también el proceso vivido por las trabajadoras. “Pues eso ha sido también el equipo, gente que de por sí estaba un poquito perdida, o sin posibilidad de aportar mucho, y de repente en el unirse forma un grupo súper enriquecido”, afirma.

Almazu comenzó a comercializar sus productos a mediados de mayo a través de internet. La apertura de la página web estuvo acompañada prácticamente desde el primer momento por los primeros pedidos. “El día 22 abrimos la web, el día 23 ya estábamos recibiendo los primeros pedidos”, recuerda García. El proyecto ha ido aumentando progresivamente el número de envíos, aunque todavía se encuentra en una fase inicial de implantación comercial. “Al principio estábamos teniendo 5 o 6 paquetes a la semana, de repente hemos pasado a tener 10, de repente vamos pasando a tener 15, a tener 20”, explica.

La evolución de las ventas está acompañada por un trabajo específico para dar a conocer una marca que pretende que el consumidor conozca también el proyecto social y territorial que existe detrás de cada prenda.

A mediados de agosto, el equipo decidió hacer un paréntesis en la estrategia de comunicación para revisar la identidad de la marca y definir cómo trasladar mejor su propuesta. Para ello se incorporó una empresa de marketing ubicada también en el medio rural, en este caso en una zona de León.

“Estamos más centrados en dar a conocer esta marca de una forma muy cuidada”, explica García, quien reconoce que el objetivo pasa por conseguir que Almazu sea identificada no únicamente como una marca de ropa.

La colección tiene inicialmente un carácter juvenil, tanto por los cortes como por algunos de los modelos. Sin embargo, la experiencia de los primeros compradores está llevando al equipo a explorar también otros públicos. “Principalmente el corte de las prendas es un corte juvenil”, explica García. Entre los diseños se encuentran una camiseta ‘crop top’ y una sudadera de corte más amplio.

Pero la respuesta de los consumidores está mostrando que esas prendas pueden tener un público más amplio. “Son prendas que se ponen una persona de 50, 60 años, y les sienta estupendamente”, señala. La marca trabaja ahora en mostrar esas posibilidades a través de sus canales digitales, con fotografías y contenidos que permitan apreciar cómo funcionan los distintos modelos en personas de edades diferentes.

El futuro de Almazu pasa por consolidar las ventas y ampliar progresivamente la producción. La marca lleva pocos meses en el mercado y el reto inmediato consiste en ganar visibilidad sin perder el carácter social y territorial con el que nació. “Estamos en el mercado desde mayo y es verdad que aunque está teniendo muy buen recibimiento, y desde el principio vamos teniendo pedidos, al final el reto es cómo darnos a conocer de verdad”, explica García.

El crecimiento comercial, en este caso, tiene una finalidad que va más allá de las cifras. “Uno de los objetivos es crecer en ventas, pero otro de los objetivos igual de importantes es poder seguir creciendo en poder ofrecer oportunidades a otras personas”, afirma. La intención es que el aumento de la actividad permita incorporar a nuevas trabajadoras y que otras personas puedan encontrar en Paredes de Nava una posibilidad de empleo y de asentamiento. “Que vengan y que vean que el mundo rural está muy vivo, y que más vivo puede estar”, resume García.

Futuro en Paredes

El proyecto ya estudia además nuevas vías de comercialización. Una de ellas pasa por contar con un espacio físico en Paredes de Nava que pueda funcionar como escaparate de la marca y, al mismo tiempo, permitir a los visitantes conocer el proceso de elaboración. “Nos encantaría, de hecho es algo que ya estamos hablando”, explica García. El objetivo sería disponer de “un espacio dentro del propio Paredes, pues casi como una tienda insignia”, que pudiera estar conectado con el taller. La idea permitiría que quienes se acerquen al establecimiento puedan conocer “cómo se fabrica”, de manera que el consumidor no solo compre una prenda, sino que pueda aproximarse al proceso que existe detrás de ella.

Al mismo tiempo, Almazu mantiene conversaciones con establecimientos de Palencia y Madrid para estudiar la posibilidad de disponer de espacios de venta dentro de tiendas ya existentes. La opción de contar con un establecimiento propio queda, por ahora, para una etapa posterior.

Mientras la marca avanza en su consolidación comercial, el taller continúa cosiendo prendas en Paredes de Nava. En cada una de ellas confluyen una tradición textil que el municipio busca recuperar, una actividad económica todavía pequeña pero con posibilidades de crecimiento y un proyecto de inserción que ha llevado a varias mujeres a iniciar una nueva etapa profesional y vital en Tierra de Campos.

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