Barruelo de Santullán cuenta desde este fin de semana con un nuevo espacio para recordar su pasado minero. Se trata de Cuévana, una obra de arte público y permanente construida a mano por un grupo intergeneracional de mujeres del municipio junto al colectivo de arte y arquitectura Todo por la Praxis.
La pieza se inauguró el sábado 3 de octubre sobre el terreno de la antigua escombrera minera, en un acto que reunió a vecinos de Barruelo y de otros puntos de la comarca. La jornada comenzó con un recorrido desde el Centro de Interpretación de la Minería hasta la obra, que quedó iluminada desde su interior al caer la tarde y terminó con un picoteo comunitario.
La obra busca incorporar al relato de la minería de Barruelo las historias y el trabajo de las mujeres del municipio. Su propio nombre procede del cuévano, una cesta que las mujeres de la zona utilizaban para transportar carbón y otros objetos de la vida cotidiana, también en la propia escombrera.
La estructura tiene forma circular y se puede recorrer por dentro. Está formada por un armazón de hierro recubierto con un tejido trenzado a mano con un material similar a una manguera negra. En su interior se han colocado fotografías antiguas y actuales de Barruelo y objetos de la zona, con los que se pretende recuperar esa parte de la historia del municipio que no siempre ha quedado reflejada en el relato minero.
Las imágenes no se limitan al pasado. El interior reúne fotografías del archivo de Barruelo, recopiladas con la colaboración de Fernando Cuevas, junto a imágenes actuales de las manos y los oficios de las mujeres del municipio. Todo ello aparece organizado en diferentes estratos relacionados con la mina y con cuatro aspectos de su presencia en el territorio: el trabajo, los cuidados, la memoria cultural y la posición política.
«Es una zona minera: el minero siempre ha tenido mucha relevancia, y la mujer nunca ha existido en ese relato», explica Mila Blanco, una de las vecinas que ha formado parte del grupo de comitentes. Para ella, la historia del cuévano surgió precisamente de la necesidad de «valorizar a la mujer, que nunca se ha puesto en valor».
La obra se ha gestado durante el último año y medio dentro de Secuelas Energéticas, un proyecto impulsado por Concomitentes que trabaja sobre las consecuencias que dejó la actividad industrial en Barruelo y, posteriormente, su desaparición. El grupo de mujeres ha trabajado durante este tiempo junto al mediador Alfredo Escapa y Todo por la Praxis para dar forma a la pieza.
La iniciativa forma parte además de Art Living Lab to Repair the Land, un proyecto europeo cofinanciado por el programa Creative Europe de la Unión Europea que se desarrolla simultáneamente en tres territorios con diferentes pasados industriales. Además de Barruelo, participa Wietstock, en Alemania, afectado por las consecuencias de la agricultura intensiva, y Šibenik, en Croacia, donde el proyecto aborda las secuelas de la industria química y eléctrica.





