Hay pintores que representan un paisaje, y hay pintores, como Antonio de la Peña, que logran darle alma.
Su obra no se limita a mostrar lo que la mirada alcanza, sino que revela lo que la tierra calla, lo que la luz insinúa y lo que la memoria conserva para siempre. En cada uno de sus cuadros hay emoción verdadera, hondura serena y una manera noble, luminosa y profundamente humana de mirar el mundo.
Palentino de raíz y hombre de horizontes amplios, Antonio de la Peña ha construido a lo largo de su vida una pintura poderosa, vibrante y llena de verdad.
En ella resplandecen los amarillos inmensos del campo castellano, los ocres de la tierra trabajada, la solemnidad de los cielos abiertos y ese silencio antiguo de Castilla que, en sus pinceles, se vuelve poesía.

Pero en su obra late también con fuerza la otra gran geografía de su corazón, la ría de Bilbao, los puertos del norte, los barcos amarrados, las faenas de los pescadores, el esfuerzo humilde y duro de quienes viven de la mar.
Y ahí aparece una de sus mayores grandezas, su maestría para pintar el agua. Antonio de la Peña sabe atrapar como pocos ese azul verdoso cambiante del mar, esa superficie viva donde la luz tiembla, se quiebra y vuelve a nacer.
En sus lienzos, el agua verdosa de los puertos, los reflejos húmedos de los muelles, las rocas de la playa y la quietud expectante de las embarcaciones alcanzan una verdad casi conmovedora.
Nada parece inmóvil, ya que todo respira, todo vibra, todo parece latir bajo la mirada del espectador.
Su pincel, magistral y libre, de raíz impresionista, no solo describe, acaricia, sugiere y emociona. Su trazo tiene verdad, temple, oficio y belleza.
Y junto al gran pintor aparece el hombre. Antonio de la Peña es generoso, apasionado, incansable, dueño de un gran corazón y de unas inagotables ganas de vivir y de pintar.
A pesar de su veteranía, o “joven con mucha experiencia”, como le defino yo, Antonio sigue fiel a su vocación con una admirable energía creadora.
Contemplar su obra es entrar en la verdad de un maestro. Y contemplar a Antonio de la Peña es reconocer, con emoción y gratitud, la grandeza de un artista que ha hecho de la pintura una forma de amar la vida.

Exposición en Palencia
La exposición se inaugura el 31 de marzo a las 19:00 horas y puede visitarse en la sede del Ateneo de Palencia, en la calle Don Sancho número 3, en horario de martes a viernes de 18:00 a 21:00 horas, y los sábados de 12:00 a 14:00 y de 18:00 a 21:00 horas.
El martes 7 de abril por la tarde, a partir de las 18:00, Antonio de la Peña mantendrá una charla coloquio con Chema Manzano y Heliodoro Gallego) abierta al público general.






