Dicen que los españoles, y por tanto incluiremos a los palentinos, somos muy de bares. De tomarnos una (de lo que sea) en compañía de otros, para hablar de lo de allá o de lo de acá. O por el simple hecho de vernos

Tanto es así que hace siete años una de las mayores compañías de bebidas presentó su campaña Benditos Bares. Bares, qué lugares, que cerraron a cal y canto el 14 de marzo. Se acabó la bendición y muchos se quedaron sin su lugar de esparcimiento, de contacto social. Ese mismo día, al tiempo que Pedro Sánchez anunciaba que el país se paraba, se había convocado a las 21 horas a los españoles, (incluiremos por supuesto también a los palentinos) a salir a los balcones para agradecer, de la única forma que nos quedaba, la labor que estaban realizando desde el inicio de la pandemia los sanitarios.

Con no especialmente éxito, aquella primera noche con la espada de Damocles del confinamiento sobre la cabeza, de algunas ventanas salieron los primeros aplausos. La repercusión en los informativos y en las redes sociales hizo que esa pequeña bola de nieve se convirtiera en un unánime reconocimiento a los sanitarios, pero también, para algunos su único contacto con el resto del mundo. Salir a aplaudir a las 20 horas (se adelantó la cita una hora para que hasta los más pequeños pudieran sumarse al homenaje). Así, cada tarde-noche, los balcones se llenan de aplausos para los sanitarios, pero también de ruido por las fuerzas de seguridad, por los barrenderos, por los  repartidores, por los trabajadores que hacen que cada día podamos acercarnos a recoger el pan… En definitiva, por quienes salen a la calle para que la mayoría nos quedemos.

Un agradecimiento mutuo. Hemos visto caravanas de policías, de ambulancias, de protección civil agradeciendo a la gente que se queda en casa. Incluso felicitaciones de cumpleaños. Aplausos y más aplausos. Una cita marcada a fuego, porque es de las pocas cosas que rompen la monotonía del encierro. Es curioso pero este confinamiento ha hecho que las calles de Palencia, de la ciudad, se volvieran como las de un pueblo, en la que casi todos los vecinos se conocen, colaboran, quedan… Las 20 horas son como el teleclub.

El momento de esparcimiento. De agradecimiento, sí, pero también de cambiar el chip. De dejar de pensar en el bicho, en las miles de personas que han muerto, y de aplaudir por la resistencia y la voluntad de la mayoría; de sonreír, de cantar, de preparar un jolgorio propio de una fiesta. Hasta de celebrar la Semana Santa. Conocidos son ya los encuentros de las 20 horas en la confluencia de la calle Las Monjas con Mayor Antigua, donde cada cita para aplaudir es una celebración. Porque siguen vivos, sin enfermedad. Hasta el Rompimiento del Velo han conmemorado el pasado Domingo de Resurrección. Creyentes y no creyentes. Porque de lo que no cabe duda es de que, si antes los benditos eran los bares, ahora, los benditos son los balcones.

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