Compartiendo reflexiones

En estos días vuelvo a ver lo peor del ser humano, a malnacidos que aprovechan el hartazgo general y la confusión para delinquir, realizar actos vandálicos, destruir mobiliario urbano que pagamos entre todos con nuestros impuestos, e incluso para romper escaparates de empresas privadas con el único fin de robar. Y veo atónito como atacan vilmente y con impunidad a nuestros cuerpos de seguridad. Soy un gran defensor de la libertad de expresión y de proteger nuestros derechos, pero una cosa es la libertad y otra el libertinaje y vandalismo que se debería castigar de manera mucho más contundente.

Desde marzo llevamos soportando los efectos tan negativos del Covid en nuestras vidas, atacando algo tan fundamental como es nuestra salud y especialmente a los más desprotegidos, a nuestros mayores, y soportando paralelamente en segundo plano a nuestras economías, especialmente la hostelería, el comercio tradicional y cientos de autónomos que ven como bajan y bajan sus ingresos y, por el contrario, mantienen e incluso suben sus gastos por la adquisición de material de protección…

Creo que a estas alturas, todos deberíamos saber que esto va para largo, hasta que no exista una vacuna con garantías y ésta sea suministrada a toda la población, debemos aprender a vivir con ello. Sé que es difícil buscar un justo equilibrio entre la dicotomía salud versus economía, y sé que debe ser muy complicado para los dirigentes tomar medidas, pero me doy cuenta que después de tanta sinrazón, donde se ha demonizado a sectores importantes como por ejemplo los hosteleros responsables, y de tanta medida sin control y alguna de ella, muy poco eficaz, he llegado nuevamente a la conclusión, que la única manera de salir de esto lo mejor posible está en nuestras manos, primero intentando ser responsables y respetuosos con esta sociedad en las normas más básicas de salud: distancias, geles y mascarillas, y segundo apostando por lo nuestro, comprando en nuestra economía local, apoyando realmente a nuestras empresas en su día a día. Y, por su parte, las empresas debemos ser profesionales y adecuarnos a la situación, sabiendo reinventarnos y adaptarnos a las nuevas demandas y formatos tanto presencial como ‘on line’, sin duda asignatura pendiente para una parte importante de nuestro comercio tradicional.

Por tanto, si todos de una manera responsable y segura consumimos en nuestro entorno local estoy seguro que gran parte de nuestro problema se minimizaría.

Por eso desde esta Tribuna os ruego que hagamos de nuevo el examen de palentinismo y que, al salir de casa, del trabajo, etc. miremos a nuestro alrededor y analicemos si lo que vestimos, usamos y tenemos está comprado en nuestro entorno local y si no obtenemos mínimo un notable alto, es que algo hacemos mal…

Por último, comentaros que en estos días también observo a personas con un gran corazón, que hacen un esfuerzo diario por consumir en su entorno, bares, tiendas, negocios… Y lo hacen en muchas ocasiones sólo por ayudar a que todos sigamos abiertos, a que circule el dinero y que la cadena no pare y, sinceramente, eso me emociona y me hace seguir creyendo aún en esta sociedad.

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