‘Doña Urraca vuelve a casa’

Con 'P' de Palencia
‘Doña Urraca vuelve a casa’

De liderazgo se habla mucho ahora, y de ese término tan moderno -y a veces un poco hortera, con perdón-. Hoy la llamaríamos “mujer empoderada”, aunque ella lo practicó nueve siglos antes de que la expresión se pusiera de moda. Urraca I de León y Castilla gobernó reinos, se enfrentó a su propio esposo, Alfonso I de Aragón, para defender su corona, y negoció con nobles y obispos que no siempre la tomaban en serio, demostrando que no estaba dispuesta a ceder su poder ni a quedarse en un segundo plano -algo audaz tanto para los estándares de su tiempo… como para los nuestros-.

Mucho se enorgullecían los británicos de su sempiterna Reina Madre, símbolo regio de tradición y continuidad. Pero, qué quieren que les diga, nosotras ya teníamos a nuestra Urraca mucho antes y, dicho sea de paso, bastante más moderna y rompedora incluso para los estándares actuales. Mientras ellos posaban para fotos protocolarias, ella estaba decidiendo guerras, resolviendo disputas entre nobles y demostrando que una mujer podía gobernar sin pedir permiso.

Es cierto que el nombre que le pusieron quizá no le hizo demasiada justicia -no parece el más delicado del santoral medieval-, pero su legado habla por sí solo. Mucho antes de la gran Isabel I de Castilla, que consolidó un reino fuerte en un mundo de hombres, ya existía Urraca I de León y Castilla, gobernando por derecho propio.
A lo largo de la historia de España han surgido otras reinas que también rompieron moldes: Juana I de Castilla, cuya imagen de “loca” oculta su intento de ejercer el gobierno pese a la oposición familiar; Isabel II, que reinó en un siglo dominado por hombres tras la derogación de la Ley Sálica; María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, regente para Isabel II, y María Cristina de Habsburgo, regente para Alfonso XIII, tomando decisiones clave para el país; e incluso mujeres como la infanta Eulalia, que desafió normas sociales y abogó por la independencia femenina mucho antes de los movimientos actuales. Todas ellas, a su manera, marcaron un camino que demuestra que las mujeres siempre hemos sabido luchar y gobernar.

Así como, a pesar de que a la mujer siempre se nos ha querido silenciar y tapar, en la historia podemos encontrarnos con ejemplos de mujeres que, a pesar de todos los impedimentos propios de la época, consiguieron luchar y marcar el camino para que hoy nosotras podamos incluso romper esa cúpula de cristal a la que muy pocas llegan. Y aquí me van a permitir que mencione a Dña. María Jesús del Barco Martínez, ilustre jueza, decana de los Juzgados de Madrid desde 2018 y palentina a la que varias veces he visto pasear con una maleta por Plaza Castilla llena de documentos que se llevaba a casa para continuar trabajando. Madre de 3 hijos y trabajadora incansable. Ella sí se merece una estatua a la altura de Dña. Urraca, porque ella sí es ejemplo… y no cuatro influencers que bailan en TikTok.

Tal vez por eso resulta especialmente justo que Saldaña, donde Urraca pasó sus últimos días, haya decidido devolverla al lugar que merece en la memoria colectiva. Me llena de orgullo que su alcalde, D. Adolfo Palacios, haya querido rendir homenaje a semejante ejemplo para las nuevas generaciones erigiendo una estatua en su memoria.
Porque, pensándolo bien, si alguien merece quedarse de pie en una plaza durante siglos mirando con calma a los vecinos, es precisamente quien pasó su vida entera sin quedarse quieta ni un minuto.

Así cada vez que alguien vuelva a hablar de liderazgo moderno o de “mujer empoderada”, bastará con señalar la estatua y decir, con una sonrisa: «Aquí en Saldaña ya íbamos adelantados nueve siglos…» Por ti Urraca, con P de Palencia.

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