Septiembre está siendo, sin duda, un mes de mucha nostalgia y sentimientos encontrados para mí. A pesar de llevar viviendo más de seis meses inmerso en una pandemia mundial al igual que todos vosotros, de haber pasado un confinamiento estricto de tres meses, es indudablemente septiembre el mes que más me está afectando emocionalmente. El hecho de ver cómo se han ido suspendiendo tantos eventos significativos en estas semanas que ya formaban parte de mi vida, eso, por desgracia, me ha ido haciendo mella. Por ejemplo, el no poder asistir a los festivales de Palencia Sonora y Sonorama donde año tras año acudía rodeado de amigos a quienes nos unía y une el amor por la música en directo, o no disfrutar de las Fiestas de San Antolín en la capital, las cuales viví muy de cerca y desde dentro años atrás, que me han unido más si cabe a esta ciudad y que me permitieron conocer a tantos y tantos colectivos que colaboran año tras año. Grandes personas que desde la sombra aportan lo mejor de sí mismos para que Palencia brille como nunca, personas que me han conquistado y guardan un lugar privilegiado en mi memoria y sobre todo en el corazón, grandes personas a las que ya considero mis amigos.

Extraño será, sin duda, este mes de septiembre sin las Fiestas del Valle en mi querido pueblo, Saldaña, donde tengo la suerte de pertenecer a una peña, La Skina y que tras 30 años de antigüedad y sobrevivir a los avatares de la vida, es un punto de encuentro.

Era entre los días 5 y 10 de septiembre donde, año tras año, me reencontraba con muchas personas importantes para mí y que algunas de ellas sólo veía en esos días, momentos inolvidables cargados de diversión, risas y, sobre todo, mucho sentimiento.

Son a veces esas cosas tan sencillas las que llenan de sentido nuestra existencia, esos encuentros con tu gente, tus amigos de la infancia, en definitiva, tus raíces, las que realmente merecen la pena.

Es por culpa de este virus invisible que no pueda ni podamos realizar muchas pequeñas grandes cosas que nos llenan de alegría, emoción, de vida y que tanto nos reconfortan en este, a veces, mar de lágrimas…

Deseo de todo corazón que más pronto que tarde podamos volver a vivir esos momentos únicos para cada uno de nosotros y, para ello, es muy importante que no bajemos la guardia. Hasta que no salga la dichosa vacuna debemos ser lo más responsables posible, respetando las medidas de prevención y seguridad. Debemos juntos, entre todos, ahora más que nunca, seguir apoyando a nuestro comercio, hostelería y profesionales de proximidad. Nuestro futuro y el de nuestros hijos está en juego.

Ánimo, fuerza y, sobre todo, cuidaos mucho amigos.

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