Aguilar de Campoo volvió a echarse a la calle en la noche más dulce del invierno para convertir el Carnaval de la Galleta en una marea de imaginación, música y orgullo colectivo.
Aguilar volvió a hacer lo que mejor sabe en Carnaval que no es otra cosa que convertir la calle en un escenario y la imaginación en un lenguaje común. Este sábado 14 de febrero de 2026, el municipio celebró el Gran Desfile del Carnaval de la Galleta, una cita que no se entiende sin su gente: peñas, familias, cuadrillas y colectivos que se pasan semanas (a veces meses) cosiendo, pegando, pintando y ensayando para que, cuando cae la noche, todo encaje y brille.
El desfile, con inicio a las 21:00 horas, arrancó desde la Avenida de Cervera, con concentración previa en ese mismo entorno, y avanzó hasta la Plaza España, Allí, entre charangas, música y ese runrún tan de Carnaval, Aguilar demostró por qué esta fiesta es tan singular, aquí el disfraz no es solo ponerse algo encima, es contar una historia en grupo, salir a la calle y regalarle a lavilla un rato de alegría compartida. Porque este no es un carnaval cualquiera. El Carnaval de la Galleta está reconocido como Fiesta de Interés Turístico Regional, y no por casualidad: une tradición, creatividad y una seña de identidad muy de aquí, la galleta como símbolo de una localidad que se conoce, también, por su vínculo con la industria galletera.
El Carnaval de la Galleta 2026 volvió a demostrar que en Aguilar de Campoo esta cita no es solo una tradición festiva, sino un auténtico acontecimiento social capaz de movilizar a toda la villa y a buena parte de la provincia. El desfile, multitudinario desde su arranque, estuvo en todo momento arropado por un público entregado que fue creciendo conforme la comitiva avanzaba hacia la Plaza de España, corazón de la celebración.
Cientos de lugareños participaron un año más en la comparsa, a los que se sumaron numerosos vecinos llegados desde distintos puntos de la provincia como Guardo, Cervera de Pisuerga o la capital palentina, así como de territorios limítrofes como Cantabria y Burgos. Una respuesta que confirma el carácter comarcal y supraprovincial de un carnaval que ha sabido consolidarse como referente en el norte.
La apertura del desfile estuvo a la altura de las expectativas. En cabeza marcharon las Majorettes de Reinosa, marcando el ritmo con precisión y elegancia. Tras ellas, la energía de Cía Drak Flama aportó espectáculo y dinamismo, seguida por el grupo Ruedas Locas, que añadió originalidad al arranque. Cerraba este primer tramo la academia We Art Dance, cuya puesta en escena volvió a destacar por su potencia visual y coordinación.
A continuación hizo su aparición el buggie musical que daba paso al bloque de disfraces individuales y en pareja. La coincidencia con el 14 de febrero se dejó notar en la temática, numerosas parejas aprovecharon la jornada para rendir homenaje a San Valentín con imaginación y buen humor, llenando las calles de guiños románticos y propuestas creativas. El tramo lo clausuró la batucada Samba Soom, que puso sonido y ritmo a uno de los momentos más animados del recorrido.
El grupo de zumba Zumbala tomó el relevo con su habitual alegría, escoltando a las agrupaciones de entre tres y diez componentes. En este apartado se pudieron ver propuestas de gran nivel, tanto por la elaboración de los disfraces como por la puesta en escena, el colorido y la animación desplegada. El bloque lo cerraron Acerbahe y amigos, manteniendo el pulso festivo sin que decayera el ambiente.
Después llegó uno de los momentos más esperados, los grupos de más de diez participantes. El Desván, acompañado por la charanga Contratiempo, abrió paso a una auténtica marea de color, ruido y buen rollo. La implicación de estas grandes comparsas, tanto en número como en creatividad, puso en serios aprietos al jurado por la calidad y la originalidad mostradas. Cerró este tramo la Charanguilar, genuina y muy ligada a la identidad festiva de la villa.
El colofón lo pusieron los Dulzapiteros y la tradicional carroza de la Galleta, símbolo indiscutible de un carnaval que hunde sus raíces en la identidad industrial y cultural de Aguilar. Tras ellos desfilaron los disfraces fuera de concurso, participantes que, sin aspirar a premio, no quisieron renunciar a formar parte de la fiesta y a disfrutarla con la misma intensidad.
Cerrando la comitiva, la presencia de Cruz Roja y la máquina barredora recordó la importancia de la seguridad y del cuidado del espacio público, garantizando que Aguilar mantenga el esplendor de sus calles tras una jornada en la que el color, la música y la convivencia volvieron a ser protagonistas.



















