«Nadie me quita la vida: soy yo quien la entrega voluntariamente». Con estas palabras, leídas ante el templo de San Miguel, la Semana Santa palentina ponía en valor anoche la valentía y dignidad de Cristo al ser traicionado por Judas y capturado. Palabras que precedieron a uno de los momentos más singulares e identificativos de nuestras tradiciones: La Procesión del Prendimiento, que partió este Martes Santo a las 20:00 horas desde la Capilla de Jesús Nazareno. Desde este punto salió la comitiva de hermanos de la cofradía, acompañando el paso de “La Traición de Judas”, para recrear la escena del prendimiento de Jesús en el Huerto de los Olivos, en dirección a la iglesia parroquial de San Miguel.
Un acto en el que se recitan los evangelios que narran el arresto de Jesús por los romanos tras la traición de Judas. Finalizada la lectura, un hermano de la cofradía golpea tres veces la puerta de la iglesia, en unos toques secos que se alternan con tres toques de tararú. A esta llamada se responde con la apertura de los portones, que permite la salida de la imagen del Cristo de Medinaceli, escoltada por sus cofrades, mientras la Banda Municipal interpreta el Himno de Medinaceli.
El acto concluye con un gesto simbólico que representa el cautiverio de Cristo, cuando un hermano nazareno coloca unas esposas a los pies de la imagen, mientras el paso de “La Traición de Judas” permanece frente a ella. A continuación, la procesión continúa por el centro de la ciudad, con paradas destacadas en la plaza Isabel la Católica (21:45 horas) y en la plaza de San Pablo (22:30 horas), donde se realizan oraciones antes de introducir la imagen del Cristo de Medinaceli al son de la marcha real interpretada por la Banda de Cornetas y Tambores de la Cofradía de Jesús Nazareno.
Documentos del último cuarto del siglo XIX recogen las primeras referencias a la Procesión del Prendimiento, que ya entonces contaba con una notable participación y que se celebraba desde tiempo atrás, hasta su desaparición inicial.




















