La butaca del cine de diciembre, por Javier Cáceres Herrero

Javier Cáceres sopla su 1ª vela colaborando en ‘Palencia Invierte’

Se cumple un año este mes, desde que comenzó mi andadura en este nuestro/vuestro periódico provincial y no quería dejar pasar esta efeméride, sin agradecer en primer lugar al director del periódico, mi querido amigo Sergio, la oportunidad que me ha brindado de haceros llegar, con toda la humildad, proposiciones de cine. Seguramente, una buena opción para dejar un poco de lado el año tan duro que estamos viviendo.
Ojalá esta pequeña aportación lo haya conseguido y lo siga consiguiendo.
Como no, dar las gracias al increíble equipo humano que hace posible todo esto, a todos los colaboradores y colaboradoras que están aportando mes a mes, para dar a conocer nuestra provincia, sus tierras, sus productos, sus negocios y dar visibilidad a todo aquello que sin este medio, probablemente, sería “invisible”. Héroes todos y todas.

Agradecer de corazón a la gente que me da la enhorabuena y me recomienda películas, una razón más para seguir haciendo con todo el cariño y ganas esta vuestra columna.
Y por supuesto, a todas las palentinas y a todos los palentinos, a los que están más allá de esta preciosa y acogedora tierra, que nos leen mes a mes, desearos unas Felices Fiestas, que las paséis con salud, que no bajemos la guardia, esto pasará y entre todas y todos tendremos que salir adelante…
¡Y a Fe que lo haremos!


La clase de esgrima (2015)

Cada cierto tiempo suele salir una película relacionada con el deporte. Por norma, suelen ser de atletismo, fútbol, patinaje, incluso bobsleigh (cómo olvidar al equipo de Jamaica y su aventura olímpica llevada al cine en 1993, “Elegidos para el triunfo”) y generalmente también, porqué no decirlo, con un trasfondo político.

El director finlandés Klaus Härö nos descubre una interesante historia real que ocurrió poco después del final de la Segunda Guerra Mundial en la extinta Unión Soviética.

Endel Nelis (Märt Avandi), un antiguo campeón de esgrima ruso huye a su país de origen, Estonia. Perseguido por su pasado por la policía de la Rusia comunista de Stalin, Endel, se instala en una pequeña población estonia, para impartir clases en un colegio con muy pocos recursos. El director del centro, afín al régimen soviético, pronto recelará de él, incluso de sus clases y buscará información para tratar de confirmar las sospechas que tiene sobre él. La convocatoria de un campeonato nacional en Leningrado pondrá al profesor de esgrima en la tesitura de volver para ser arrestado o volver para satisfacer la ilusión de sus pequeños alumnos.

Seguramente, suene a incongruencia decir, que éste es un drama entrañable, pero quizás sean las dos mejores palabras para definir este film. Desde luego que esta es otra de esas “desconocidas” historias que dejan las despreciables guerras y que entremezcla el drama personal, con la ternura de unos niños huérfanos y sin recursos, además de humor en algún momento, que te tocará la fibra más sensible. “La clase de esgrima” fue finalista en los Oscars y en los Globos de Oro como Mejor Película De Habla No Inglesa.

El cariño con el que trata cada escena el director, delata el especial interés que debió despertar en él este episodio, una especie de biopic del creador de una de las escuelas de esgrima más importantes del mundo y deja a las claras, además, que los regímenes extremistas hacen mucho mucho daño.


Parking 2 (2007)

Ya hemos hablado del clásico de los clásicos navideños y podría traer unos cuantos títulos que hacen referencia a las fiestas que ya tenemos encima, con “papas noeles”, renos y demás, pero en este caso, voy a tratar de descubrir una interesante propuesta para ver en estas fechas: “Parking 2”. No, no tiene parte uno! No la busquéis porque no la encontraréis, al menos, no relacionada con este título (hay una del 2019 que no tiene relación alguna).

Angela (Rachel Nichols) tiene una cita con su familia para cenar en Nochebuena, pero el trabajo hace que vaya con el tiempo pegado. Al llegar al parking del edificio donde trabaja, su coche no arranca. El guardia de seguridad, Thomas (Wes Bentley), se ofrece a ayudarla con “amabilidad”, pero detrás de esa “amabilidad” se esconden unas oscuras intenciones que pronto descubrirá cuando, después de dormirla con un paño impregnado de cloroformo, Angela despierte esposada en la mesa de una oficina y vestida elegantemente para “disfrutar” de una cena y una noche diferente…

Noche de paz, noche de amor…. no es eso precisamente lo que veremos en esta cinta del director francés Franck Khalfoun (Piraña 3D – 2010 -), un psycho-thriller de manual, pero que cumple con creces el cometido para el que fue hecha, que no es otro que entretener y tensionar al espectador. ¿Hay que verla? Sí, ¿por qué? Porque entre otras cosas, las interpretaciones de los dos actores son interesantes, Rachel Nichols, es una de esas buenas actrices ( y aquí lo demuestra) que no ha tenido mucha suerte en la elección de papeles, su cara os resultará conocida, sobre todo si habéis visto la versión mala de “Conan el Bárbaro” (2011) o la más reciente “Terror en la oscuridad” (2016). Dar vida a la típica víctima asustada y perseguida cuando estamos tan acostumbrados a ver ese tipo de personajes, no es fácil y sin embargo, en ningún momento deja que su papel caiga en la monotonía de típicas expresiones y sobreactuaciones. Por otra parte, a Wes Bentley, al que también puedes ver haciendo de malote en “El motorista fantasma” (2007) o en “Interstellar” (2014), lo irás maldiciendo cada vez más conforme avance la película, su actitud y sobre todo la expresividad de su cara, hacen que este papel de psicópata le venga como anillo al dedo.


Un paseo por el bosque (2015)

Existe en Estados Unidos una ruta que cruza los Apalaches a través de más de 3000 kms, 11 estados en total de la costa este del país y que, al parecer, mucha gente intenta empezar pero pocas personas terminan por su especial dureza. “Un paseo por el bosque” nos acerca a la historia real que narra la experiencia que vivieron dos variopintos personajes, descrita por uno de ellos, escritor para más señas. Un título familiar con todos los ingredientes para hacer pasar un buen rato y con un reparto estelar.

El film gira en torno la figura de Bill Bryson (Robert Reford), un maduro escritor decidido a emprender el mítico viaje senderista a través de la ruta de Los Apalaches. En la búsqueda de un “loco” acompañante para su aventura, inesperadamente aparece Stephen Katz (Nick Nolte), un viejo amigo con una aparente frágil salud, pero dispuesto a acompañar hasta el final a Bill. Así, nuestros dos veteranos colegas vivirán una serie de experiencias de vida de todo tipo, con momentos para la nostalgia, la diversión e incluso para el sufrimiento. El largo camino se irá endureciendo y pondrá a prueba la inquebrantable voluntad de ambos en su determinación para terminarlo. ¿Lograrán hacerlo? Para descubrirlo, tendrás que verla.

Con Robert Redford y Nick Nolte a la cabeza y con un papel secundario de Emma Thompson, el reparto ya invita a ver esta comedia de aventura, que tiene un mensaje de inicio y final bastante claro, ¿hasta dónde somos capaces de llegar en la vida con el pasar de los años? Sí, Robert Reford sigue conservando intacto ese aura de estrella rutilante de Hollywood y esa actitud de humor pícaro de la inolvidable “El golpe” (1973) y Nick Nolte, ayudará con su papel a sacarte sonrisas e incluso carcajadas por momentos, desde su primera aparición en escena.

La música, la naturaleza, el humor y los sentimientos se entremezclan homogénea y constantemente en esta película del director Ken Kwapis, recomendable también su película “Una aventura extraordinaria” del 2012, que además, también gira en torno a otra historia real, esta vez con ballenas.


Escupiré sobre tu tumba (2010)

Acabamos de pasar por el Día Mundial contra la Violencia de Género, el pasado 25 de noviembre. Conviene recordarlo porque hay quien, por muy extraño que parezca, no sabe ni que existe. Solo es una fecha, un día que debería ser, valga la redundancia, cada día del año. Violencia de Género, una lacra que sigue azotando a nuestra sociedad, desgraciadamente. Vaya por delante, que la película de la que hablaré a continuación contiene escenas de extrema dureza. Al contrario de lo que pueda hacer pensar el título, “Escupiré sobre tu tumba” no es una historia de terror. Es un durísimo drama que, tristemente, muchas mujeres viven a diario en el mundo. Es necesario concienciar y hacer visible el problema, como en este caso, aunque sea con ficciones que reflejan una cruda realidad.

La joven escritora Jennifer Hills (Sarah Butler) se aísla en una casa de campo para escribir la que será su próxima novela. Allí tendrá un desafortunado encuentro con unos impertinentes chicos que asaltarán su casa. Ella, consigue escapar y dar con el sheriff de la zona para que arreste a los asaltadores, pero éste, una vez da con ellos, resulta ser un “compinche” y entre todos someterán, violarán y torturarán a Jennifer hasta que, después de tirarse a un río, desaparece y les hace creer que está muerta. En su regreso, la joven se vengará de las formas más crueles y sádicas que uno pueda imaginar.

Para empezar, diré que meterse en la piel de todos estos actores y esta actriz, no debe ser tarea fácil, más cuando el realismo de las escenas llega a acongojar a cualquiera que se ponga delante de la pantalla. Pero como digo, este tipo de películas son necesarias y por muy duro que suene, persiguen eso, reflejar lo más realista posible esos desgraciados momentos, que marcan de por vida, para concienciar más verazmente a toda la sociedad.

Centrándonos en lo estrictamente cinematográfico, la película tiene dos partes bien diferenciadas y si aún vista la primera, te quedan ganas de ver la segunda, ¡atente a las consecuencias! No se puede decir mucho del guión, si acaso, sabed que es un remake de una cinta del 78 titulada “La violencia del sexo”, por si alguien quiere buscar y comparar.


Clásicos del cine

¡Qué bello es vivir! (1946)

Queridas lectoras y queridos lectores, ¿¿todavía queda alguien que no haya visto esta obra maestra del Séptimo Arte?? Seguramente sí. No siendo un delito, es aconsejable, muy aconsejable diría yo, echar un vistazo, al menos una vez en la vida a “¡Qué bello es vivir!” y si es en fechas navideñas, mucho mejor. Una vez vista, será más fácil entender, entre otras cosas, la imponente magia que tiene el cine cuando se elige una buena opción.

En Bedford Falls, una pequeña población estadounidense, existe un hombre que desde niño se dedica a ayudar a todo aquel que lo necesita. George Bailey (James Stewart) crece dando todo por los demás y por circunstancias, no puede cumplir con sus propios objetivos de vida. Cuando hereda la empresa prestamista de su padre, Mr. Potter, amo y señor de la población, tratará de hacerse con ella y arruinar a George, usando todo tipo de artimañas. Habiendo desistido casi en su empeño, un “golpe de suerte” a favor del malvado Potter, el día de Nochebuena, hace que Bailey baje los brazos e intente suicidarse, algo que su especial ángel de la guarda no permitirá.

Menospreciada en su día por crítica y espectadores -no llegó a recaudar ni el dinero invertido-, esta joya del cine clásico se ha convertido en una imprescindible película navideña de nuestro tiempo. Es uno de los papeles más memorables de James Stewart, del que ya hablamos en “La Soga” y si bien es cierto, que como pasa muchas veces, no era la principal opción para el papel protagonista, Frank Capra decidió declinarse por él, antes que por Cary Grant. Excelente su interpretación. Como excelente también es la de otro mito como Donna Reed – “De aquí a la eternidad” (1953)- dando vida a la sufrida mujer y madre de sus hijos. Este film, vuelve a dejar a las claras, que los guiones de antaño, ya sea por nostalgia, brillantez o la menor saturación de películas, tienen algo que hoy en día no es fácil de ver.

Nominada a 5 Oscars, solo se alzó con uno especial por los efectos utilizados para crear la nieve que acompaña en muchas de las escenas. Una mezcla de espuma de extintores y agua que hasta entonces, nunca se había utilizado. Capra, eso sí, se alzó con el Globo de Oro a Mejor Director. Ver “¡Qué bello es vivir!” es hacer un examen personal. Es preguntarse, cuando se pasa un mal momento en la vida, que sería de los que nos rodean sin nuestra presencia y es responderse a la vez. Francamente, es una obra de arte. Verla por primera vez, supondrá saber que repetirás.

Y pocas veces, sentirás una sensación tan reconfortante después de su final. Un cuento al más puro estilo de Dickens que forma parte de la historia de nuestro amado cine.

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