Cuando un paciente viene derivado por una fractura y ha estado inmovilizado con yeso o férula, ¿cuál es el primer desafío que te encuentras al retirar la inmovilización?
Al finalizar una inmovilización, el primer gran desafío casi siempre es la rigidez articular y la pérdida de movilidad. Después de semanas sin movimiento, la articulación afectada (y muchas veces también las cercanas) presenta una disminución del rango de movimiento, sensación de “bloqueo” o resistencia y dolor al intentar movilizar. Esto va acompañado de pérdida de masa muscular, pérdida de fuerza, alteraciones de los tejidos blandos, inflamación… Pero no viene solo. En realidad, suele ser un “combo” de problemas iniciales: la persona intenta moverse y aparece dolor, lo que lleva a pensar “si me muevo, se va a romper”. Esto hace que el paciente se mueva menos, lo que nos lleva a más rigidez. Tenemos que evitar entrar en este círculo vicioso. El miedo es lo que más condiciona el tratamiento, por lo que lo primero que hago siempre es hablar con esa persona y explicarle cómo es el proceso, que entienda qué es lo que le ocurre y cómo vamos a abordarlo.
¿Cómo decides tú el momento exacto para comenzar a movilizar o cargar peso tras una cirugía o fractura?
Cada persona y cirugía o fractura es un mundo. Nunca hay dos patologías iguales porque no hay dos personas iguales. Siempre parto de lo que indica el traumatólogo, tipo de cirugía, tipo de fractura, etc. Esto marca el límite de seguridad inicial, pero dentro de ese margen hay mucho que decidir. No hay un “momento exacto universal”, sino una combinación de criterios clínicos, biológicos y quirúrgicos. Como fisioterapeuta, mi papel es interpretar todo eso y ajustar la progresión sin poner en riesgo la consolidación.
La fisioterapia prequirúrgica está ganando importancia. ¿En qué consiste exactamente el trabajo que haces con un paciente que sabe que va a ser operado?
La fisioterapia prequirúrgica tiene un objetivo muy claro, llegar a la cirugía en las mejores condiciones posibles para recuperarse antes y mejor. No es “hacer algo antes de operar”, es preparar activamente el cuerpo y al paciente para lo que viene. Los objetivos principales son que la articulación tenga el máximo rango de movilidad posible, que no exista rigidez, que haya una buena activación muscular (clave si hay inhibición por dolor), fortalecimiento específico muscular y conseguir estabilidad y control neuromuscular. Para ello contamos tanto con técnicas manuales como con ejercicio activo por parte del paciente, algo super importante en todo el proceso. Pero desde mi experiencia, el impacto más real que veo es la educación del paciente: explicarle qué va a pasar después de la cirugía, qué dolor es normal y cuál no, enseñarle cómo moverse, los ejercicios que vamos a hacer y cómo va a ser el proceso. El resultado de todo esto es menos miedo, más adherencia al tratamiento y una mejor evolución. Conclusión: la “pre” rehabilitación consiste en llegar fuerte, móvil, informado y preparado mentalmente para el proceso por el que va a pasar.
Es muy común que la gente piense que un dolor de cabeza es solo «cuestión de estrés o de vista». ¿Cómo les explicas a tus pacientes que el origen puede estar en su cuello (cervical) o incluso en su mandíbula?
Es muy habitual esa creencia, y de hecho tiene parte de verdad… pero se queda corta. Yo suelo explicárselo de forma sencilla y muy visual, para que lo entiendan sin tecnicismos: “La cabeza no funciona aislada. Está directamente conectada con el cuello y la mandíbula a través de músculos, nervios y articulaciones. Cuando hay una lesión en una o varias estructuras anatómicas del cuello, el cerebro puede interpretar ese problema como dolor de cabeza”. Además, la cara y el cuello comparten estructuras comunes con la cabeza. Si se aprietan los dientes (bruxismo) o existe una disfunción mandibular, puede aparecer dolor en sienes, en la zona ocular o en la parte lateral de la cabeza. No todos los dolores de cabeza nacen en la cabeza, muchos vienen irradiados de otras zonas que hay que valorar.
En consulta, ¿cómo diferencias si una cefalea viene derivada de una tensión cervical o de un problema en la Articulación Temporomandibular (ATM)? ¿Qué pruebas físicas realizas?
Lo más importante para diferenciar de dónde proviene la cefalea son las características del dolor. Es muy importante escuchar lo que te dice el paciente. Cuando la cefalea es de origen cervical suele doler solo un lado de la cabeza, comienza en la zona suboccipital, suele existir rigidez cervical y dolor a nivel de la musculatura del cuello. En cambio, una cefalea con origen en la ATM suele ser en general bilateral, en la zona de la mandíbula, la sien, e incluso puede dar dolor de oído, y puede ir acompañada de chasquidos, bloqueos mandibulares y sensación de fatiga al masticar. Muchos pacientes tienen un componente mixto, por lo que siempre hay que combinar test que valoren movilidad, fuerza y la palpación de ambas zonas. En resumen, primero identifico el patrón de dolor, después hay que hacer test cervicales y test de la ATM para intentar reproducir el dolor, que es el criterio más fiable.
El bruxismo es un gran desconocido. ¿Qué señales físicas te hacen sospechar que un paciente aprieta la mandíbula durante la noche o el día, y cómo abordas ese círculo vicioso de tensión?
El bruxismo muchas veces no se detecta porque el paciente no es consciente, así que como fisio dependes mucho de signos indirectos, la exploración y el patrón clínico. Yo lo abordo como un problema multifactorial (neuromuscular + estrés + hábitos) más que solo “apretar los dientes”. Lo que más nos hace sospechar es la existencia de cefaleas frecuentes, sensación de mandíbula cansada cuando se despiertan, hipertonía en la musculatura masticatoria y signos dentales como desgaste y marcas en la lengua cuando se levantan (indentaciones). Aquí es muy importante el trabajo conjunto con el odontólogo. Para abordarlo contamos con tratamiento manual, tanto de la zona de la mandíbula como del cuello, educación del paciente, ejercicio terapéutico y regulación del sistema nervioso, es decir, control respiratorio, controlar el estrés, higiene del sueño, etc. Es clave ya que el bruxismo muchas veces es más neurológico que mecánico.
Para alguien que pasa muchas horas frente al ordenador y empieza a notar esa molesta tensión en el cuello que deriva en dolor de cabeza, ¿qué tres consejos prácticos le darías para aplicar ya mismo en su puesto de trabajo?
En este caso, la postura es muy importante: pantalla a la altura de los ojos, espalda bien apoyada y evitar la postura de cabeza adelantada mantenida, ya que esto sobrecarga toda la zona cervical alta, lo que puede acabar derivando en una cefalea.
Pero lo que es clave es hacer micro pausas. Cada 30 o 45 minutos levantarse, mover un poco el cuello, los hombros… cambiar de posición. Si no te mueves, el dolor va a aparecer.
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