La crítica literaria Marta Marne inició hace un año en León un club de lectura de novela negra que reúne a más de medio centenar de personas en sus citas mensuales en la Biblioteca Azcárate
Miriam Badiola / ICAL
Hay adicciones peligrosas, algunas que tienen cura y otras que persiguen a quienes la padecen a lo largo de su vida. Sin embargo, hay otras que son inofensivas, como es la adicción al crimen que invade León inducida por la crítica literaria Marta Marne, directora del club de lectura de novela negra ‘Adictos al crimen’, surgido hace un año en la capital leonesa, en colaboración con Penguin Random House y la Librería Galatea, que cuenta con más de medio centenar de personas inscritas y lista de espera para las reuniones mensuales que se celebran en la Biblioteca Azcárate, situada en la Fundación Sierra Pambley de la capital leonesa.
Marta llevaba tiempo con “muchas ganas” de montar un club de lectura de novela negra en León, tras “muchos años yendo a festivales en diferentes ciudades”, pero no sabía si “existía tejido lector de género negro en la ciudad” o “un público objetivo al que destinar la iniciativa”.

Con esa premisa como punto de partida y los ánimos de Susana Rodríguez, directora de Pamplona Negra, que la animó a plantear la iniciativa, ya que, además, “en toda la zona noroeste de España no había ninguno adscrito al grupo editorial”, Marne contactó con Penguin Random House, que tenían grupos en otras ciudades surgidos a raíz de pandemia para “impulsar que la vuelta a las librerías y el comprar los libros en las librerías de de barrio”.
“A Penguin Random House le interesó la idea y aquí estamos un año después”, comenta satisfecha la crítica literaria, al tiempo que resalta el papel “fundamental” que juega la Librería Galatea en el club, al ser “la proveedora de los libros” que se leen cada mes los miembros del club. También resulta “fundamental” el papel de la Fundación Sierra Pambley, que cede la Biblioteca Azcárate para que se puedan celebrar las reuniones mensuales.
Con todos los elementos dispuestos para la puesta en marcha del club ‘Adictos al crimen León’, Marta Marne lanzó un primer grupo que “se llenó rápidamente” y que se reúne los miércoles, por lo que abrió un segundo que se reúne los lunes y que “también se llenó”, con 30 personas en cada uno de ellos e incluso “lista de espera”.
Marne recuerda la “brutal” acogida que tuvo el lanzamiento del club, a pesar de que, en fechas previas, acudía a Galatea “medio llorosa y penosa” para pedirles que se lo contaran a mucha gente, debido al “miedo y pudor” que le daba que “no se apuntase nadie”.
En cuanto al perfil de los ‘adictos al crimen’ de León hay “un poco de todo”, a pesar de que “en otros clubes y en otras ciudades dicen lo típico de que son señoras de unos 60 años, que suelen ser el público objetivo de los actos culturales en toda España, y ¡que vivan la señoras de 60 años de nuestro país porque sostienen el tejido cultural!”.
Sin embargo, en León se dio la “curiosidad” de que el primer grupo que se creó, que se anunció por redes sociales, cuenta con “una media de edad un poco más joven, de entre 40 y 50 años, aunque sí que hay alguien que a lo mejor se acerca más a los 60 años”, mientras que el segundo grupo, que se anunció por prensa, “tiene un perfil un poquito más elevado de edad”, aunque “podrían ser muy parecidos”, ya que “no es una diferencia muy significativa”.
Así, tal y como señala la directora del club de lectura, el grupo de los lunes “ son lectores de más largo recorrido de género, que llevan muchos años leyendo género y controlan un montón”, por lo que son “más exigentes”.
Dos únicas reglas
“El club solamente tiene dos reglas”, explica su directora. La primera de ellas es “que se respeten las opiniones de todo el mundo”, porque “cualquier opinión sobre los libros es válida y respetable, siempre y cuando no se falte al respeto de los demás”.
La segunda es que los participantes avisen “si van a faltar más de lo normal”, debido al sentimiento de que “si hay unión de grupo y sentido de pertenencia, la dinámica es muy diferente”. “No pedimos un compromiso de pasar lista, pero que, si vas a faltar cuatro o cinco meses, te plantees si merece la pena que le dejes tu silla a otra persona”, puntualiza.
Para la selección de las lecturas de cada mes, Marta Marne trata de “variar un poco entre la novedad y alguna que sea de fondo”. Así, por ejemplo, durante las navidades, los miembros del club leyeron un libro del comisario Montalbano, de Andrea Camilleri, pero en otras ocasiones también se leen novedades, para las que, además, el grupo Penguin Random House ofrece de vez en cuando la posibilidad de traer a los autores, algo que supone “un extra muy grande para los lectores” por “poder conocerles y preguntarles todas las dudas que tengan”, lo que, “además de crear un lector, crea cantera para que se quiera comprar el resto de sus libros y acercarse más a su literatura”.
Marta también trata de “tocar distintos subgéneros”, de forma que ‘Adictos al crimen León’ aborda ‘el true crimen’, el ‘cozy crime’, misterio o ‘thriller’ para “ver también las distintas facetas que hay dentro del género”.
En cada sesión, Marne ofrece a los asistentes “una pequeña introducción de por qué ese libro puede ser relevante y qué aporta en un momento determinado”, tras lo que se inicia un debate entre los asistentes sobre la opinión que les suscita.
“Una cosa milagrosa”
La crítica literaria Marta Marne echa hoy la vista atrás al mes de marzo del pasado año, cuando se lanzó al mundo el club de lectura ‘Adictos al crimen León’ y hace un balance “súper positivo” de su primer año de andadura.
“Es cierto que el grupo de los lunes tardó un poquito más en arrancar y en consolidarse el sentimiento de equipo, pero ahora funciona súper bien y con muy buena dinámica”, comenta, al tiempo que califica de “una cosa como milagrosa” el caso del grupo de los miércoles, ya que “según arrancó había una conexión brutal entre la gente”.
“La gente me dice que aprende mucho del género negro con lo que yo les aporto, pero no se dan cuenta de que ellos aprenden de una persona y yo estoy aprendiendo de 60”, explica, agradecida del “valor” que se está llevando “de los distintos enfoques de los socios, de cómo leen los libros y de cómo los ven”.





