La paz, la diplomacia y la dignidad humana, en la ofrenda a la Virgen de la Calle

La alcaldesa, Miriam Andrés, apeló a la justicia, la diplomacia y la protección de los más vulnerables durante el acto celebrado en la Catedral tras suspenderse la procesión por la lluvia.
Personas en la ofrenda a la Virgen de la Calle en Palencia
Fotografía: Ayuntamiento de Palencia

La festividad de la Virgen de la Calle se desarrolló este lunes 2 de febrero con cambios en su programación habitual debido a las previsiones meteorológicas. Tal y como trasladó la Cofradía de Nuestra Señora de la Calle el día anterior, la junta de gobierno decidió suspender la tradicional bendición de las candelas en el templo y la posterior procesión por las calles de la ciudad ante el anuncio de lluvias. En su lugar, todas las celebraciones litúrgicas se concentraron en la Catedral, donde a partir de las 12.00 horas tuvieron lugar la bendición de las candelas, una procesión por el interior de las naves y la Eucaristía.

En ese marco se celebró la ofrenda a la patrona de Palencia, protagonizada por la alcaldesa, Miriam Andrés, quien dirigió unas palabras a la Virgen de la Calle marcadas por un tono reflexivo y por una mirada que trascendió el ámbito local para detenerse en la situación internacional actual. La regidora se dirigió a la “Virgen Morenilla” con “respeto, humildad y gratitud”, destacando su papel histórico como “refugio espiritual” para generaciones de palentinos, tanto en momentos difíciles como en jornadas de celebración.

La alcaldesa, en su intervención, introdujo una petición de carácter más global, motivada por las “circunstancias complicadas” que atraviesan numerosas regiones del mundo, apoyándose en reflexiones del papa León XIV realizadas con motivo de la Jornada Mundial de la Paz.

Durante su intervención, la alcaldesa advirtió del riesgo de concebir la paz como un ideal lejano, lo que —según recordó citando al pontífice— puede llevar a normalizar la guerra como un medio para alcanzarla. En ese contexto, puso el foco en cómo la justicia y la dignidad humana se ven cada vez más expuestas a los desequilibrios de poder, especialmente cuando quienes ostentan mayores responsabilidades públicas dificultan que las relaciones internacionales se desarrollen desde una dimensión más humana. “El Papa, inspirándose en la encíclica Pacem in Terris de San Juan XXIII, señala el camino desarmante de la diplomacia, la mediación y el derecho internacional, un camino que se ve tristemente desmentido por las cada vez más frecuentes violaciones de acuerdos alcanzados con gran esfuerzo, en un contexto que exigiría no su deslegitimación, sino el refuerzo de las instituciones supranacionales», señaló.

Niños, personas mayores, mujeres y refugiados fueron mencionados expresamente como los colectivos más afectados por el avance de la pobreza, la inseguridad alimentaria, el abuso de poder y las amenazas de guerra en distintas partes del mundo.

En la parte final de su intervención, Miriam Andrés rogó ante la Virgen «para que la palabra del papa León XIV se cumpla y se reflexione en voz alta sobre aquello que muchos cristianos parecen haber olvidado: que la fe y el amor por los pobres van de la mano, que la Iglesia, como madre, camina con quienes caminan. Que guíe las decisiones de quienes tenemos la responsabilidad de servir, para gobernar con justicia, velando especialmente por la dignidad humana de los que más sufren, e interceda por un mundo tan necesitado de concordia y de trabajo en favor de un futuro más humano”.

Ceremonia de ofrenda a la Virgen de la Calle en la Catedral de Palencia
Ofrenda a la Virgen de la Calle en la Catedral de Palencia
Ofrenda a la Virgen de la Calle en la Catedral de Palencia con asistentes
Personas sosteniendo velas durante la ofrenda a la Virgen de la Calle en Palencia
Personas con velas en la ofrenda a la Virgen de la Calle en la Catedral de Palencia
Ceremonia de ofrenda a la Virgen de la Calle en la Catedral de Palencia
Ofrenda a la Virgen de la Calle en la Catedral de Palencia
Celebración de la ofrenda a la Virgen de la Calle en la Catedral de Palencia
Grupo de personas con velas en la Catedral durante la ofrenda a la Virgen de la Calle
Ceremonia religiosa en la Catedral de Palencia con la alcaldesa y clérigos
Personas participando en la ofrenda a la Virgen de la Calle en la Catedral de Palencia
Ceremonia de ofrenda a la Virgen de la Calle en la Catedral de Palencia

Por su parte, el obispo de Palencia, Mons. Mikel Garciandía Goñi, subrayó el deseo de “caminar en la senda del bien” para alcanzar la luz eterna, evocando la figura bíblica de Simeón y Ana como testigos de una espera cumplida tras años de perseverancia.

«Israel maduraba y envejecía en una espera de dos mil años, y el designio se cumplió cuando llegó la plenitud del tiempo. También nosotros gemimos y nos consumimos a la espera de una salvación que tan a menudo consideramos y sentimos como una quimera, como una ilusión», continuó diciendo: «Hoy entra en el santuario el mensajero de la alianza, como un fuego que funde el metal impuro y lo acrisola, como una lejía de lavandero que purifica y renueva. Y esa salvación viene de arriba, pero no de fuera: “de nuestra carne y sangre participó también Jesús”».

«El nuevo Israel, nosotros, también madura y envejece en la espera de su segunda venida. Y lo hacemos con una certeza mayor que la de Simeón y Ana, porque ellos vieron cumplida su espera: tomaron en brazos al niño», dijo, prodiguiendo que «nosotros, tras el Jubileo, vemos cumplida nuestra esperanza cuando cargamos con el peso vital propio y de los demás. Porque Jesús, “muriendo, aniquiló al que tenía el poder de la muerte, es decir al diablo, y liberó a todos los que por miedo a la muerte pasaban la vida entera como esclavos”.

El obispo destacó también que la fe cristiana transforma la relación entre Dios y las personas en una relación de amistad, apoyándose en palabras del papa León XIV sobre el Concilio Vaticano II. Una amistad —subrayó— cuya única condición es el amor y que invita a reflejar esa luz más allá de los gestos litúrgicos puntuales, llevándola a la vida cotidiana.

En otro momento de su intervención, Garciandía se detuvo en la imagen de Cristo como fuente de “agua viva” para quienes tienen sed, una metáfora que vinculó con la búsqueda de sentido y con la necesidad de mantener vivas las preguntas fundamentales. “Cuando no hay preguntas, no caben respuestas”, advirtió.

La homilía concluyó con una llamada directa a la responsabilidad personal y comunitaria, articulada en torno a tres preguntas: a quién se llama, a quién se busca y a quién se sirve desde la vida cristiana. En ese contexto, el obispo apeló a una Iglesia comprometida con los más vulnerables y a una ciudad que, bajo la protección de la Virgen de la Calle, mantenga vivo el mensaje de servicio, austeridad y esperanza.

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