La tasa de paro entre los jóvenes españoles (entre 16 y 30 años) ha caído del 25,2% que se registró en los tres primeros meses del año, al 30% que se ha contabilizado en los meses de abril mayo y junio.

Así se recoge en la segunda entrega del estudio ‘Juventud en riesgo: análisis de las consecuencias socioeconómicas del Covid19 sobre la población joven en España’, realizado con fuentes secundarias por el Consejo de la Juventud de España (CJE) y el Instituto de la Juventud (Injuve).

Este documento destaca que ese 30% de jóvenes en paro es también una cifra superior, también en casi cinco puntos (24,8%), a las cifras registradas en el mismo periodo del año anterior.

Del mismo modo, recoge que sólo el 33,5% de los jóvenes menores de 30 años tienen un empleo, incluyendo a aquellas que están en situación de ERTE, lo que significa que la tasa de empleo ha caído más de siete puntos porcentuales respecto al segundo trimestre de 2019, en el que esta tasa era de 40,8%.

CIFRAS NUNCA VISTAS DESDE 2010

También retrocede la tasa de actividad –que mide las personas jóvenes que están trabajando más las que están en paro y buscan trabajo de manera activa–. En este caso, el porcentaje ha caído, según indica el estudio, «hasta cotas nunca vistas en la última década»: del 54,2% del pasado año al 47,9% actual.

Los responsables de este trabajo, apuntan al fenómeno que ya se produjo en la anterior crisis, y es que gran parte de la población joven, ante la imposibilidad de encontrar un trabajo, abandona la búsqueda activa de empleo y se refugia, de nuevo, en los estudios, pasando a integrarse en la población inactiva.

Para explicar el incremento del paro juvenil, el informe también se adentra en el flujo de la EPA, que compara la situación de parte de la muestra joven entre el primer trimestre y el segundo trimestre.

Así, entre ambos trimestres, 2 de cada 10 jóvenes, un 19,8%, ha perdido su empleo, pasando de trabajar al paro o a la inactividad. Además, en el mismo periodo y simultáneamente, se registra un 56% de jóvenes recién apuntados al paro para buscar trabajo.

UNA DESTRUCCIÓN DE TRABAJO QUE NO HA SIDO HOMOGÉNEA

En este sentido, el informe destaca también una caída de la ocupación estacional de la población joven de un 14,1% interanual en julio, siendo uno de los rasgos específicos de la incorporación de las personas jóvenes al mercado de trabajo que tiene un fuerte componente estacional, al tiempo que refleja una disminución en la tasa de temporalidad entre la población joven, hasta ahora muy estable, que la sitúa por debajo del 50% por primera vez desde 2014.

Los expertos indican que si, tal como ocurrió justo después de 2008, la temporalidad disminuye, es porque muchos contratos temporales que seguían vigentes hasta entonces se extinguen o no se renuevan en un contexto en el que muchas empresas difícilmente pueden preservar su estructura de personal, concluye el informe.

Es por eso que, de manera global, puede afirmarse que la pandemia generada por el Covid19 ha supuesto una destrucción de puestos de trabajo que no se ha distribuido de manera homogénea, indica el estudio.

En este sentido, añade que, con anterioridad a la crisis económica que ha acarreado el coronavirus, «ya se advertía que la población joven era uno de los colectivos con mayor precariedad laboral por contar con una mayor temporalidad, unos menores sueldos, una mayor parcialidad, una mayor discontinuidad y un mayor riesgo de sobrecualificación». Son los llamados «puestos de trabajo vulnerables a corto plazo», apunta.

TRABAJAR CON LAS ORGANIZACIONES JUVENILES

Para los responsables de este trabajo, las cifras reflejan del mismo reflejan una pauta dual característica cíclica del sistema productivo español: las personas jóvenes, cuyos empleos son mayoritariamente temporales y precarios, son despedidas (o no renovadas) a bajo coste en épocas de crisis.

«Pero en este caso el impacto se avizora aún mayor si no se diseñan políticas específicas de consenso que puedan evitarlo», apuntan. A su juicio, «la crisis actual amenaza con impactar con mayor severidad en aquellos sectores no esenciales y de baja productividad tradicionalmente asociados a la empleabilidad joven con lo que, cuando finalicen los ERTE, la dinámica de despidos asociada a los contratos precarios de las personas jóvenes puede poner en peligro la empleabilidad de más de la mitad de la juventud española».

La presidenta del Consejo de la Juventud de España, Elena Ruiz Cebrián, ha señalado que «las personas jóvenes se encuentran en una situación de emergencia social que exige implementar medidas para no dejar atrás a toda una generación».

Cebrián ha reclamado al Gobierno que trabaje de manera coordinada con las organizaciones juveniles para adoptar políticas públicas urgentes que mejoren la situación de vulnerabilidad de la juventud.

«El gran reto que afronta nuestro país es incorporar a los jóvenes al mercado de trabajo; debemos profundizar en la línea de protección social y laboral que salvaguarda unas condiciones dignas y una calidad de vida para el colectivo joven», ha añadido María Teresa Pérez, directora general del INJUVE.

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