Hablamos con el líder de la banda barcelonesa Sidonie, que actúa en el Micro Palencia Sonora este viernes 14 de agosto. Marc Ros acaba de publicar su debut literario, un proyecto diferente que combina música y literatura y que, según avanza, tendrá largo recorrido

Aida Acitores de la Cruz

En medio de esta gira ‘‘rara’’ de festivales con distancia y mascarillas, Sidonie se encuentra en plena fase de lanzamiento de su nuevo disco, que es tan solo la mitad de un proyecto artístico global completado por la primera novela de Marc Ros, su cantante y compositor.

El Regreso de ABBA es mucho más que un simple debut literario y las canciones del álbum, que se van dando a conocer durante este verano, resultan igualmente sorprendentes para un grupo que ya nos tiene acostumbrados a canciones inolvidables y poderosos directos, como los que hemos podido ver en anteriores ediciones de nuestro festival indie.

El concierto de Sidonie en el festival Micro Palencia Sonora está programado para el día 14 en la Plaza de Toros de Palencia. Sin embargo, leyendo la novela El regreso de ABBA nos han entrado unas ganas irrefrenables de alquilar un apartamento en Cadaqués este agosto. Suerte que somos autónomos y no podemos tener vacaciones, así que ya hemos sacado la entrada y, para saciar nuestra sed mediterránea, nos conformamos con plantearle a su autor esta entrevista inspirada en ciertas frases de la novela, que puedes encontrar ya en las librerías y en formato ebook.

«Vive, déjate llevar por el artificio de la grandiosa obra de arte que es vivir». ¿Valoras más la vida después de lo que has visto esta pandemia? Vidas rotas, hospitales colapsados, dolor…

Valoro las vidas que valoran la vida. Me quito el sombrero ante las personas que se juegan la salud para salvar la vida de otras. Brindo por la gente que sigue luchando para salvar la cultura y el pensamiento. Aplaudo la inocencia de los que creemos que el mundo será un lugar mejor después de esta crisis. Los personajes de El regreso de Abba se emborrachan de hedonismo y nostalgia y yo corro el peligro de acabar igual que ellos. Ellos ya estaban incómodos con la época en la que les había tocado vivir (final del verano de 2019). Yo tengo más motivos para dejarme llevar por la nostalgia. Tengo que vivir una pandemia y tengo que ver en todos lados a personas que no valoran la vida. Dan ganas de apagarlo todo, de vestirse fino, de tomarse un oporto y leer a Jane Austen.

«La música era una mano salvadora». ¿Es balsámico tocar en festivales este verano extraño, aunque el público esté sentado a distancia y protegido por las mascarillas?

‘‘Mi vida es la música”, dice Abba en la novela, y nosotros lo cantaremos en el próximo disco de Sidonie. Cuando llegas al recinto al que vas a tocar y ves las sillas separadas por la distancia de seguridad y a un ejército de personas desinfectándolo todo crees que no vas a poder hacerlo. Pero cuando, en la prueba de sonido, suena el primer acorde, vuelve la excitación de estar en un escenario y querer compartir melodías-emociones con la gente. El público también hace un esfuerzo y nosotros lo damos todo para recompensarlo.

Efectivamente, la música es una mano salvadora y esto lo saben hasta los monos.

Abba recuperaba a veces «su timidez natural, esa que amordazaba y maniataba cuando subía a un escenario». Los directos de Sidonie son explosiones de energía que invitan a repetir una y otra vez… ¿Eres «El Otro» sobre el escenario? ¿Y cómo es Marc, fuera de él?

Todos los artistas son “El Otro” cuando suben a un escenario. Hasta los que se esfuerzan en hacernos creer lo contrario. Los que vamos a conciertos queremos ver a estos sujetos hacer magia, la que sea. Queremos entrar en una ficción y que nos cuenten un cuento.

Podría vestirme igual que el Marc de la calle para hacer conciertos pero no, yo me visto para la gran ocasión y ahí es donde “El Otro” entra en mi cuerpo y puede hacer todas esas cosas. Si fuera vestido como para ir a comprar el Ariel no podría hacerlo, de ningún modo. Necesito la máscara Kabuki.

«Nos quieren matar a elogios. Muchos grupos sufren esta muerte lenta». La búsqueda de la autenticidad artística de los personajes contrasta con los límites que les fijan los clichés del rock y el pop, la voracidad de las discográficas o la relación con la crítica musical y un público que odia y ama sin piedad. ¿Es así el mundo indie en la realidad?

Este pasaje de la novela es anacrónico. Todo eso que mencionas ya era un recuerdo a finales de los 90 y los personajes te hablan desde finales de la década de los 10 de este siglo. Hice trampas para hacerlo más entretenido Ahora todo es más correcto pero más aburrido. Echo de menos la arrogancia de los capos de las compañías, de los críticos y de los músicos. El snobismo suave y lo políticamente correcto no es material literario. No hace falta destrozar una habitación de hotel o pegarse con un crítico musical, bueno… un poco sí.

«El odio es pop, ha vuelto, ¡y de nuevo lo puedes votar!». ¿Qué opinas de esos odios pop y tuiteables? ¿Estás en su diana alguna vez?

Hemos estado en la diana literalmente. Cuando empezábamos nos tiraban de todo al escenario. Recuerdo una vez que nos tiraron una bandera en llamas y ¡una guitarra española! Nos hemos alejado del centro. Quizás es culpa nuestra. Ya no somos tan molestos. En las redes sociales el insulto se ha convertido en algo poco ingenioso. No apetece ser provocador cuando la crítica que recibes es tan previsible que aburre.

Un libro que «suena» cuando lo lees, unos personajes cautivadores que desearías escuchar en directo en la vida real, unas canciones que vuelven a meterte en la novela después de leerla. ¿Qué has descubierto en este experimento creativo y multidisciplinar?

Me he dejado la piel para crear unos personajes creíbles. He puesto tanto cariño en los tres protas como en los secundarios. Para mí se lo merecen todo y si hace falta hacerles un disco para que sigan corriendo pues se hace. Por cierto, el disco de El regreso de Abba será doble. Mi amor por ellos es de doble album.

Dice Abba: «Quiero tener esta profesión, pero sin la mandanga. Es complicado. ¿Vivir o crear?». Pues eso: ¿vivir o crear?

Crear. Prefiero vivir menos si con esto puedo crear un espacio de felicidad a los que me lean o escuchen a Sidonie, aunque sea pequeño. Ojalá pudiera crear desde la estabilidad; “sin la mandanga” como dice Abba, pero no conozco otro estado. Lo preocupante es ver que todos los artistas a los que admiro han creado su mejor obra en una situación de ansiedad e inestabilidad.

«La belleza, si existía, se reiría de todos los debates por definirla». A riesgo de que lo haga, terminemos definiendo qué es para ti la belleza

El otro día me encontré a la belleza y me dijo: cuando tengas problemas por definirme símplemente llámame Brigitte Bardot.

 

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