Puentecillas es el curioso nombre del puente que cruza el Carrión a la altura de la Catedral. En los textos más antiguos aparece reseñado como “las Pontecillas”, en femenino.

Es, sin duda, el paso del río más antiguo que conservamos, ya que su origen, según parece, se remonta a la presencia romana en la ciudad. No obstante, del puente romano original no queda nada. Su estructura actual se debe a la reconstrucción medieval, financiada por el canónigo Juan de Ayllón, en el siglo XV. El puente daba acceso al populoso barrio de San Juan que, poco a poco, fue abandonado, ocupando su terreno huertas y sembrados. La población se desplazó alrededor de la catedral.

Resulta difícil trazar la historia de este puente que, seguramente, dado su pequeño tamaño, sufrió continuamente los envites de las crecidas del río, tan habituales hasta la construcción de los pantanos y la regulación de los cauces. De hecho, en 1525 se aprobó una profunda remodelación para la que el Cabildo aportó 800 ducados. Al terminar la obra en 1526, se realizó una inscripción en una piedra de los arcos, para dejar constancia de ella (según la Silva Palentina).

Siguiendo de nuevo la Silva Palentina, poco duró la reparación, pues en 1527, unas grandes crecidas derribaron uno de los arcos. En el año 1600 se hizo una reconstrucción a cargo de Juan Gil de Ramales, maestro de cantería de Dueñas. Y así podríamos seguir en una historia casi interminable de arreglos y reparaciones. En alguna riada, se derrumbó un arco del puente, siendo reemplazado por uno de madera que llegó hasta el siglo XIX (suponemos que, también, con continuas reparaciones). En el siglo XIX se reparó Puentecillas, poniendo fin al arco de madera y sustituyéndolo por uno de piedra, aunque seguirían las constantes obras.

No sabemos con exactitud si el puente tuvo desde sus orígenes esta doble salida del lado conocido como Sotillo de Los Canónigos. Es de suponer que el puente, originariamente, fuese recto y, en algún momento, se construyó el ramal que lleva directamente al paseo de los canónigos, quizás en la reconstrucción debida a Juan de Ayllón.

Lo que sí es cierto es que Puentecillas perdió relevancia con la construcción del Puente Mayor, quedando relegado, exclusivamente, como acceso a la zona de huertas. Sin embargo, hoy en día es un puente que suscita mayor aprecio y admiración. Ante él han “reubicado” el conocido como “bolo de la Paciencia”.

Javier de la Cruz Macho es Doctor en Historia y profesor de Enseñanza Secundaria.

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