Ha sido y aún continúa siendo uno de los colectivos más afectados en esta pandemia que atraviesa el país. Nuestros abuelos están viviendo un drama con esta situación ya que se están viendo obligados, por la salud de todos, a estar separados de sus hijos, nietos y demás familiares. El distanciamiento social con los suyos se ha convertido en un arma de lucha contra el Covid y aunque resulta una medida muy dura tanto para los abuelos como para sus allegados, resulta vital cumplirla. Es aquí donde juegan un papel fundamental los trabajadores de las Residencias de Ancianos, los cuales, si ya lo eran antes de que llegara toda esta crisis sanitaria, ahora aún más se han convertido en su principal punto de apoyo y de cariño

La Residencia La Milagrosa, de Baltanás, es un claro ejemplo de compromiso hacia los mayores que viven en estas instalaciones. La situación actual ha promovido una serie de medidas, como la adaptación de las dependencias para que estas sean más seguras para los residentes. En este sentido, y es algo que los familiares aún no han podido ver ya que no está permitida la entrada de visitantes al interior, es la remodelación que se ha realizado en la planta baja convirtiéndola en una sala única-multifunción. “Hemos unido toda la planta junto al hall para poder separar las sillas y que se mantenga la distancia social”, señalan desde el centro.
Asimismo, las visitas de los familiares, que se han restringido a una sola al día y durante un tiempo máximo de 30 minutos, se llevan a cabo en una sala adaptada con una pared de cristal para que no haya contacto y, por lo tanto, ningún peligro para los abuelos.
Durante todo el confinamiento -y actualmente- se siguen impartiendo las sesiones de terapia ocupacional gracias a la terapeuta que ha trabajado de forma individual en cada habitación. “Durante estos meses los mayores han perdido mucho tanto a nivel físico como cognitivo, por ello estas sesiones han sido muy importantes para ellos”.
Otra de las medidas que se han adoptado en la Residencia La Milagrosa es la adquisición de test rápidos y por una razón muy sencilla que explican desde el propio centro. “Si un abuelo presenta unas pocas décimas de fiebre antes de tener que aislarle, que es una verdadera pena, le hacemos el test y así descartamos que se trate del Covid”.
Asimismo, el personal de esta Residencia de la Tercera Edad, un total de 20 trabajadores, lleva a cabo diariamente un estricto y minucioso protocolo de seguridad, tanto al entrar como al salir del centro a lo que se suma la prueba de PCR que se han tenido que realizar a la vuelta de vacaciones.
El control y registro de temperaturas, oxígeno en sangre de usuarios así como de los visitantes y de personal que entra en el centro queda registrado. Diariamente se notifica esta información al Centro de Salud.
En estos tiempos es esencial cumplir con el protocolo de seguridad sanitario marcado con el fin de cuidar a la población en general y en especial la salud de nuestros queridos abuelos. Queda demostrado que en Baltanás, en la Residencia La Milagrosa, se han llevado a cabo todas las medidas, y más, para que los más vulnerables en esta pandemia puedan seguir recibiendo el cariño de sus familiares y vivan su día a día de la mejor y más segura forma posible.

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