Con ceremoniosidad, gestos pausados y simetría cuidada, la Cofradía del Santo Sepulcro protagonizó este Viernes Santo la Función del Descendimiento, una tradición recuperada en 2003 que había sido especialmente popular durante el siglo XVII en Palencia, en la que se representa, ante la Catedral, los momentos en los que la Virgen María llora la muerte de Cristo, que es descendido cuidadosamente de la Cruz tras retirarle la corona y los clavos.
El «Cristo del desenclavo», de Miguel Ángel Rojo, era descolgado por los cofrades del Santo Sepulcro ataviados con hábito monacal, en una escenografía caracterizada por una sobria belleza, ante las miles de personas que se agolparon en la Plaza de la Inmaculada, después de varios años en los que el mal tiempo había impedido disfrutar de este momento cumbre del Viernes Santo.
Una función que dio paso a la solemne la procesión de la Pasión y Santo Entierro, que se inició con los pasos cruzando la Puerta del Obispo, en las que se mostraron las imágenes del Santísimo Cristo del Perdón (Miguel Ángel Rojo, 2003); Santísimo Cristo de la Misericordia (Juan de Valmaseda, s. XVI), El Calvario (Miguel Ángel Rojo, 2007), N. P. Jesús Crucificado y N. M. Dolorosa (Alejo de Vahía, s. XIV · Anónimo, s. XIX), Descendimiento de Jesús (Miguel Ángel Rojo, 2002), Santísima Virgen de la Piedad (Hermanos Martínez, 2004), Nuestra Señora de la Soledad (Anónimo, s. XVIII), Santo Sepulcro (Ramón Núñez, 1927 [h]) y la Virgen de los Siete Dolores (Vicente Espinet, 1906).
Se contó también con el acompañamiento musical de las bandas Cristo de la Misericordia (Palencia), Banda Sinfónica de Cigales, Banda Municipal de Palencia y la Camerata Vocal Bella Desconocida. En la Plaza Mayor, Gonzalo Aparicio Cordón y Alfonso Asensio Bartolomé interpretaron, a voz y violonchelo, el Miserere.















































