Cuando se cumplen cinco siglos de la Batalla de Villalar que marcó el ocaso del movimiento comunero, el lugar de eterno descanso del líder de esta revuelta, el toledano Juan de Padilla, sigue siendo un misterio, sin que se sepa a ciencia cierta si fue enterrado en la misma villa vallisoletana o si su cadáver fue trasladado, como se autorizó en su momento, al desaparecido monasterio de La Mejorada en Olmedo, también en Valladolid.

Capturado Padilla en Villalar, el capitán toledano fue condenado a morir decapitado al igual que los líderes de las comunidades de Segovia y Salamanca, Juan Bravo y Francisco Maldonado, respectivamente.

Tras la ejecución, los gobernadores del Consejo Real que administraba Castilla en ausencia del rey Carlos I y que hubo de hacer frente a los comuneros, se opusieron a que los restos de Padilla se llevasen a enterrar al sepulcro de su familia en Toledo, a fin de que no sirviesen de reliquia que alentase nuevos levantamientos, pero sí autorizaron que se depositasen en La Mejorada.

No obstante, no se conoce con certeza si el cadáver del capitán toledano llegó a Olmedo o fue enterrado en el mismo Villalar, donde su viuda, María Pacheco, sitúa los restos de su marido cuando dispuso, poco antes de morir, que fueran llevados allí sus huesos a fin de reposar junto a los de Padilla.

Pacheco, conocida como ‘la leona de Castilla’ y líder carismática del movimiento, hubo de exiliarse a Portugal tras la derrota comunera, de donde procedía parte de su linaje, y allí falleció diez años después del ajusticiamiento de su marido.

MARÍA PACHECO, ENTERRADA EN OPORTO

Debido a la oposición de Carlos I, sus restos no pudieron regresar a Castilla y fue enterrada en la Catedral de Oporto, donde quedaron de forma definitiva a pesar de que inicialmente ella quiso que fuera un reposo temporal antes de descansar junto a los de Padilla, cosa que no llegó a producirse, como recoge el recientemente fallecido historiador francés Joseph Pérez.

También el investigador y escritor Jesús Anta Roca alude al enterramiento de Padilla en La Mejorada, sin que se conozca qué ocurrió con sus despojos, puesto que el monasterio fue desamortizado y actualmente sólo se conservan algunas partes del mismo.

No acabó ahí el castigo de Padilla, cuya casa en Toledo fue arrasada y sembrada de sal por orden del corregidor Juan de Zumel, después de lo cual se erigió una columna de mármol sobre el solar que recordaba la sentencia de Villalar.

En 1525, Gutierre López de Padilla, hermano del caudillo comunero, reclamó y le fue concedido el mayorazgo de Juan, confiscado por la hacienda real. Sin embargo, no pudo vencer la resistencia del rey, quien nunca autorizó la reconstrucción la casa ni la retirada de la inscripción que recordaba la «traición» contra el monarca.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingresa tu comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí