La cultura es vacuna

Entre días grises y cenizas emociones, entre la ansiedad y la desesperanza. Ante el dolor punzado por la estadística diaria de contagios, fallecidos e ingresos hospitalarios, a veces uno llega a creer que todo está perdido. Llega a dudar que esta humanidad nuestra tenga redención alguna en una tercera ola que azuza (o debería) la peor de nuestras vergüenzas, por el fracaso colectivo que supone.

Y entonces, cuando parece que el invierno definitivamente no acabará jamás, que las vacunas llegarán tarde y que nuestra economía terminará de desmoronarse, solo hay una
solución.

El famoso Adagietto de Gustav Mahler, Cuarto Movimiento de su Sinfonía Número 5, es la declaración llena de amor y esperanza que le dedicó a su esposa Alma. Un hombre que vivió marcado por el dolor y la muerte de varios miembros de su familia y que compuso esta delicia poco tiempo después de sufrir una hemorragia digestiva que a punto estuvo de costarle la vida.

La cultura es sanadora. Es la mejor vacuna para el alma y la tenemos a nuestra disposición, aquí mismo. La cultura aprende a sortear las restricciones, mejor todavía de lo que lo hace el virus. Y si no puede contagiarnos el espírtu desde la butaca de un teatro, lo hará desde nuestro salón, libro en mano. O a través de nuestros oídos, con esta maravillosa orquesta de cuerda que dirige Gustavo Dudamel.

Pase lo que pase, mientras superamos esto, nosotros lo tenemos claro: nos agarraremos a ella, la cultura, para vacunarnos frente a la indiferencia y la desesperanza.

Fuerza, Palencia. Y cultura.

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