El deporte base palentino tiene nombre propio cada semana en esta nueva sección, un espacio que pone el foco en los más jóvenes de los clubes de la capital y la provincia. A través de pequeñas entrevistas, sus protagonistas cuentan cómo empezaron, qué les aporta el deporte y cuáles son sus metas dentro y fuera de la competición.
“Yo soy un jugador que no he destacado nunca, porque hay otros de mi equipo que han destacado mucho más que yo”, reconoce con naturalidad Javier del Olmo (Palencia, 17 años), jugador juvenil del Balopal. Y, sin embargo, su recorrido se sostiene en otra base, igual o más importante que el propio talento: “Siempre he querido mejorar, siempre he estado atento a las explicaciones… El trabajo constante y el querer mejorar todos los días creo que es lo que me ha hecho destacar más”.
Lateral derecho, en categoría juvenil de segundo año, lleva ligado al balonmano prácticamente desde que tiene memoria. “Llevo jugando casi desde los seis años. Me vino la afición por mi padre, que siempre ha jugado al balonmano”, explica. Aunque empezó más vinculado al fútbol, el cambio fue rápido: “Me pasé al balonmano rápidamente, y desde ahí, hasta ahora, encantado”.
En su evolución, pone el acento en los entrenadores que ha tenido en etapas iniciales y en lo aprendido con el tiempo. “De pequeño no era un jugador que fuese mucho a gol, era más tímido. Pero poco a poco fui cogiendo confianza y me fui atreviendo más poco a poco”, recuerda. También en los valores que le han marcado: “El primero es el respeto. Luego el compañerismo y el compromiso. Cuando tienes un verdadero equipo, tienes un compromiso por ayudar al de al lado que es increíble”.
Ese perfil encaja con el rol que ocupa desde hace años dentro del vestuario. “Soy capitán desde hace cuatro o cinco años”, señala. Una responsabilidad que asume con naturalidad: “Nunca he tenido miedo a hablar con un entrenador o comentar ciertas cosas a los compañeros. No me temblaba la voz para tener que hacerlo”.
En el último año ha pasado por una lesión de ligamento cruzado que le ha apartado de la pista durante un largo tiempo. “Ha sido muy duro y muy largo”, admite. El momento, además, llegó cuando el equipo estaba en uno de sus mejores tramos: “Fue un palo porque estábamos en la mejor parte de la temporada”. Sin embargo, destaca el proceso más allá del resultado: “Con el apoyo de la familia, de los amigos y sobre todo del equipo se ha hecho más llevadero”.
En ese periodo, lejos de desconectar, reforzó su vínculo con el balonmano desde otro ángulo, como entrenador de base. “Entreno a alevines de segundo año y la verdad que es muy bonito. Ver cómo los niños están volcados como si fuéramos sus ídolos es una sensación muy especial”, explica. También le sirvió para mantener la motivación: “Yo siempre les decía que iba a volver a jugar, y he luchado cada día por eso”. El regreso llegó recientemente, en el torneo de Corrales, y no pudo ser más significativo. “Fue súper bonito. El primer partido pude meter cuatro goles y fue una vuelta increíble”, recuerda.
El Balopal juvenil, vencedor del Torneo Nacional de Corrales más de diez años después
Más allá de lo individual, también pone en valor el crecimiento colectivo de su generación. “No hemos sido un equipo que haya destacado mucho, pero venimos haciendo un trabajo muy silencioso que al final ha dado sus frutos”, señala. Ese proceso tuvo recompensa en Corrales: “Darte cuenta de los años atrás y conseguirlo ha sido muy bonito”.
En el presente, su objetivo para por el sector juvenil, y, a partir de ahí, «disfrutar de cada partido”, afirma. Sin perder de vista el crecimiento personal y del grupo: “Intentar mejorar y hacer mejores también a los compañeros”. En el Balopal, donde empezó siendo un niño, ha encontrado una familia. “Es todo. Son todos los valores que he aprendido desde pequeño: saber perder, saber ganar, competir y tener la cabeza cuando hay que tenerla”, resume.
Su lado más personal
En lo deportivo, sus referentes hablan también de esa mentalidad. “Siempre me ha gustado Kobe Bryant por su mentalidad y su visión de la vida. Me he leído varias veces su libro; y también Ilia Topuria”, explica. Un enfoque que conecta directamente con su propia experiencia, especialmente tras la lesión: aprender a sostenerse, insistir y seguir. «Durante la lesión me ha ayudado bastante», comenta.
Más allá de la pista, deja ver también su lado más personal. Su comida favorita confiesa que es la tortilla de su madre. En cuanto a series, se queda con la española ‘El Príncipe’. En el apartado musical, su artista de referencia es Bad Bunny y, en cuanto a hobbies, señala que le encanta escuchar música. «Incluso las batallas de gallos me gustan mucho», anota. De cara al futuro, le gustaría ser profesor de Lengua. Y si pudiera elegir un destino, le gustaría viajar a Grecia o Noruega.




