Este 2026, en España se diagnosticarán cerca de 300.000 nuevos casos de cáncer, según datos de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN). De hecho, 8.000 se diagnosticarán a jóvenes adultos de 20 a 39 años, según estimaciones de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). Detrás de estas cifras hay historias personales que rara vez trascienden si no se viven de cerca y que pueden servir como reflejo de cómo alguien tan joven afronta, asimila y sobrelleva un proceso así.
Es el caso de Mario Martínez, joven palentino de 23 años que, además, es jugador del Unión Popular Palencia. En los últimos meses ha tenido que aprender a frenar, a convivir con la enfermedad y, poco a poco, a reconstruir su rutina, con el fútbol como uno de sus principales apoyos.
Todo empezó en enero de 2025, cuando notó unos bultos «un poco raros» en el cuello y decidió ir al médico. “Yo primero lo tomaba como una revisión más… sin llegar a pensar lo que podía ser”, recuerda. Las pruebas fueron llegando poco a poco, sin una respuesta clara de los médicos. “Todo fue un poco lento… pruebas, ecografías…”, explica. Mientras tanto, su vida seguía con normalidad. Incluso pasó el verano trabajando en Asturias sin saber exactamente qué le ocurría.
Hasta que la noticia llegó en septiembre, con una llamada de su padre mientras estaba en clase: “Llámame, que tienes que venir”. En el hospital le esperaba la noticia que nadie quiere escuchar. “El doctor nos dijo que ya tenían los resultados… que era maligno, que era cáncer”. Se trataba de un linfoma Hodgkin, un tipo de tumor que suele aparecer precisamente en personas jóvenes y que, además, presenta uno de los mejores pronósticos dentro de los cánceres, con tasas de supervivencia muy elevadas, según datos de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia. El golpe de recibir el mensaje fue complicado, pero el médico les dio mucha tranquilidad. “Nos dijeron que las previsiones eran súper buenas, un 99% de que saliese bien”, cuenta. Por eso, incluso en ese instante, «salí mucho más tranquilo que momentos previos a la noticia”.
“Ves gente que lo está pasando muy mal y te das cuenta de la realidad”
A partir de ahí ya empezó el tratamiento. Con sesiones periódicas de quimioterapia, cada 15 días o tres semanas. “El doctor ya nos comentó que para curarme tenía que pasar por quimioterapia”, explica. No fue tanto el dolor como el contexto lo que más le impactó. “Ves gente que lo está pasando muy mal y te das cuenta de la realidad”, dice. En ese camino, el apoyo más cercano fue muy importante: “Me acompañaba mi padre o mi madre, que se lo agradezco totalmente”.
A partir de ese momento, su día a día cambió por completo. De tener una vida activa, ya que es una persona que, tal y como señala, es de estar siempre en constante actividad, a tener que parar. Algo que reconoce, no resultó sencillo. “Soy bastante movido… no me gusta estar parado sin hacer nada”, reconoce. Pero tuvo que hacerlo. La «suerte», tal y como lo anota, es que le pilló en época de invierno y no en verano. Tuvo que descansar, estar en casa, convivir con el tiempo y con sus propios pensamientos. “He tenido que estar más tiempo conmigo mismo. Intentando buscar la forma de entretenerme sin hacer nada”, explica. En ese parón también encontró algo que ahora valora más que antes: la familia. “He tenido la suerte de poder estar con mis padres… no valoramos tanto esos momentos de unión”, reflexiona. «Gracias a esto también he podido valorar más eso y también cosas muy banales, pasar a hacer puzles, cocinar, bastantes cosas así», comenta.
El fútbol pasó a un segundo plano, aunque nunca desapareció. También era una vía de escape. Mario había empezado la temporada con su equipo en septiembre. Llegó a jugar, pero tras el diagnóstico tuvo que parar. “Los médicos me dijeron que parase porque llevaba una vida demasiado ajetreada”, cuenta. Aun así, no se alejó del equipo. Seguía yendo a ver a sus compañeros, apoyando desde fuera. Y ahí encontró otro de los pilares fundamentales de todo el proceso. “Nunca había estado en un grupo tan unido. La amistad que tenemos es muy grande”, asegura.
El Unión Popular Palencia, donde juega desde hace tres temporadas y que además está inmerso en una temporada exigente en Primera Provincial con el objetivo del ascenso a Regional, respondió como un equipo de verdad. Cuando comunicó su situación, la respuesta fue de un apoyo total: “Me dijeron: lo primero, recupérate y, lo segundo, que te esperamos”, a pesar de que iba a estar fuera de los terrenos de juego seis meses, más o menos. “Me dijeron que no iban a poder contar conmigo en lo deportivo, pero sí totalmente en lo personal”, recuerda.

Ese respaldo se notó en el día a día y en gestos como, por ejemplo, el homenaje que le hicieron en su vuelta el pasado mes de marzo, cuando los médicos le dieron la luz verde a volver a jugar. “Fue muy bonito. Estoy muy agradecido”, dice. Para él, ese entorno ha sido clave: “Gran parte de que haya salido todo tan bien es gracias a ellos… si la gente que quieres y que te quiere está a tu lado es mucho más fácil”. Esa vuelta al campo fue lo que más esperaba: “Durante todo el proceso era lo que más quería. Era mi rutina de vida”, reconoce. Además, el regreso no solo estaba permitido, sino recomendado: “La médica me dijo que me convenía hacer deporte y estar al aire libre”.
Y así volvió a entrenar, a competir, a sentirse futbolista otra vez. “Muchísimas ilusiones”, resume sobre ese momento. Volver a compartir vestuario y rutina con sus compañeros le hizo valorar todo de otra manera: “Volver a entrenar con ellos como antes lo valoras mucho más”. Y es que Mario es muy, muy futbolero. Prueba de ello es la cantidad de bufandas de distintos equipos que posee en su habitación.

A día de hoy, ya hace vida normal. El 30 de marzo recibió la última sesión de quimio. Entrena, va al gimnasio y sigue con sus estudios de cocina en el Virgen de la Calle, donde también ha encontrado un gran apoyo. “Somos un grupo pequeño, son muy comprometidos y siempre han estado en clase intentando hacer que todo sea mucho más leve y que todo fuese mejor», cuenta.
Pero si algo ha cambiado, destaca, es su forma de ver la vida. «Me doy cuenta de que tenemos una vida que nunca es como nos gusta. Entonces, cuando te pasa algo así dices ‘bueno, igual sí que me gusta más mi vida de lo que pensaba’”, reflexiona. “Intento ser más empático, más solidario… buscar esa conexión entre las personas”, añade. Además, junto a su familia se han hecho miembros de la Asociación Española Contra el Cáncer, para aportar su granito de arena a la causa.
Cuando mira atrás, con los meses que ha pasado, destaca que «hay que mirar para adelante y sobre todo ser positivos”, dice. Y ese es también el mensaje que lanza a quien pueda estar pasando por algo parecido: “Esto puede ir para cualquier persona… yo estaba completamente bien en mi día a día”. Por eso insiste en lo importante: “Cuidarse, hacer deporte, comer bien, llevar una vida sana… y si tienes una situación complicada, intentar que tu entorno te apoye y cuidar de tu entorno. En resumen, estar preparado para poder vivir de forma feliz pero sabiendo que en cualquier momento puede pasar cualquier cosa”. Porque escuchar al cuerpo, aunque a veces dé miedo, puede ser el primer paso para llegar a tiempo.







