La gama de color y de ambientes que vivió ayer el Palencia Sonora, seguramente, quedará marcada en la historia como uno de los sábados de festival con mayor participación. Y es que, además del lleno absoluto, y de principio a fin, que registró el Parque del Sotillo, muchas de esas pandillas que se han quedado sin entrada abarrotaron ayer las calles durante los conciertos vermut, abiertos al público general, y siguieron disfrutando de un tardeo en las terrazas marcado por el buen tiempo. Palencia Sonora, más allá de la música, tiene esa capacidad: generar ganas de disfrutar, compartir y reír, con o sin entrada para el recinto cerrado.
Si Ojete Calor debía poner la nota de humor, congregando a pequeños y mayores ante el escenario dispuestos a bailar exitazos como «Mocatriz», uno de los momentos más esperados del festival llegó con Siloé, una banda muy querida por los palentinos, que la sienten como propia y que la han visto crecer, año tras año. Y ayer, lo que los asistentes al Sonora comprobaron fue que la evolución del directo de este trío vallisoletano no tiene límites: cuando se sienten queridos, como ayer, lo dan todo.
Grupos como Los Estanques y el Canijo de Jerez o Marlene aportaron su cota de energía y emoción con sus actuaciones en el festival, en el que la banda Veintiuno, que regresaba tres años después al Sonora, demostró por qué se está convirtiendo en uno de esos grupos de los que hablaremos durante mucho tiempo.




























