Sonorama no se entiende del todo desde casa, mirando un cartel en una pantalla. Se entiende llegando a Aranda de Duero en agosto, dejando el coche donde se puede, cruzándose con gente que lleva la pulsera puesta antes de tiempo y comprobando que la ciudad ha cambiado de ritmo. Quien ha estado allí lo sabe. Durante esos días, Aranda no acompaña al festival. Aranda es parte del festival.
La edición de 2026 se celebrará del 5 al 9 de agosto y volverá a reunir música, gastronomía y calle en una fórmula que Sonorama Ribera lleva años defendiendo con una personalidad muy reconocible. No es solo una sucesión de conciertos en un recinto. Es también lo que ocurre antes y después de cada directo. La conversación en un bar, el paseo hacia otro escenario, el concierto que no estaba en tus planes y acaba justificando media jornada, la Plaza del Trigo cuando se aprieta, la mezcla de público veterano y gente que llega por primera vez con la misma cara de curiosidad.
El cartel anunciado para 2026 tiene nombres de sobra para mirar la programación con calma. Por Aranda pasarán Crystal Fighters, Iván Ferreiro, La Pegatina, León Benavente, Guitarricadelafuente, Rigoberta Bandini, Carlos Ares, Love of Lesbian, Sexy Zebras, Niña Polaca, Samuraï, La M.O.D.A., Leiva, Ojete Calor, Valeria Castro, Xoel López, Drugos, La Regadera y Niños Bravos, entre otros artistas repartidos entre el miércoles 5 y el domingo 9. Hay propuestas para cantar fuerte, para escuchar con atención, para bailar sin demasiadas explicaciones y para descubrir bandas que quizá dentro de unos años recordemos haber visto en Aranda.
Quienes vamos a muchos conciertos sabemos que el directo tiene algo que no se puede sustituir. Ni por una lista, ni por un vídeo, ni por una crónica escrita con prisas. En un festival se nota enseguida cuándo una canción levanta al público, cuándo una banda llega con verdad y cuándo un escenario se queda pequeño para lo que está pasando. Sonorama ha vivido muchos momentos así y por eso mantiene una relación tan fiel con su público. No todo depende del cabeza de cartel. A veces lo que te traes de vuelta es un concierto a deshora, una versión inesperada o una voz que no tenías localizada.
También ayuda que Aranda no sea un decorado. La ciudad tiene peso, carácter y una relación muy natural con el festival. La Ribera del Duero, la hostelería, las calles llenas, los encuentros que se repiten año tras año y esa forma de vivir agosto hacen que Sonorama tenga un sabor propio. Hay festivales muy grandes, festivales muy cómodos y festivales muy bien producidos. Sonorama, además, tiene sitio. Un sitio reconocible al que la gente vuelve.
Los bonos y bonos VIP para Sonorama Ribera 2026 están a la venta a través de la web oficial del festival, www.sonoramaribera.com, donde figuran también las opciones de compra, la venta mediante Ticketmaster y el suplemento de zona de acampada. Conviene mirarlo con tiempo, porque Aranda en agosto no se improvisa del todo. Y quizá ahí esté parte del secreto. Sonorama empieza antes de que suene el primer grupo. Empieza cuando se organiza el viaje, cuando se cuadran los días, cuando se avisa a los amigos y cuando uno vuelve a pensar que, si todo encaja, este año también toca Aranda.




