Nemesio Cuadrado, más conocido como Neme, no es un peregrino al uso. Cuando el pasado 24 de julio partió desde Saint Jean Pied de Port, llevaba en su mochila un propósito claro: caminar 825 kilómetros, en 33 días, con el fin de recaudar fondos para la Asociación de Esclerosis Múltiple de Palencia.
«La verdad es que tenía muy claro por qué lo hacía», asegura Neme. Y es que esta aventura no nace de un afán de superación personal sino de algo mucho más profundo, nace del amor a su mujer, diagnosticada con esclerosis múltiple hace más de dos décadas.
Neme ha andado cada kilómetro pensando en esta entidad que lleva años arrastrando una carencia que lastra su labor. «Tienen un local muy pequeño de 35 metros cuadrados con solo tres máquinas, ahí solo pueden hacer la rehabilitación de uno en uno. Y la verdad es que, como mejor se hace es en grupo», explica. «Estoy reivindicando que les den un local más grande, porque en una ciudad como Palencia, que tiene más de 400 afectados con esclerosis múltiple, creo que es necesario».
Y para poder ver cumplida su petición, a través de esta aventura Neme ha puesto su granito de arena, aportando a la causa 7.600 euros, que es el dinero que ha logrado recaudar con esta hazaña. “Ahora solo queda que las instituciones respondan”.
Pero no todo ha sido una balsa de aceite en este recorrido, ya que Neme se ha tenido que enfrentar a tramos muy duros, con travesías exigentes como los Pirineos, el Alto del Perdón o el Cebreiro. «Aquí todo ha sido pura fuerza. Y la verdad es que la gente en las redes sociales y en los medios de comunicación me ha dado mucha fuerza, sentía que tenía que conseguirlo paso a paso». Reconoce que ha tenido algún bache por la inflamación de la rodilla, ya que tiene prótesis, pero su filosofía ha sido clara, «despacio y descansando, al día siguiente podía otra vez hacerlo».
El encuentro que el Camino le regaló
El Camino de Santiago tiene esa magia de poner en la misma senda a personas que, sin saberlo, comparten destinos. Neme vivió uno de esos momentos que marcan una travesía.
«En Ponferrada había una peregrina de Cataluña esperando a una amiga que venía a hacer el camino desde Ponferrada. Resulta que ella tenía esclerosis múltiple. Estuvimos hablando y he tenido el placer de acompañarla varios días andando. Ver la fuerza que sacaba para conseguir la etapa ha sido lo más bonito», recuerda.
Pero hubo más momentos bonitos que vivió este vecino de Villamuriel de Cerrato en su camino, como en el trayecto entre Frómista y Carrión de los Condes, en el que más de 70 vecinos de Villamuriel, Palencia y otros puntos se sumaron a la marcha.
Pero si hay un pilar fundamental en esta historia, ese es su mujer. «Ella es la que me da fuerza a mí», dice emocionado.
Una vez alcanzada por fin la plaza del Obradoiro, allí le esperaban representantes de la Asociación con un ramo de flores y una banda. «Me emocioné tanto que no podía ni hablar», confiesa.
Su mensaje final es claro. Su única ambición es que las personas que conviven con la esclerosis múltiple puedan rehabilitarse juntas, compartir, hablar de cualquier cosa «menos de la enfermedad» y sentirse acompañadas. Porque, como él mismo dice, «esa es la mejor terapia que puede haber».












