Jesús García-Prieto / ICAL
Más de cuatro décadas después de que unas primeras obras se colocaran incluso sobre los árboles de la Huerta de Guadián, Expo Aire mantiene intacta su vocación de sacar el arte de las salas y acercarlo al público en plena naturaleza. La iniciativa impulsada por la Asociación Cultural Grupo Muriel ha vuelto a convertir estos días este espacio verde de Palencia en una singular galería al aire libre, con cerca de 200 obras de artistas palentinos y creadores procedentes de distintos puntos de España y Francia, y afronta ahora una nueva etapa marcada por la renovación de sus estructuras expositivas y por la posibilidad de llevar el proyecto a otras localidades.
El presidente del Grupo Muriel y organizador de Expo Aire, Alberto Rodríguez, resume el momento actual de la muestra en dos grandes novedades. Por un lado, la recuperación de la presencia de artistas nacionales con una trayectoria reconocida y, por otro, una apuesta mayoritaria por la pintura figurativa, con la intención de favorecer una relación más directa entre las obras y quienes se acercan a contemplarlas. “La principal novedad son los cambios de volver a artistas nacionales, sobre todo de los que tienen grandes premios en la pintura, y volver un tema que casi la gran mayoría de obras sea figurativa para que al público le llegue mejor”.

La otra gran transformación se encuentra en algo que, a primera vista, puede pasar más desapercibido para el visitante: los soportes. Grupo Muriel ha renovado por completo el montaje urbano con 26 nuevos paneles diseñados específicamente para la exposición. Todos presentan las mismas dimensiones y permiten una disposición más uniforme, con una integración visual mayor en el entorno natural de la Huerta de Guadián.
Rodríguez considera que la inversión realizada supone un salto cualitativo para Expo Aire. Los nuevos paneles sustituyen a unos soportes que habían acumulado años de uso y permiten que las obras destaquen en un entorno en el que el verde de los árboles y los senderos forma parte inseparable del recorrido. Pero, además, la renovación tiene una segunda lectura: abre la puerta a que la exposición deje de ser necesariamente una propuesta ligada a un único emplazamiento.
“Ahora se puede llevar fuera con estos paneles”, señala Rodríguez. El nuevo sistema, más ligero y fácil de desmontar, facilita el transporte y el montaje en otras ciudades. De hecho, representantes municipales de distintas provincias y localidades de Castilla y León han mostrado interés por conocer el modelo y se han acercado a Palencia para comprobar cómo funciona la nueva estructura.

Es una posibilidad que adquiere especial relevancia en un momento en el que Expo Aire busca afrontar el futuro sin perder la identidad que ha construido en Palencia. La muestra nació en 1984 y desde entonces ha evolucionado al mismo tiempo que lo hacía su organización. Aquella primera edición tuvo poco que ver, en medios y dimensiones, con la actual. Las obras llegaron a colocarse sobre los propios árboles, siempre con cuidado para no dañarlos, y algunos de los primeros paneles tenían unas condiciones muy diferentes a las de los soportes actuales.
Pero aquella propuesta novedosa, impulsada con “mucha ilusión” y juventud, encontró rápidamente una respuesta positiva. Rodríguez recuerda especialmente la edición de 1985, cuando Expo Aire se convirtió ya en “un auténtico bombazo del público”. Más de 40 años después, aquella idea de convertir un parque en una sala de exposiciones sigue siendo la esencia de la iniciativa.
La trayectoria ha permitido además crear una comunidad en torno a la muestra. Artistas, organización, colaboradores y público han ido formando durante décadas una relación que explica, en parte, la continuidad de Expo Aire. Rodríguez asegura que uno de los principales indicadores de esa buena acogida es la reacción de los creadores que participan por primera vez. “Todos quieren volver”.

La razón está en el propio concepto de la exposición. Los artistas no muestran sus trabajos en una sala cerrada y convencional, sino que los encuentran integrados en un paseo por el que circulan familias, vecinos y visitantes que pueden acercarse a las obras sin necesidad de acudir expresamente a un museo o una galería. La naturaleza deja de ser el simple escenario y pasa a formar parte de la experiencia artística.
Ese planteamiento se mantiene unido a una de las prioridades históricas de Grupo Muriel: dar espacio al talento palentino. La edición de este año ha mantenido una presencia mayoritaria de creadores locales, en torno al 60 por ciento, junto a artistas de diferentes comunidades autónomas y una invitada procedente de Francia. La nómina incluye autores de Palencia, Valladolid, Cantabria, Segovia, Álava, Zamora, Salamanca, La Rioja y Vizcaya, entre otros territorios.
En pintura, la representación palentina incluye a Carmen Rivera, Damián Simal Merino, Eugenio Renedo, Félix Angulo, Rafael Alonso, José Antonio Cagigal, José Luis Mesón ‘Pepelu’, Manuel Ruesga, Mari Cruz Antolín Gutiérrez, Roberto Labrador Pizarro, Soraya Triana, Mari Ros y Antonio de la Peña. Junto a ellos se han incorporado creadores de otras provincias como Juan Carlos Camarero ‘Juancas’, Rufino Martín Boltrán, Juan Carlos González, Julio Arranz Hernández, Sergio Duque, Eva Palacios, Pedro Barrios, Ana Arranz Pascual, Eduardo Alsasua, Toñi Fernández Vecilla, José Antonio Muñoz Bernardo, María Ángeles Ruiz Gómez e Iker Mugarra.

En escultura, la exposición reúne también una importante representación palentina, con Francisco Gómez, Alfredo Martín, Paulino Mena, Clemente Urueña, Gonzalo Trigueros, Teo Calvo, Aquilino Chacón ‘Quili’, David Calvo, Raúl Abad y Jesús Salán. La lista se completa con José Díez ‘LOUA’, Baltasar de la Cruz ‘Balta’, Juan Jesús Villaverde, Julio Carazo y la francesa Martine Vallée. Esta última participa además en la sección de grabado, mientras que la cerámica está representada por la palentina Victoria L. París.
Rodríguez reivindica especialmente la calidad de la selección y la combinación de artistas consolidados con otros nombres vinculados al ámbito local. Entre los participantes, destaca a autores como Eduardo Alsasua o Iker Mugarra, a los que atribuye una larga trayectoria, y numerosos reconocimientos, y subraya igualmente la presencia de escultores de prestigio y de artistas palentinos con proyección nacional.
Entre ellos, cita a Soraya Triana, a quien considera “una de las pintoras más reconocidas palentinas a nivel nacional”. El objetivo es que el visitante encuentre una muestra amplia y diversa, pero también que pueda establecer comparaciones entre diferentes sensibilidades, técnicas y trayectorias.

La cifra final de obras se aproxima a las 200, aunque no llega a alcanzar esa cantidad. La organización ha tenido que equilibrar el interés por contar con una representación amplia con las dificultades que implica trasladar y asegurar determinadas piezas. En el caso de la escultura, algunos artistas aportan varias obras de pequeño o mediano formato en lugar de grandes piezas.
El motivo es fundamentalmente logístico. Transportar esculturas de grandes dimensiones requiere vehículos especiales, grúas y seguros más elevados, además de incrementar las necesidades de seguridad durante una exposición que se desarrolla al aire libre. Por eso, la selección también está condicionada por la necesidad de garantizar que cada pieza pueda ser trasladada, instalada y protegida correctamente.
Y esa protección es uno de los grandes desafíos de Expo Aire. Una exposición al aire libre obliga a convivir con elementos que una sala convencional permite controlar la lluvia, el viento, el riego, la humedad o los cambios de temperatura. En la Huerta de Guadián, las obras se encuentran literalmente dentro del parque y, por tanto, deben convivir con el funcionamiento habitual del espacio.
Rodríguez explica que la experiencia acumulada ha llevado a la organización a extremar las precauciones. “En mis años me han enseñado a que no hay que correr riesgos”, señala. El Grupo Muriel cuenta con un contenedor acondicionado para almacenar las obras cuando es necesario retirarlas, con diferentes sistemas de protección destinados a evitar que la humedad pueda afectar a las piezas.

La exposición dispone también de vigilancia, pero la seguridad no evita una de las tareas que más esfuerzo requiere: montar y desmontar diariamente. Las obras deben quedar protegidas cuando termina la jornada y volver a instalarse al día siguiente, un trabajo que multiplica el esfuerzo de los voluntarios y responsables de la organización.
Es una cuestión que, según Rodríguez, no siempre entiende el público. Algunos visitantes que acuden a otros actos de las fiestas se encuentran con la exposición cerrada y preguntan por qué no pueden verla en ese momento. Sin embargo, para Muriel la prioridad es preservar las obras y evitar cualquier riesgo.
La meteorología condiciona así buena parte de una iniciativa que, precisamente por desarrollarse en la naturaleza, no puede abstraerse de ella. Rodríguez reconoce que las condiciones de estos días han permitido, en términos generales, disfrutar de las obras sin temperaturas excesivamente elevadas, algo que favorece tanto al visitante como a las propias piezas.
Pero la exposición no se limita a la instalación de obras. El proyecto requiere prácticamente un año de preparación, desde la selección de participantes hasta la coordinación logística y técnica. La organización debe gestionar los contactos con los artistas, los desplazamientos, los soportes, el montaje, la vigilancia y las necesidades derivadas de un espacio abierto.
A ese trabajo se suma la colaboración institucional. La Concejalía de Obras del Ayuntamiento de Palencia ha sido reconocida este año por su apoyo técnico continuado. Rodríguez destaca la ayuda prestada durante años para trasladar y colocar paneles, peanas y otros elementos necesarios para levantar la exposición en la Huerta de Guadián.
En esta edición se ha reconocido la colaboración de la escritora Carmen Arroyo y se rindió homenaje póstumo a Pilar González, integrante activa de la asociación Muriel fallecida este año. González acudía cada edición acompañada de su marido, el escultor abulense Juan Ger, y formaba parte de ese grupo de personas que, más allá de la relación estrictamente artística, han contribuido a mantener vivo el espíritu de Expo Aire.

El recuerdo de González introduce además una dimensión humana en una iniciativa que ha generado vínculos personales a lo largo de sus más de cuatro décadas. Rodríguez recuerda que la asociación ha querido mantener ese componente sin convertir la muestra en un espacio dedicado exclusivamente a homenajes, sino integrando el reconocimiento a quienes han formado parte de su historia.
El cartel de esta edición es otra muestra del peso del talento local. El encargado de realizarlo ha sido el pintor y escultor palentino Roberto Labrador Pizarro, con diseño gráfico de Roberto Labrador-Ricardo. La imagen juega con el propio concepto de la exposición al mostrar, sobre la parte posterior de un lienzo, el paseo de la Huerta de Guadián flanqueado por los paneles que han servido durante décadas de soporte a las obras de los participantes.
Momentos complicados
La continuidad de Expo Aire tampoco ha estado exenta de dificultades. Rodríguez reconoce que durante los últimos años se han producido momentos complicados tanto en la relación con algunos artistas como en las condiciones materiales de la exposición. Cuando el actual equipo retomó la iniciativa se encontró con paneles deteriorados, recortados y con años de uso, una situación que generaba críticas entre algunos participantes.
La renovación emprendida este año busca precisamente dejar atrás parte de esas dificultades y ofrecer a los artistas unas condiciones más acordes con la importancia que ha adquirido la muestra. Los 26 paneles nuevos no son únicamente una mejora estética, sino también una inversión de futuro.
Proyecto en otros municipios
Ese futuro puede pasar por sacar Expo Aire de Palencia. La nueva estructura permite imaginar exposiciones en otros municipios y abre una posibilidad que hasta ahora resultaba más complicada por las características de los antiguos soportes. Rodríguez confirma que representantes de distintas localidades han mostrado interés por conocer el proyecto y valorar su posible implantación fuera de la capital palentina.
La idea supone un cambio de escala, aunque no necesariamente de filosofía. El objetivo seguiría siendo llevar el arte a espacios abiertos, facilitar el contacto entre creadores y público y mantener una selección en la que el talento local tenga un peso significativo.
Mientras tanto, Palencia continúa siendo el centro de una iniciativa que forma ya parte de su paisaje cultural. Durante más de 40 años, la Huerta de Guadián ha acogido esta particular forma de entender una exposición, primero con medios muy modestos y después con una infraestructura cada vez más preparada.

Rodríguez considera que la respuesta del público demuestra que existe interés. Cuenta que, incluso antes de la apertura, los vecinos le preguntaban por la exposición y le recordaban que esperaban volver a verla durante las fiestas. Ese reconocimiento cotidiano es, para el presidente de Muriel, una de las principales razones para continuar.
Porque Expo Aire no busca únicamente reunir obras de artistas reconocidos. Su propósito es también generar un paseo cultural accesible, en el que el visitante pueda detenerse ante una pintura, una escultura, una pieza cerámica o un grabado, comparar propuestas y, en algunos casos, conversar directamente con sus autores.
“Es un paseo donde se van a encontrar obras de arte, de entretenimiento, y aquí sí que pueden comparar la calidad”, explica Rodríguez. Y esa posibilidad de acercar el arte al ciudadano es, precisamente, la esencia de una iniciativa que nació en 1984 y que, más de cuatro décadas después, continúa reinventándose.
La renovación de los paneles y la apertura a nuevos escenarios representan ahora el siguiente capítulo. Expo Aire mira hacia fuera de la Huerta de Guadián sin renunciar a sus raíces. Mantiene el protagonismo de los artistas palentinos, recupera nombres nacionales, apuesta por una selección pensada también para el gran público y dispone de una infraestructura que permite pensar en nuevos destinos.
La historia comenzó colocando obras entre los árboles. Hoy, más de 40 años después, aquellas primeras estructuras improvisadas han dado paso a 26 paneles nuevos, diseñados para integrarse en el paisaje y viajar si el proyecto lo requiere. Entre ambos momentos hay más de cuatro décadas de trabajo, artistas, público, voluntarios, colaboradores y muchas horas de montaje y desmontaje.
Y, sobre todo, una idea que permanece, ya que el arte no tiene por qué esperar al visitante detrás de las paredes de un museo. Puede estar en un paseo, entre los árboles, al alcance de quien simplemente pasa por allí. Esa es la fórmula que Grupo Muriel ha defendido durante más de 40 años y la que ahora pretende llevar un paso más allá.

















