Noviembre llega con demasiados asuntos importantes sobre la mesa como para limitarnos a observar lo que ocurre a nuestro alrededor. El año encara su recta final, nuestras empresas hacen balance, las familias revisan sus expectativas y España se prepara para unas elecciones generales que deberían exigirnos algo más que acudir a las urnas. Porque el futuro no es algo que simplemente sucede. También es consecuencia de lo que hacemos, de lo que permitimos y de lo que decidimos.
Esta edición de Palencia Invierte presta especial atención a los polígonos industriales y a diversas zonas comerciales y hosteleras de la capital. Son escenarios diferentes, pero tienen mucho en común. Detrás de cada nave, taller, escaparate o establecimiento hay personas que arriesgan, trabajan, generan empleo y contribuyen a sostener nuestra ciudad. Su esfuerzo merece reconocimiento y, sobre todo, condiciones para prosperar. Sin empresas viables y profesionales, empleo estable y vecinos que apuesten por el comercio cercano, difícilmente tendremos una economía local sólida.
Una ciudad no progresa solo con nuevas inversiones y proyectos que anunciar. También progresa cuando cuida lo que ya tiene. Y eso, aunque resulte menos vistoso y no dé lugar a grandes titulares, es una obligación de quienes la gobiernan. Nuestros polígonos necesitan calles y aceras en condiciones, accesos cuidados, contenedores suficientes, recogidas periódicas y limpieza de los espacios públicos. No hablamos de grandes promesas, sino de obligaciones básicas. Y nuestras calles comerciales, tanto en el centro como en los barrios, necesitan actividad, accesibilidad y motivos para que los ciudadanos sigan apostando por ellas. Conviene recordar, además, que cada compra es también una decisión sobre la ciudad que queremos conservar.
Esa exigencia de hechos, y no solo de palabras, debería acompañarnos a las urnas. El 29 de noviembre elegiremos a nuestros representantes en unas elecciones generales en las que nos jugamos mucho más que un cambio o una continuidad de gobierno. Merecemos debates serios sobre proyectos y resultados, no otra sucesión de reproches que entretienen mucho y aclaran muy poco.
Votar con la cabeza no significa renunciar al corazón ni a nuestros valores. Significa analizar la realidad sin dejarnos arrastrar por simpatías o antipatías. Preguntarnos qué han hecho quienes solicitan nuestra confianza, qué prometieron, qué cumplieron y qué proyecto tienen para España. Porque la democracia pierde calidad cuando dejamos de exigir a los nuestros aquello que reprochamos a los demás. Ningún partido debería recibir nuestro voto como un cheque en blanco.
Tenemos pendientes debates y propuestas serias sobre vivienda, empleo, sanidad, educación, productividad, servicios públicos y sostenibilidad de las cuentas. También sobre el respeto a las instituciones y la capacidad de convivir sin convertir al discrepante en enemigo. Las dificultades no desaparecen porque un discurso resulte convincente. Gobernar implica decidir, priorizar y rendir cuentas.
En Palencia sabemos lo que supone vivir lejos de los grandes centros de decisión. No pedimos privilegios, sino oportunidades y atención a problemas que rara vez ocupan los titulares nacionales. El futuro del país también se juega en las provincias, en sus pueblos y en quienes mantienen viva la actividad económica fuera de las grandes capitales.
Y mientras exigimos a nuestros representantes, convendría exigirnos algo a nosotros mismos. Antes de terminar el año aún podemos retomar un proyecto, cumplir una promesa, respaldar un negocio cercano o cambiar aquello que llevamos demasiado tiempo aplazando. La crítica es necesaria, pero por sí sola no transforma nada.
Ojalá este noviembre sepamos distinguir entre quienes hacen ruido y quienes aportan soluciones. Entre las promesas y los hechos. Entre lo que nos gustaría escuchar y lo que verdaderamente necesitamos. Y ojalá, al terminar el año, podamos reconocer que también nosotros hemos hecho algo por mejorar nuestro entorno. Porque el futuro no se construye únicamente con lo que esperamos de los demás, sino también con lo que estamos dispuestos a aportar.





