Malas madre

Y fueron felices y comieron perdices…

Estos finales inacabados de los cuentos de niños no nos han hecho ningún bien. Los únicos que son felices y comen perdices son los usuarios de Instagram o Facebook que por algún fallo del sistema de este extraño Matrix llamado vida, siempre salen guapos y perfectos.
“Cuando alguien pregunta ¿qué tal estás? Todo lo que no sea una respuesta estándar se considera de mala educación” decía un psicólogo en uno de los innumerables y mal llamados libros de autoayuda en los que anidan a sus anchas frases manidas y ridículas. Pero ¿qué pasa si estoy al límite y una palabra puede ayudar a remendar mi alma rota?
¿Qué pasa Señoras y Señores en una sociedad en la que cada día estamos más solos? ¿En la que los niños se juntan para hablar en whatsapp entre ellos? Una sociedad en la que todo contribuye a la soledad, incluso una pandemia. Los psicólogos ya hablan del antes y después de la covid. En Madrid se han abierto unidades de psicología juvenil porque no dan a basto.

Qué hacemos con una sociedad tan enferma que hace tan sólo un día los parisinos han dejado morir congelado al fotógrafo René Robert. El pobre hombre sufrió una caída en una de las calles más concurridas de la capital francesa y le dejaron morir como un perro abandonado.

Esa actitud de avestruz que tenemos los seres humanos no ayuda. A veces pienso que una de las cosas que deberían enseñar en el colegio es a normalizar la tristeza, la frustración, la imperfección. La felicidad absoluta no existe, el éxito continuado tampoco. Enseñemos a caer antes de enseñar a subir porque la subida es fácil y placentera pero la caída señores, la caída es siempre terrible.

En España el punto de inflexión ha sido la muerte contra todo pronóstico de una maravillosa actriz que no necesito nombrar.
Mucho se ha hablado del tema. Lo que más me ha llamado la atención es que a pesar de que todo el mundo conoce a alguien que ha pasado, está pasando o ha vivido en sus propias carnes una depresión, prácticamente nadie sabe cuáles son los síntomas.Debido a este desconocimiento, todos, yo incluida, juzgábamos a esta maravillosa mujer por sus malas contestaciones y salidas de tiesto en un conocidísimo reality de televisión. La inmensa mayoría desconocíamos que el mal humor es uno de los síntomas que más a menudo se manifiestan ante esta enfermedad.

Hace muchos años conocí a una persona que tenía una depresión horrible y me confesó algo que me hizo reflexionar. “Preferiría tener una enfermedad física, incluso esa enfermedad que a todos nos da miedo pronunciar”, me confesaba entre sollozos. A las personas enfermas todo el mundo las apoya y se apiada de ellas pero las enfermedades mentales causan soledad y ostracismo. Cuántas veces habré oído eso de, ¿pero por qué no eres feliz si lo tienes todo?, sal mujer ya verás como se te pasa. La gente lo hace con la mejor intención del mundo pero no se dan cuenta que le añaden más dolor a la enfermedad. Además de enfermos, incomprendidos, la gente cree que las personas depresivas son unas pusilánimes egoístas que se quejan de vicio. Simplemente tienen enferma el alma, desequilibrios hormonales, enfermedades muchas veces hereditarias.
Lo cierto es que nadie quiere tener amigos tristes, a veces se les consideran personas tóxicas. ¿No les parece que ya va siendo hora de que normalicemos esta enfermedad tan dura y nos ayudemos más, escuchémonos más, dejemos nuestros teléfonos móviles a un lado cuando estemos con nuestros amigos, con nuestra familia? Esos momentos entre familia, amigos y, sobre todo, con nuestros hijos no vuelven.
El propio Steve Jobs no permitía a sus hijos utilizar el Ipad porque era conocedor de la adicción que él mismo había creado.

El ser humano siempre se culpabiliza por todo. La segunda fase de un duelo es la culpabilidad. Siempre encontramos un motivo por el que sentirnos culpables. No le dije que le quería, no me despedí, no estuve con él el tiempo suficiente, me enfadé con él, no tenía que haberle dejado ir… los motivos que nos conducen al autocastigo y la flagelación son infinitos.

A veces, necesitamos escuchar a otras personas para pasar fases de duelos, un duelo enquistado se convierte en una tortura. Siempre le digo a todo el que me quiera escuchar que hay que luchar por mantener a nuestros amigos. No nos aislemos cuando empecemos una relación porque si algún día esa relación se acaba lo que más nos ayuda es mantener esa parcelita de nuestra vida. No hay mejor cura que la voz de un amigo.
No tengamos miedo a decir que nos encontramos mal, a mostrarnos débiles, aburridos y reales, escuchémonos más, entendámonos más, porque nadie está libre de nada, incluida la depresión y la tristeza.

Con P de Palencia, con P de Proteger y Perdonar. Protejámonos de los pensamientos destructivos y perdonemos nuestras imperfecciones.

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