La coincidencia en el mes de mayo de la Semana Mundial de los Geoparques y el Día Internacional de los Museos, nos lleva a sugerir un plan turístico que profundiza en la historia de nuestra Montaña Palentina: conocer el gran oso cavernario que la habitó hace 30.000 años. Un viaje en el tiempo que aguarda bajo la superficie, en las silenciosas oquedades de sus sistemas kársticos, donde la historia se cuenta en milenios y los ecos de la Edad de Hielo aún resuenan en la roca.
Entre los fondos que custodia y exhibe el Museo de Palencia destacan unos vestigios asombrosos: los cráneos prehistóricos del oso de las cavernas (Ursus spelaeus – Rossenmüller-Heinroth). Este carnívoro reinó en los gélidos paisajes europeos durante el Pleistoceno y hoy, gracias a investigaciones como las llevadas a cabo por los doctores Ana Mateos y Jesús Rodríguez, del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), sabemos con certeza que también encontró un refugio final en las cuevas de la Montaña Palentina.
El escenario exacto de los hallazgos más importantes es la Cueva de Guantes, en el término municipal de Santibáñez de la Peña, justo en el límite territorial entre las pedanías de Villanueva de Arriba y Villaoliva de la Peña (muy cerca del territorio enmarcado por el Geoparque de Las Loras, que este mes celebra multitud de actividades).
La cavidad de Guantes se desarrolla en las calizas cretácicas que conforman el relieve conocido localmente como La Loma, una elevación montañosa que se extiende de este a oeste a lo largo de unos diez kilómetros.
La enorme importancia de la Cueva de Guantes radica en que sus recientes investigaciones arqueo-paleontológicas han registrado valiosas evidencias de ocupación humana en el norte de la Meseta durante el Pleistoceno Superior. Pero, sobre todo, destaca por albergar en una de sus galerías una de las acumulaciones óseas de osos de las cavernas más significativas descubiertas recientemente, lo que convierte al yacimiento en una ventana privilegiada a nuestro pasado más remoto.
Los trabajos científicos más fructíferos de los últimos años se han concentrado en la denominada Galería 1, y más concretamente en el nivel 206 de la Cata 2. Es precisamente en este estrato arcilloso, de color marrón claro y salpicado de pequeños carbones, donde los investigadores se toparon con un auténtico tesoro fosilizado: un nivel inusualmente rico en restos óseos que había permanecido intacto tras quedar sellado por una antigua caída de bloques del techo.
La morada del oso de las cavernas
Casi la totalidad de los cerca de 1.500 fósiles hallados durante la campaña de 2014, que arrojaron una valiosa información, corresponde al oso de las cavernas. El equipo científico pudo determinar que cerca de mil de los huesos hallados correspondían a un mínimo de nueve individuos distintos. Y lo más curioso es que tan solo uno de ellos era un ejemplar en edad adulta, mientras que los ocho restantes eran oseznos o individuos inmaduros.
El posterior análisis del perfil de edades de muerte de estos animales nos revela un drama íntimamente ligado a las duras condiciones de la especie. La inmensa mayoría de estos osos cavernarios inmaduros, que representaban el 80% de la muestra total, murieron durante su primer año de vida, muy probablemente al no lograr sobrevivir a los rigores de su primer periodo de hibernación.
Hasta hace poco, los científicos no sabían que el oso cavernario había vivido en la zona de la Montaña Palentina
Además de contarnos una historia natural de supervivencia extrema, estos fósiles nos sitúan en un marco cronológico deslumbrante. Las pruebas de datación por radiocarbono sitúan a esta peculiar familia de osos en un intervalo de entre 33.030 y 31.820 años antes del presente. Esta destacada antigüedad nos indica que los habitantes de la Cueva de Guantes figuran entre las últimas poblaciones de su especie que vivieron en la Península Ibérica antes de su extinción definitiva.
Hasta hace poco, la ausencia casi total de restos de osos en el norte de la provincia de Palencia resultaba algo paradigmático para los científicos, conformando una extraña excepción arqueológica. No obstante, los hallazgos en la Cueva de Guantes, unidos a los restos de oso pardo juvenil descubiertos en otras cavidades como la cercana sima Alberich, en Cardaño de Abajo, han cambiado para siempre la comprensión de la arqueozoología cuaternaria de la región.
Hoy, puedes contemplar restos de los fósiles hallados en Guantes en el Museo de Palencia, donde, entre otros vestigios, se custodian cráneos de estos gigantes del Pleistoceno, que un día fueron los reyes de las cuevas de la Montaña Palentina.





