Cueva de los Franceses en Revilla de Pomar (Palencia). / Brágimo (ICAL)

La Cueva de los Franceses acoge actividades y talleres familiares durante la Navidad para atraer la llegada de visitantes

A. Míguez / ICAL

A más de 20 metros de profundidad y con estalactitas y estalagmitas que le dan un aspecto casi fantasmagórico potenciando su singular belleza natural, la Cueva de los Franceses se convierte en el perfecto destino turístico para esta Navidad. Es uno de los principales recursos turísticos de la provincia de Palencia. Un lugar que rebosa encanto e historia y que sirve como punto de partida para descubrir Las Loras, un geoparque reconocido por la UNESCO.

En plena Montaña Palentina y con solo empezar a descender, el visitante es consciente de la aventura que está a punto de emprender.

La humedad propia de una cavidad subterránea y una temperatura mucho menos fría de la que hay en el exterior marcan el inicio de un camino a través de algunas de las formaciones kársticas más espectaculares de la tierra.

Cueva de los Franceses en Revilla de Pomar (Palencia). / Brágimo (ICAL)

Su nombre, La Cueva de los Franceses, no es casual y se remonta a las guerras napoleónicas. La cueva sirvió de tumba natural tras las batallas que enfrentaron a cántabros y franceses. Sus cuerpos sin vida fueron arrojados al interior de la cavidad.

Se estima que la cueva se originó hace 300 millones de años cuando todavía esta zona de la península estaba cubierta por el mar. “Poco a poco se va sedimentando, acaba aflorando al exterior y actúan los agentes erosivos que son los que le van dando forma”, explica Pablo Villavieja, gerente de Corona Boreal, empresa que gestiona la cueva. Incidió, además, en que el agua actúa como elemento fundamental para la formación de cualquier cavidad.

En grupos reducidos

El objetivo ahora es que el visitante pueda disfrutar de su peculiaridad pero intentando causar el menor daño e impacto posible. Por eso, y porque el espacio bajo tierra es limitado, las visitan se realizan con grupos reducidos. “No queremos masificarlo y lo normal es que entren 30 personas a la hora como máximo”, asegura Villavieja. “La cueva tiene un enorme potencial y más teniendo en cuenta que cada vez está más en auge el turismo familiar o turismo de experiencias”. “Los niños son muy curiosos, hacen muchas preguntas y se sorprenden mucho de lo que ven. Se quedan con la boca abierta”.

Cueva de los Franceses en Revilla de Pomar (Palencia). / Brágimo (ICAL)

Lo cierto es que la cueva hace las delicias tanto de grandes como de pequeños. La formación de las estalactitas, cómo el paso del tiempo deja huella o la manera en la que el agua se abre paso diseñando cada rincón de la cavidad son algunos de los aspectos que más interés despiertan en el visitante. Para poder averiguarlo hay que saber dónde mirar. “Los techos de las cuevas siempre dan muchísima información. Si están planos es que el agua ha penetrado por la juntas y ha disuelto la roca”. “Tratamos de que la gente aprenda cuando viene y por eso durante las visitas guiadas abordamos cómo se ha formado la cavidad y cuál ha sido el proceso. No es la típica visita que se limita a que el espectador distinga, por ejemplo, la forma de una araña o un elefante entre las rocas, sino que tratamos de explicarles cómo se ha llegado hasta ahí”.

También el visitante, especialmente antes de acudir, debe tener en cuenta que la temperatura de la cueva es constante y va acorde a la registrada de media en esa zona. “Si la media anual es de ocho grados, el termómetro en el interior de la cueva va a marcar esa temperatura tanto en invierno como en verano así que lo importante es acudir preparado y abrigado para poder disfrutar del recorrido”, recuerda Villavieja.

El proceso

Para que a día de hoy los viajeros puedan admirar la cavidad primero hubo que adecuarla y transformarla en un recurso turístico visitable construyendo un acceso artificial, colocando pasarelas que permitieran caminar por su interior o instalando una iluminación adecuada que ayudara a potenciar su encanto.

Cueva de los Franceses en Revilla de Pomar (Palencia). / Brágimo (ICAL)

Una vez hecho eso, la cueva requiere de un cuidadoso trabajo de mantenimiento y conservación teniendo en un cuenta que se trata de uno de los atractivos patrimoniales más importantes de la provincia de Palencia. “Gracias al Plan de Sostenibilidad Turística de la Montaña Palentina, desde la Diputación vamos a poder acometer diferentes actuaciones para gestionar, mantener y potenciar la Cueva de los Franceses”, explica la jefa del servicio de turismo de la Diputación, Mónica Delgado. Acciones que se van a centrar en mejorar la iluminación o eliminar el llamado ‘mal verde’ tan frecuente y a la vez perjudicial para las cuevas. “Queremos hacer más atractiva la visita sin dejar de lado su cuidado y la sostenibilidad”.

Centro de recepción de la Cueva de los Franceses en Revilla de Pomar (Palencia). / Brágimo (ICAL)

“La cueva está abierta prácticamente todo el año aunque debemos cerrarla siempre un par de meses para que pueda descansar”. Pero antes de que eso ocurra, es el momento idóneo para visitarla coincidiendo con la época navideña porque, como novedad, desde la Institución provincial han optado por organizar talleres en el interior de la cavidad para “aprender y disfrutar en familia”. Los días 27 y 28 de diciembre, aprovechando este marco incomparable, se podrán realizar manualidades navideñas. El 3 de enero se impartirá el taller ‘Descubriendo la espeleología’ y el jueves 4 de enero uno específico bajo el título ‘Formación de Espeleotemas’. Todos ellos serán a las 12.00 horas y completamente gratuitos para aquellos que participen en una visita guiada por la cueva.

Cueva de los Franceses en Revilla de Pomar (Palencia). / Brágimo (ICAL)

 

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