Arranca una edición que continúa justo donde quedó la anterior, previa a la pandemia. Sin cancelaciones ni mudanzas al formato online… Todo un lujo en nuestros días

Esta cuestión es importante, porque es verdad que fuimos privilegiados. A finales de febrero de 2020 celebramos una edición normal… Y apenas una semana después de terminarla, ya todo era anormal. Todos los festivales que vinieron después, festivales amigos y cercanos a nosotros, se tuvieron que suspender, o trasladar de fechas y después exhibirse online.

Hemos trabajado mucho en reuniones entre festivales, ya que se ha constituido una Federación de Festivales a nivel nacional, Pantalla, de la que formamos parte para trabajar juntos en todo este problema y buscar iniciativas comunes. Yo a veces les bromeaba: vuestro fallo es la fecha, si hubierais ido a principios de año como nosotros, habríais hecho la edición súper bien.

Cuando yo decía esto, en principio pensaba que al año siguiente llegaríamos a cierta normalidad. Y esto no se cumplió. Pasó un año y estábamos igual, e incluso peor en determinados sentidos.

Ha sido difícil, pero sí que hemos logrado ese intento de que sea presencial. Porque no creemos mucho en el formato online para lo que supone un festival, ya sea de cine, de música… Porque festival supone encuentro.

«Ser festival calificador de los Goya es un reconocimiento muy consistente»

Encuentro de personas, disfrutar de estar juntos, tomarte una cerveza y charlar, compartir el concierto o la proyección… Si rompes el encuentro entonces no hay fiesta, no hay festival.

Con todo lo que te aporta la red en tu casa, es muy difícil que alguien tenga interés por verse esas películas en formato online cuando puede encontrar otra cosa. La apuesta tiene que ser presencial, aunque sea en lo mínimo posible. Vernos al menos los ojos.

Permitir ese debate que se genera en torno a cada proyección…

Es que eso es tan importante como la propia película. La proyección es, digamos, la disculpa, porque lo importante es hablar de ello después, charlar con el de al lado. Eso en el online no existe.

Eso nos llevó a cambiar las fechas a mayo, fuera del Estado de Alarma. Aún así hay encuentros y ciertas actividades que serán online, lo que, por otro lado, te da posibilidades que antes no tenías, como contar con un director que está en EEUU y que puede entrar a un Zoom para conversar con tu público. Eso ha venido para quedarse.

«Queríamos una edición presencial, porque festival significa encuentro»

Sobre esta edición, ¿qué destaca de la selección oficial?

De la selección oficial de cortometrajes, nos sorprendió que la producción no había bajado: nos han seguido llegando más de 2.000 cortometrajes. Nosotros creíamos que eso sería imposible, que este año nos íbamos a encontrar con muy poca producción.

Pero la gente, de una forma u otra, ha estado creando. Y eso sorprende: cómo ese mundo del cortometraje ha estado vivo con los mínimos recursos, que es algo que los identifica.

Curiosamente con los largometrajes nos encontramos en una situación totalmente distinta. En la sección de largometrajes, muchas producciones se han guardado en el cajón, han esperado dos años más tarde, se han estrenado en festivales pero no han aparecido en las pantallas… Y ha sido más difícil encontrar películas, porque existen reticencias a exponer la película, con el coste que ha tenido, ante una taquilla muy baja. En largometrajes ha costado buscar películas, incluso nos hemos ido a algunas del año anterior, que habían pasado por algún festival pero no habían ido a salas.

¿Se ha percibido el impacto de la pandemia en el tipo de guión y en la producción de cortometrajes?

Sí. Ha llegado mucho trabajo en cuanto a esa producción hecha en casa, de guerrilla. La pandemia lo ha tenido todo… Y la creación también. De ahí lo interesante era encontrar quién contaba una historia diferente o especial sobre la pandemia. Y de eso hemos encontrado alguna visión muy curiosa.

Se mantiene la apuesta por mantener el concurso ‘90 segundos de cine’ o el ciclo ‘Cine y Escuela’. Con las restricciones de público en sala ¿la divulgación pasa a ser un objetivo más prioritario?

Es un desafío. ‘90 segundos’, destinado a jóvenes de la ciudad para favorecer la creación de cortos con el móvil, es un formato que entraba dentro del encuadre de pandemia completamente, y nosotros lo quisimos reservar.

Durante la pandemia hubo mucho formato en esta línea, pero nosotros preferimos lanzarlo como era siempre. Además, hemos tratado de mejorarlo en cuanto a aportarle mayor difusión, para salir de nuestras fronteras y que intente llegar a otros lugares del Estado. Y también lo hemos mejorado en cuanto a premios, muy consistentes, con un premio del jurado de 700 euros y otros 300 euros añadido del premio por votos Likes.

Ahora hay que trabajar esta iniciativa para hacerla crecer, y para ello hemos involucrado a la Concejalía de Juventud y a la Consejería de Familia con el Instituto de Juventud de Castilla y León, para que la iniciativa se quede y acabe no siendo ni siquiera nuestra, sino que vuele sola.

Y luego nos enfrentamos al desafío de Cine y Escuela, cuyo éxito es que los niños y niñas vayan al cine, vean los trabajos en la gran pantalla y se emocionen desde pequeños sentándose en la butaca, gritando juntos cuando se apagan las luces… Ese momento emocionante este año no existe. Y yo creo que es muy importante, porque eso es lo que te despierta la ilusión por el cine para siempre.

Este año hemos tenido que romper esta dinámica y buscar la fórmula para hacer llegar esos trabajos a sus propios centros educativos. Pero Cine y Escuela tiene que volver a las salas el año que viene, sí o sí.

La MCIP es festival colaborador de los Premios Goya, además de otros importantes reconocimientos del sector. ¿Qué lugar ocupa en el panorama estatal?

Ser Festival Colaborador de los Premios Goya es un reconocimiento muy consistente en cuanto a los trabajos que llegan, porque es verdad que esa industria del cortometraje focaliza mucho sobre el recorrido de su trabajo y los festivales que son calificadores de los Goya les pueden hacer avanzar, tanto en el recorrido nacional como en el internacional.

El nuestro es el primer festival colaborador de los Goya que se celebra este año. Y esos últimos cortos que se hacen el año anterior, que están recién salidos, el primer festival que se van a encontrar es el de Palencia. Y nos llaman con ese interés, porque nosotros les aportamos un espacio muy bueno, con muchísimo público en sala y gran nivel técnico, como el de la Sala 1 del Cine Ortega.

Entonces, la selección en Palencia anota una selección extra, y cuando consiguen seis pasan directamente a la carrera de los Goya. Ser festival calificador es importante para ser un foco del cine principal en la ciudad. Es un reconocimiento a los 30 años de trabajo bien hecho. Se ha hecho un trabajo mirando mucho hacia la ciudad y ahora tocaba hacer un trabajo mirando más hacia el exterior. Y este es el resultado.

¿Y ese posicionamiento es compartido en la ciudad? Porque aquí pecamos de ese complejo de inferioridad y creemos que son mejores otros festivales de fuera…

Es un mal muy castellano valorar mucho lo de fuera y poco lo de casa. A mi juicio Castilla es una de las grandes potencias como Comunidad: es la Comunidad más grande de Europa, está llena de trayectoria, de tradición, de arte, de cultura… Y sin embargo nosotros siempre vemos como mejor lo de fuera. Pero es verdad que eso nos tiene que hacer reflexionar sobre el trabajo sobre nuestra cultura. Si nos ceñimos a la industria del cine, lo hacen muy bien en País Vasco, Cataluña, Galicia o Andalucía… Inyectan sobre su propia cultura para que esta despegue. Es verdad que a veces infravaloramos lo nuestro para pensar que el festival de al lado es buenísimo. Esto es sencillo: te vas a varios festivales y ves como el que se hace en Palencia es muy consistente. Sobre todo en afluencia de público, porque Palencia es muy cinéfila.

Con una población pequeña, llenamos más la sala

Ese es un trabajo muy interesante que lleva haciendo muchos años el Cine Club Calle Mayor en Palencia, sosteniendo una iniciativa de cine alternativo de más de 50 años de trayectoria… Tiene un valor cultural inimaginable: hay una especie de público ya consolidado por el Cine Club que luego también es público de la Muestra de Cine. Lo han conseguido por la inercia de tantos años. O mejor dicho, lo hemos conseguido (lo digo como público del Cine Club).

Este año coincide el festival con esta primera edición del FIFCyL, que precisamente presenta exposiciones donde se unen fotografía y cine. ¿Cómo lo valora?

Es una iniciativa recién creada y yo creo que un gran festival de fotografía que tenga su sede en Palencia es una gran idea. Creo mucho en estas propuestas. Mi opinión controvertida al respecto es que esta iniciativa ha sido de alguna manera enlatada desde fuera y lanzada sobre la ciudad. Y yo pienso que la iniciativa tiene que trabajarse desde dentro de la ciudad.

Por tanto pienso que es mejorable, porque cuando desembarcas con una iniciativa cultural que viene desde otro lugar, tienes que asentarla, enraizarla con fuerza en el movimiento cultural de la ciudad, porque es lo que hace que se mantenga en el tiempo. Por ejemplo: si hay una sección de cine dentro de las exposiciones fotográficas, podíamos haber trabajado juntos desde la MCIP para haber hecho más grande esa iniciativa. De esta manera, solo podemos participar como público. Para que la iniciativa pueda tener continuidad, ésta tiene que tener el interés en la ciudad.

Personalmente espero que se mantenga en el tiempo y será entonces cuando tenga capacidad de analizarla mejor. Yo la acojo, y ser acogedores en Palencia nos tiene que definir: la acogemos, está en las plazas y las calles y hay que disfrutarla. Pero también hay que exigirle al que la genera esa interrelación con los espacios y dinámicas culturales de la propia ciudad. Si no, no tendrá alma. Confío en que se produzca en las ediciones posteriores.

A las puertas del arranque de la edición, ¿qué mensaje le lanza a las personas que aún duden de participar en actividades públicas en espacios cerrados?

Es difícil hacer un llamamiento a que la gente sienta seguridad, porque hoy mismo es muy difícil. Hay algo inconsciente en las mentes de todos que nos habla de inseguridad. Y yo entiendo que haya gente que tenga reticencias a ir.

«Queremos crear espacios para desconectar del sufrimiento del que venimos»

Nuestra apuesta es: si te apetece desconectar un poco de todo lo que hemos pasado, volver al cine, disfrutar… La Muestra sigue aquí. Y si estamos 20 personas en sala, y no los 200 de antes, la podemos disfrutar también. Nosotros vamos a aportar las mayores seguridades posibles. Primero, la venta de abonos personalizada, con el mismo asiento para todo el festival. Vamos a intentar abrir el máximo de salas posible para repartir al público, aunque tengamos que proyectar la misma película en varias salas de manera simultánea. Lo que intentaremos será crear espacios para desconectar del sufrimiento del que venimos, para conectarnos con el mundo de la cultura, el placer y la emoción. No será igual, pero en el momento en el que se apague la luz y empiece la proyección, o el concierto de Los Pilotos, ahí uno se puede desconectar.

Yo les animo a que participen, pero también entendemos a quien no vaya a hacerlo. Creo que estamos todos en la necesidad de comprender a quien no tiene ganas de participar todavía. Y para esas personas, el mensaje es que, si no vienen este año, desearán hacerlo el siguiente, porque estaremos ahí para que vuelvan.

Nosotros queremos que vengan, pero también queremos que, quienes no lo hagan, también se sientan parte del festival.

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