Fernando Caballero Rojo
Lucía un gran ambiente el coso para la corrida de rejones, con un gran arraigo en la capital palentina. La tarde de toreo a caballo acostumbra a ser una de las grandes entradas de la feria, con multitud de aficionados tanto de la capital como de la provincia. Este año con el atractivo que supone siempre la presencia de Diego Ventura en cualquier cartel. En los chiqueros aguardaba una corrida de la ganadería portuguesa María Guiomar Cortés de Moura, basta, con hechuras propias del encaste Murube y acorde a lo que se debe exigir en una plaza de segunda categoría.
Por poner una pega, la exagerada mutilación a la que fueron sometidas de nuevo las astas: entre proteger a los caballos y cortar tanto pitón debe haber un término medio. Resultó por lo general mansa y parada, destacando un buen quinto, que le tocó en suerte a Diego Ventura. El de la Puebla hizo honor a aquello de que no hay quinto malo y dejó la faena de más entidad de su importante actuación en Campos Góticos.
Fue este quinto toro, de nombre esplendoroso, el de mejores condiciones. Salió con algún gesto de manso, pero poco a poco le fue metiendo Ventura en la faena, con dos rejones de castigo, el primero algo caído. El astado embestía con clase y acometividad y lo fue aprovechando Ventura en un vibrante inicio de faena a lomos de Quitasueños, dejando los momentos más importantes de la tarde y tres muy buenos palos. Con Lío la obra subió de intensidad en un impresionante quiebro andando hacia atrás a un toro que hizo amago de aquerenciarse. No le dejó el rejoneador, que le llevó a los medios para dejar otra gran banderilla al quiebro. Cuando sacó a Bronce, retiró las bridas y dejó la banderilla en un palmo sobre el toro, la plaza enloqueció por completo. A lomos de Guadiana dejó dos banderillas cortas al violín y una rosa, mientras el buen toro seguía embistiendo con clase sobre los lomos de la magnífica cuadra de Diego Ventura. La estocada fue caída, lo que hizo que el segundo trofeo se antojase un exceso.
Algo peor presentado estuvo el segundo, primero del lote de Ventura, que lució algo de clase y dio juego, aunque con muy poca duración. El primer rejón al quiebro fue toda una declaración de intenciones de Ventura, que empezó a encender al público. Dejó otro rejón y comenzó la faena con Oro Negro, con una espectacular vuelta al ruedo con el toro siguiendo al equino con clase y codicia, culminada con un recorte. Tras los dos primeros palos, donde el rejoneador rayó a gran nivel, el toro se empezó a venir a menos. Sacó el de La Puebla a Quitasueños, con el que dejó dos banderillas al quiebro, en un palmo, que terminaron de encender a los tendidos. Cerró con Brillante, con tres cortas al violín y los tendidos enloquecidos, pero malogró todo matando al séptimo intento.
Acompañó al hispano-portugués por la puerta grande el joven Sebastián Fernández. El tercero de la tarde aparentó buena condición de salida, pero también se paró muy rápido. Le recibió Sebastián Fernández garrocha en mano, pero el burrel no le hizo ni caso, manseando desde el inicio, y apenas pudo dejar algún detalle en el recibo. Puso dos rejones de castigo, antes de una faena de mucha intensidad, pero gran brevedad propiciada por lo rápido que se rajó el toro. Dejó tres buenos palos, pero lo más destacado llegó tras ellos, luciendo un gran toreo a caballo, que a veces es difícil de ver. A lomos de California, un caballo valentísimo al que poco le importaron las numerosas veces que el toro le tocó los lomos, dejó momentos de gran torería. Con solo tres banderillas, pasó rápido a las cortas, con el toro ya parado, dejando varios desplantes. La estocada trasera y caída hizo que las dos orejas fuesen un auténtico despropósito.
Peor suerte tuvo el joven rejoneador con el que cerró plaza, un toro manso, parado y desclasado al que era muy difícil sacar da la querencia. Tiró de doma y lucimiento de su cuadra en una faena desigual con algunas banderillas muy caídas y algunos desplantes excesivos. Mató a toro parado, en dos tiempos, dejando una estocada caída y algo trasera y se eternizó con el descabello.
Se abrió la plaza como se dejó la tarde anterior, con un Murube que manseó, no humilló en ningún momento de la faena y se rajó rápido. Propuso Sergio Galán una faena de cercanías, en los terrenos de la querencia, marcada por la nula clase y la poca continuidad del oponente, que apenas siguió al caballo en un par de apretones hacia las tablas. Clavó dos cortas y una rosa muy caída antes de dejar una mala estocada, al segundo intento, y propiciar un despropósito con el descabello, que pudo acabar con susto en el público al saltar el estoque en dirección al tendido.
En el cuarto, algo peor presentado y con mejor condición que sus hermanos, un toro que siguió con fijeza y clase el caballo de Galán en el recibo. El toro tuvo algún amago de mansear, pero mostró algo más de raza y fuerza y embistió con clase a los caballos. Las banderillas fueron dispares, algunas muy caídas, destacando la tercera al quiebro, y el último palo. Por momentos le faltó a Galán acoplarse a la acometividad con la que seguía el toro a los equinos de su cuadra, dejando una faena dispar, que además culminó con varios pinchazos y un bajonazo.
Plaza de toros de Palencia. Segunda de abono, corrida de rejones. Algo mas de tres cuartos de entrada. Al romper el paseíllo sonó el Himno Nacional. Toros de María Guiomar Cortés de Moura, de presentación acorde y juego dispar.
- Sergio Galán, Silencio y silencio.
- Diego Ventura, silencio y dos orejas.
- Sebastián Fernández, dos orejas y saludos tras aviso.





























