sergio lozano

Editorial de febrero de 2024

Llevo varios años leyendo con mucha atención a un gran profesor y experto en Innovación llamado Enrique Dans, de hecho estoy subscrito a su blog. Tuve la enorme suerte de conocerle personalmente tras escucharle en una ponencia que impartió en Madrid, en un Congreso de CLABE (Club Abierto de Editores en España formado por más de 190 editoras y que aglutina a 1.388 cabeceras). CLABE son sin duda “clave” para el futuro del periodismo y la comunicación “seria y de rigor” en España, ya os iré hablando próximamente de CLABE, porque van a hacer mucho por y para Palencia en un par de meses.

Como os decía, aprendo mucho del bueno de Enrique Dans. En uno de sus artículos leí el grave problema que existe en parte de los jóvenes de nuestra sociedad, fruto del mal uso de las redes sociales. Os cuento, según un estudio del Pew Research Center, conocido por su precisión en el análisis de los hábitos tecnológicos en la sociedad estadounidense, destaca el dominio continuo de YouTube, TikTok, Snapchat e Instagram entre los jóvenes de 13 a 17 años. La investigación revela que estos jóvenes consultan estas plataformas de manera casi constante, evidenciando un patrón de uso obsesivo y peligroso.

La situación plantea interrogantes sobre cómo deberíamos reaccionar ante una generación que pasa gran parte de su vida aferrada a los móviles, manifestando un patrón de uso potencialmente perjudicial. ¿Es hora de reflexionar sobre la posibilidad de que las decisiones educativas tomadas hasta ahora hayan sido incorrectas? ¿Deberíamos considerar que la omisión de la educación en tecnología fue un error considerable? Pienso que sí.

Las plataformas que lideran el escenario actual, han sido diseñadas de forma especialmente agresiva para inducir patrones de uso específicos y nada recomendables. Sus algoritmos de recomendación y operación están meticulosamente concebidos para promover el “doomscrolling”, (pasar horas y horas consultando información negativa en internet), fenómeno estrechamente asociado con una notable incidencia de problemas de salud física y mental entre los jóvenes. Este diseño, busca deliberadamente incrementar el tiempo que los usuarios pasan en la plataforma, generando así una mayor recopilación de información del usuario y una exposición más intensa a la publicidad. Este enfoque estratégico plantea inquietudes significativas sobre la ética y los impactos a largo plazo en la salud y bienestar de esta población juvenil.

La reacción de la sociedad, en gran medida, busca prohibir radicalmente el uso de móviles en las escuelas y establecer edades mínimas de acceso.
Este es el gran debate, según encuestas, la mayoría creen que lo ideal es prohibir el uso de móviles en las escuelas, y digo yo, no hay cosa más atractiva para un adolescente que lo prohibido, ¿verdad?

¿Cuál es la raíz del problema? Sencillamente, radica que históricamente se ha optado por no proporcionar educación, lo que ha llevado a que esta generación sea ahora víctima de patrones adictivos y dependencias obsesivas. Si se busca un cambio, la solución no consiste en convertir los móviles y las redes sociales en algo prohibido para los niños, a lo cual acceden sin preparación previa, considerándolo una suerte de “señal de madurez”. La respuesta está, precisamente, en la dirección opuesta: no en imponer más restricciones y menos educación, sino en brindarles un mayor contenido estructurado sobre el funcionamiento de estas plataformas, su diseño y la naturaleza perjudicial de los patrones que inducen, instándolos a evitarlos.

Además, de manera lógica, sería crucial sancionar legalmente a aquellos que promueven estos usos mediante sus maliciosos diseños. Igualmente, lo que realmente beneficiará a los jóvenes es la comprensión de que cuando sus manos se dirigen constantemente a los móviles, es debido a un FOMO (miedo a estar ausente) inducido, cuando sus perfiles son explotados al máximo o cuando son víctimas de estafas debido a la falta de barreras de entrada en ciertas plataformas.

Evitemos reincidir en el error que proviene de una época de privación y escasez en la educación tecnológica, y es necesario modificarlo integrando más y mejor educación tecnológica. Esta educación debe tener un enfoque transversal, asociándola con otras asignaturas y contenidos, permitiendo así que los jóvenes comprendan verdaderamente su actividad tecnológica. A pesar del absurdo mito de los “nativos digitales”, es crucial recordar que nadie nace con conocimientos tecnológicos innatos.

Corrijamos este error, que ya ha causado considerables perjuicios.

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