El cierre de la planta galletera de Venta de Baños se recibe como un
El cierre de la planta galletera de Venta de Baños se recibe como un "batacazo" entre los trabajadores, tras llevar algunos de ellos más de 20 años unidos a la empresa.
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El cierre de la planta galletera de Venta de Baños se recibe como un “batacazo” entre los trabajadores, tras llevar algunos de ellos más de 20 años unidos a la empresa

David Herrero / ICAL

“Tras 26 años en la fábrica, Siro significa todo, porque tu vida y amistades gira en torno a la planta. Empecé a trabajar desde que era un niño, nada más acabar los estudios, y allí me formé profesionalmente hasta el día de hoy”. Iván López, enmarcado en el área de mantenimiento, asegura que su vida social y las amistades están enfocadas al trabajo.

Como un “palo grandísimo” califica la decisión de cierre de la planta galletera de Venta de Baños, quien añade en declaraciones a la Agencia Ical que “todas las ilusiones, los sueños y las miras de futuro” se desvanecen.

Natural del municipio, asegura que esta noticia es la “comidilla” de las tiendas y los bares, dado que la gente “ya habla del desastre que será para la comarca, porque también afecta a las empresas externas”. “Es totalmente inviable lo que quieren hacer”.

La opción de traslado es imposible porque las condiciones ofrecidas son “tercermundistas” y los trabajadores tienen su vida desarrollada en la zona y no es tan fácil el desplazamiento a la factoría ubicada en Aguilar de Campoo, por ejemplo.

“Es imposible mantener dos vidas. O vendes tus propiedades aquí para poder trasladarte al otro lado o es imposible”. Además, afirma que las nuevas condiciones implican retorcer a un salario de hace 25 años, con el que no daría “ni para pagar el combustible”.

En la misma posición se muestra José Díaz, inmerso en la fábrica desde el 2003, al dejar claro que la opción de recolocación no es viable, al tener la vida y la familia formalizada. “No es posible con las condiciones económicas que se plantean. Sería trabajar a perdidas e invertir muchas horas en el desplazamiento”.

El carretillero reconoce que ha recibido la noticia muy mal, al ser inesperada ante unas consecuencias de tanta envergadura, porque se planteaban reajustes, pero no el cierre, puntualiza.

Traslada a Ical que “emocionalmente están todos descolocados y desubicados. El que menos lleva no deja de ser media vida trabajando. Siro significa el sustento de nuestras familias”.

Trabajadores de Cerealto Siro en Venta de Baños Palencia - Iván López, Juan Carlos Carrera y José Díaz - Manuel Brágimo ICAL
Trabajadores de Cerealto Siro en Venta de Baños Palencia – Iván López, Juan Carlos Carrera y José Díaz – Manuel Brágimo ICAL

Obsoleta y sin modernizar

“Me han exprimido y ahora me dan la patada”. Esa frase cobra protagonismo entre la gran mayoría de trabajadores preguntados, quienes explican que realizan sus labores diarias con maquinaria y tecnología de más de 25 años, debido a las nulas inversiones y modernizaciones en la planta galletera, apuntan.

Ponen como ejemplo la máquina enroscadora, la cual lleva años rota y sin usar, por lo que el trabajador en cuestión tiene que suplir su función enroscando a manos cientos de botes a diario.

“Luego se producen los dolores de muñeca y las bajas laborales. Se puede decir que la galleta de Siro es artesana, todo es a mano”, comentan irónicamente al afirmar que “demasiado bien salen las cosas como para decir que la fábrica no es competitiva”.

Juan Carlos Carrera relata que su vida lleva unida a Siro desde hace 25 años, aunque habla de su etapa en pasado con motivo de los últimos acontecimientos. “Me gustaba trabajar allí, porque antes ibas con otra ilusión, pero hemos visto que no se ha invertido bien en la fabrica para poder ser competitivo y nos vemos abocados a un cierre que no quiere nadie”.

Al igual que Carrera, Yolanda Maza y Elisa Limones explican que las galletas y la planta lo es todo para ellas, donde tienen amigos y familiares, ante un cierre que afecta mucho a un pueblo como el de Venta de Baños.

En el caso de Limones, el golpe es mayor, porque su marido también es trabajador, y la decisión afecta de lleno al núcleo familiar. Se trata de un “batacazo” muy grande, asevera.

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