Antolín Zurita había sido niño de coro. Desde que fue admitido por el Cabildo de la Catedral de Palencia, en octubre de 1834, la música era su vida. Su vocación y hasta, de cuando en cuando, su perdición.
Disfrutaba –nos gusta imaginar- tocando el violín y el bajón, tanto en las misas y procesiones como en los actos cívicos o militares para los que era convocado. Y estaba satisfecho con sus compañeros. Como Francisco López, a su lado desde la más tierna infancia en el coro catedralicio.
No le había ido mal al tal Francisco –a quien sus amigos tal vez llamaban Paco… puestos a imaginar-. Los jefes le hicieron más caso que a Antolín cuando, al cumplir los 18, solicitó un aumento de sueldo justificando que asumía nuevas funciones, como “tocar el contrabajo, llevar la cruz en las procesiones y asistir a maitines con sotana negra”. Además, Francisco –o Paco-, gozaba de buena reputación entre sus superiores, tanto en la Catedral como en el Ayuntamiento. Ellos dejarían escrito que “el niño de coro López se halla instruido en la música, que es el que más trabaja”. Eso sí, cuando Antolín y Francisco se juntaban… tenían peligro. Hasta el punto de que el Cabildo, allá por 1851, les dio un toque de atención “ante las reiteradas faltas a las horas de sexta y nona”, con la amenaza de “multarles con un real por cada hora no residida”.
Las pistas sobre la historia de Antolín y Francisco llegaron a nuestros días a través de los documentos que custodian el Archivo Histórico Provincial y los archivos de la Diócesis y el ayuntamiento. Pistas que podrían demostrar que Francisco, Antolín y otros muchos nombres que aparecen en los legajos eran, en realidad, los primeros músicos de una Banda Municipal que ha perdurado hasta nuestros días.

Y la importancia de seguir adecuadamente esas pistas es grande. «La nuestra podría ser una de las bandas más antiguas de España», avanza Rubén Guadilla, trompetista profesional en la actual Banda Municipal de Música. Una aseveración que, de confirmarse con los datos que está investigando, implicaría corregir el dato oficial que maneja la ciudad sobre la historia de su formación, especialmente desde la publicación del libro “Banda Municipal de Música de Palencia, 1879-1979”, escrito por Jesús Castañón y Antonio Álamo Salazar.
Al libro, que se publicó en 1980, lo siguieron artículos posteriores que aportaron más información. “Estos autores sitúan la fundación de la banda en 1879, hecho que (…) hay que retrasar en bastantes años”, aseguraron los investigadores Adelaida Muñoz y Antonio Cabeza en el III Congreso Nacional de Musicología celebrado en 1991, cuya comunicación está publicada por la Revista de Musicología (vol. 14, No.1/2), bajo el título “Algunos aspectos de la vida musical de Palencia en el siglo XIX: Las bandas de música”. Aquí es donde aparecen citados los nombres de nuestros amigos Antolín y Francisco, por ejemplo.
Desde la Catedral
Para su proyecto final de la carrera de trompeta en el Conservatorio Superior de Música de Castilla y León, Rubén investigó la historia de todos los intérpretes de clarín que habían pasado por la Catedral de Palencia desde el Renacimiento hasta 1835, coincidiendo con la Desamortización de Mendizábal. Y la fecha en la que terminó su trabajo era, precisamente, el momento en el que puede precisarse el surgimiento de las bandas de música de carácter civil.
Porque, a partir de la intervención de Mendizábal en las cuentas y el patrimonio de la Iglesia, «los músicos de las catedrales se quedan en paro. Y la ciudad sigue necesitando música para los desfiles, fiestas populares o festejos militares», justifica el trompetista. Por todo ello, Rubén Guadilla se ha tomado la investigación sobre la historia de la Banda como «un ambicioso proyecto personal». Cuando tiene tiempo, acude al Archivo Municipal para indagar en las actas plenarias, en las que rastrea nuevas pistas sobre la existencia de diferentes agrupaciones musicales profundamente conectadas con la antigua capilla catedralicia.
Un aspecto importante a tener en cuenta, que ya reseñaban Adelaida Muñoz y Antonio Cabeza en su artículo, es que esas agrupaciones cambiaban de nombre frecuentemente. Y ello se explica por la inestabilidad política de la época. “Cada corriente ideológica recurrirá a la formación de agrupaciones musicales para dar soporte a la difusión de sus idearios políticos”, escriben.

Estos investigadores comienzan su análisis en el año 1824 (antes de la Desamortización de Mendizábal), citando documentos que dejan entrever el conflicto habitual entre Cabildo y Ayuntamiento por las licencias, salarios y encomiendas de los músicos. Intérpretes que, como nuestros amigos Antolín y Francisco, tocaban para una u otra institución según el encargo. En la Catedral si había procesión… o ante la visita a Palencia de un miembro de la Casa Real, por ejemplo, si la ciudad organizaba la recepción.
«A veces se llama Milicia Nacional, otras Batallón Libertario y, otras, Agrupación Musical. Pero, indagando, encontramos los mismos nombres y apellidos», explica Rubén. También aparecen referencias a la Sociedad Filarmónica Palentina, que pudo jugar su papel en la estabilización del proyecto musical para la ciudad.
Con la Desamortización de Mendizábal, «probablemente pasó como en Sevilla, donde se ha documentado que los músicos de la capilla pasaron a formar parte de la agrupación de la ciudad», agrega el trompetista. En sus visitas periódicas al Archivo, ha encontrado referencias que se remontan a finales de los años 40 del siglo XIX, lo que ya de por sí es revelador. «El documento más antiguo que he encontrado hasta el momento es de 1848», comenta Rubén, que aún no ha terminado de revisar toda la documentación de los archivos.
«Incluso en ese documento se intuye que la banda viene de atrás», ya que solicita al ‘Batallón Provincial’ la devolución de instrumentos y vestuario de los músicos “que en el año de 1844 se pusieron por el Ayuntamiento a disposición de dicho cuerpo”.

Curiosas conexiones
Uno de los datos que permiten conectar la capilla catedralicia con la agrupación civil es la referencia continua al Músico Mayor. Así es como se denominaba al director de la banda, que no era otro que el músico más veterano, que elegía el repertorio y formaba a los nuevos integrantes.
En 1854, las actas recogen las solicitudes de Enrique Pérez para optar a la plaza de “clarín de la ciudad” -otra figura histórica vinculada a nuestra banda- y de Eugenio Buzón solicitando la de Músico Mayor.
La consolidación de la agrupación se refleja en el acta del 16 de julio de 1859, donde se publica el “Reglamento Orgánico Provisional para la Banda de Música que se halla formada en esta capital”, que regula aspectos como el deber de los músicos de tocar en las fiestas que requiera el alcalde, la autoridad del Músico Mayor, las obligaciones sobre los instrumentos y el vestuario o el derecho a una retribución.
«Es curioso que en 1859 exista un reglamento que regula la actividad de la banda y los deberes y derechos de sus músicos, que es lo que estamos reclamando hoy en día”, reflexiona Rubén. En el artículo de Muñoz y Cabeza se da cuenta también de la importancia de la Academia, especialmente a partir de los años 70 del siglo XIX. En ese momento se impartían clases de música diarias “a fin de crear un plantel de jóvenes, que en este ramo de la educación le pongan a la altura que reclama la cultura de esta capital”, según expresa el reglamento de 1871, citado por estos autores en su artículo, que reproducen también la lista de instrumentos propiedad del Ayuntamiento en el año 1875: clarinetes, requinto, fliscorno, cornetines, trompa, bomardinos, trombón y bombardón. «Está claro que en 1879, la Banda no solo existía, sino que estaba muy consolidada», indica Rubén Guadilla.

En 2005, el Ayuntamiento concedió la Medalla de Oro de la Ciudad a la Banda Municipal de Palencia, momento en el que los medios de comunicación y las instituciones repitieron el dato de la supuesta fundación en diciembre de 1879. El histórico periodista Pedro Miguel Barreda advirtió entonces, en su columna de opinión en el Diario Palentino, de que ese dato no era exacto. Años más tarde, en 2019, se conmemoró el 140º aniversario. Pero todo apunta a que esa efeméride tampoco estaba bien ubicada.
Hoy en día, la banda municipal de carácter profesional considerada como la más antigua de España es la de Sevilla, ciudad donde, al igual que en Palencia, también existió una importante capilla de música.
Cuando Rubén Guadilla avance en sus pesquisas y termine de conectar todas las pistas que tiene hasta el momento, existe la posibilidad de que se pueda situar a nuestra banda en esa misma etapa de principios del siglo XIX.
Un nuevo comienzo
Este mes de noviembre, la Banda Municipal de Palencia encara los conciertos en torno a la festividad de Santa Cecilia con una ilusión especial: la de la vuelta a la normalidad, después de los convulsos años de falta de estabilidad e, incluso, de su inactividad durante el curso pasado por no cubrirse la plaza de director.
«Los músicos profesionales que la integramos hemos tenido que escuchar comentarios terribles, que cuestionaban incluso la conveniencia de que la banda continuara», comenta contrariado Rubén Guadilla. Y es que ellos son custodios de un patrimonio de la ciudad de gran relevancia, que goza, además, del cariño de la ciudadanía.

«La Banda de Palencia estaba entre las más importantes de España», gracias a su relevancia histórica y su papel en la configuración identitaria de la ciudad. Hoy, ya con Ignacio Rincón como director y con el reciente anuncio de la compra de instrumentos, vuelven a sentir el respaldo de la sociedad sobre la agrupación. Sobre todo cuando han recibido el aplauso del público a partir de los primeros conciertos en verano. Y tienen ganas de explorar nuevos repertorios, colaborar con artistas, lograr la cobertura de plazas vacantes y darle un impulso a la Academia Municipal de Música Claudio Prieto.
La historia de Palencia tiene un sonido… Y no es otro que el de su Banda.











