radio colores 30 aniversario
Cándido Abril y Maribel Molina en el estudio de Radio Colores, en la Universidad Popular de Palencia. PaCO Magazine

Radio Colores cumple 30 años. Y deja tras de sí un reguero de radioaficionados y oyentes inquietos, creado a base de voluntad

En las tres décadas de trayectoria que lleva Radio Colores, la radio ha evolucionado de una manera vertiginosa: del espacio de radiofrecuencia a la emisión digital, pasando por la técnica, los contenidos o incluso los métodos de grabación y emisión.

En esta pequeña sala de la segunda planta de la Universidad Popular de Palencia, sin embargo, el tiempo ha pasado de otra manera. Porque aquí, la radio tiene un valor completamente diferente: el de la reflexión, el aprendizaje y, sobre todo, la participación.

«Es lo más importante para nosotros desde el principo», explica Cándido Abril, director de la UPP. «El valor de la participación y de la diversidad, y cómo no, el valor de la educación».

El que fuera principal promotor de la creación de Radio Colores detalla que, a diferencia de los medios convencionales, en esta radio comunitaria lo importante no es quién se sienta a escuchar, sino quiénes se sientan a hablar frente al micro. Como los voluntarios de Aspanis, que llevan años produciendo su propio programa, por ejemplo. O los alumnos de los cursos de la UPP que, al enfrentarse al micro, se forman también en técnicas para hablar en público y en expresión oral.

Y cuando todos ellos lo hacen, se enganchan. Es lo que les ha ocurrido a decenas de locutores  y locutoras voluntarios que han pasado por aquí desde el año 92. Maribel Molina, la coordinadora, lo describe sin darse cuenta cuando, en mitad de nuestra entrevista, sale a atender a una alumna que se ofrece para leer textos en algún programa. «Primero intentamos que lean algo sencillo, quizás para dar variedad tímbrica en programaciones especiales como el Día del Libro. Pero tratamos de que todo el que se acerque, se quede».

Además de locutores, por aquí pasaron durante años los centros escolares que participaban en su concurso colaborativo (hasta 400 cada curso). «Aún hacemos talleres de radio con niños y adolescentes y para ellos es toda una experiencia», porque descubren ese valor de la voz y la conversación en directo que no dan otros soportes a los que hoy día están acostumbrados.

Reflexión

Porque cuando esos incipientes locutores y locutoras se quedan, se empapan de los valores de Radio Colores. Como darse el gustazo de realizar entrevistas largas y profundas, que inviten a la reflexión, sin esa preocupación por las audiencias y los tiempos que impera en las emisoras comerciales. O, condicionados por las limitaciones, reducir el tiempo de música de radiofórmula para dedicarle espacio al conocimiento y la divulgación, aprovechando las restricciones de derechos para radios como ésta.

Un valor, el de la conversación, que se traslada al oyente a través de un sistema de programación que bien pudiera considerarse un antecedente del podcast. «Todos los programas están en nuestra fonoteca», explica Maribel incidiendo en el concepto castellano. «Y como tratamos temas de actualidad permanente, tienen interés a lo largo del tiempo».

Además, la parrilla de emisión tiene en cuenta diferentes horarios para que la gente que escucha la radio siempre a la misma hora del día, pueda disfrutar de programas diferentes, teniendo en cuenta que se repiten. Todo ello conforma una cercanía que crea comunidad, no solo dentro sino también fuera del estudio. Cándido Abril explica que la audiencia se fideliza de otra manera. «A menudo, porque alguien ha venido a participar en una tertulia, o conoce al locutor, y ya se va enganchando».

Artesanía

Radio Colores nació por impulso del propio Cándido Abril, que había participado en una radio comunitaria en Barruelo. «Cuando la emisora de la mina cerró, nos trajimos el equipo para instalar la nuestra». Y mientras aquello sucedía, hizo sus pinitos en Radio Nacional de España, con un programa comunitario que le propuso Paco Alcántara. Maribel se subió al barco después, aportando la experiencia en iniciativas similares de su organización de entonces, JOCE, en Valladolid.

En los inicios, «todo era pura artesanía. Hasta los efectos sonoros los hacíamos nosotros», detalla Abril. Tras una primera etapa emitiendo en directo, la ayuda técnica y voluntaria de Eduardo Luis de Íscar fue determinante para mejorar la técnica y poder grabar y editar los programas, una mejora que llegó en 2011. «No habríamos llegado hasta aquí sin él y sin su generosidad», reconocen ambos.

Técnicas que evolucionan para lograr lo que siempre fue importante: la creación de comunidades. «En un momento en que nos aislamos cada vez más,  el valor es precisamente trabajar juntos, en un espacio presencial… Es insustituible».

-Publicidad-

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingresa tu comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí