Por José Antonio Martín – Director de SoloAgro
Cuando comenzaba a trabajar como periodista especializado en el sector agrario, allá por el año 2000, comenzaba el ‘boom’ de la modernización de los regadíos en España.
En Castilla y León se comenzaron a modernizar las primeras comunidades de regantes sobre el año 2003-2005, siendo la comunidad zamorana Virgen del Aviso una de las primeras en instalar una estación de bombeo, con sistemas de control de riego remoto, hidrantes y arquetas de riego que llevaban agua a presión a pie de parcela.
Previamente se había hecho la reconcentración agraria para agrandar el tamaño de las parcelas, se había hecho un azud o una balsa de agua, se habían hecho canalizaciones de cemento y/o enterrado tuberías de diferentes diámetros y se había llevado la red eléctrica hasta la estación de bombeo, para poder dar energía a las bombas de agua.
Los proyectos de modernización normalmente estaban financiados a tres bandas por la Unión Europea, el Gobierno central -a través de SEIASA- y la Comunidad Autónoma, y el propietario de las tierras pagaba un porcentaje del total, con un plazo de entre 25 y 50 años para abonar su parte con intereses bonificados.
Con estas ayudas iniciales, fueron muchas las comunidades de regantes de Zamora, Salamanca y, sobre todo, del Páramo leonés, las que se unieron a esta modernización que tenía muchas ventajas y algún inconveniente.
El primer inconveniente fue convencer a los propietarios de las tierras, en muchos casos ya por encima de los 60 años, que pagaran por regar. ¿Por qué voy a pagar por regar, si hasta ahora he regado casi gratis por inundación de mis tierras?, decían.
Las ventajas eran muchas. Por un lado, se ahorra entre un 20 y un 25% en el agua del riego y, por otro, se reducen los costes de producción en un 30%; además, el riego es más cómodo, ya que el riego es a la demanda y un ordenador central abre y cierra el agua de cada regante, por lo que ya no hay que levantarse de madrugada a abrir la arqueta. Además, era el momento en que los países del norte de Europa -que no necesitan regar- querían que los agricultores españoles pagaran más por regar, como se recoge en la Directiva Marco del Agua, del año 2000 y, con la modernización les dábamos a entender que nos tomábamos en serio lo de optimizar el riego.
Pues bien, a pesar de que los propietarios tenían el riego por gravedad casi gratis, muchos miles de hectáreas del Páramo leonés se modernizaron (ahora son más de 80.000), porque entendieron que sus tierras se revalorizaban.
En Palencia, en contra
En la provincia de Palencia la dinámica fue muy diferente. La mayoría de las comunidades de regantes de la cuenca del Carrión y del Pisuerga votaron en contra de la modernización. La realidad era la misma que en León, pero la decisión fue la contraria. Aquí también había propietarios mayores, pero no entendieron las ventajas de la modernización y no atendieron a la solicitud de los arrendatarios de sus tierras y de las Administraciones.
Así, cuando los propietarios de tierras de regadío de la provincia de Palencia vieron las grandes ventajas que les suponía la modernización de regadíos a sus colegas leoneses, ya habían pasado 15 años en el mejor de los casos. Es decir, vamos con un retraso de tres lustros con respecto a otras provincias de Castilla y León. Eso sí, lo hemos cogido con ganas y ahora muchas comunidades se han dado prisa en aprobar la modernización.
En Palencia hay unas 85.000 hectáreas de regadío, de las que ya se han modernizado 14.000 y en diversas fases de ejecución hay otras 10.000 hectáreas. Además, se han firmado o están a punto otros convenios para modernizar otras 22.000 hectáreas. Nunca es tarde si la dicha es buena. Que todo sea porque el regadío, además, fija población y da seis veces más beneficio que el secano.
Otro día hablamos de la insuficiente regulación de la cuenca y de las balsas pendientes de en la zona de las Cuezas palentinas.





