Regresa la pintura de Antonio de la Peña a su ciudad natal, en esta ocasión a la histórica y recuperada sala de Caja España de la calle Don Sancho, propiedad de Fundos y gestionada ahora por el Ateneo de Palencia mediante sistema de alquiler. Una exposición marcada por cuadros de grandes dimensiones y que aborda los dos grandes temas del artista, nacido en la capital palentina en 1938: las marinas y Castilla, dos territorios que él conoce muy bien, el primero por adopción -reside en Bilbao desde que era apenas un niño- y el segundo por sus orígenes y por su constante presencia.
Pero también el atento visitante puede contemplar una pequeña muestra de su originaria pintura y de sus dibujos, todo ello aderezado con recuerdos personales, materiales de trabajo y algunos reconocimientos que ha recibido a lo largo de su prolongada vida artística. Nos encontramos, pues, ante una pequeña gran antología de su magna obra, repartida por las numerosas ciudades en la que ha expuesto.
De la Peña pinta con la misma pasión esos dos escenarios, porque los conoce y los ha pateado y porque en cada uno de estos cuadros refleja un trozo de su vida en Palencia / Castilla y en la ría de Bilbao. Una pasión que traslada a la técnica de sus óleos sobre tabla -los más numerosos de la muestra- y sobre lienzo.
El pintor aplica una pincelada fuerte y vigorosa que desprende materia hasta reforzar el paisaje, y ello utilizando una amplia gama de colores que reflejan los ocres campos castellanos y las celestes aguas marinas. El mar se presenta en estas obras en todo su esplendor: barcas, playas, puertos… La marina es un motivo de inspiración que De la Peña conoce de sus vivencias en el País Vasco y de sus estancias estivales en Mallorca. El artista cultiva un paisaje playero y marítimo con muchos registros plásticos, formales y de colorido.
Castilla aparece en el recuerdo del migrante que la observa desde la memoria. De ahí que aparezcan viejas cosechadoras, parvas de trigo, rebaños de ovejas, la trilla y trabajos en la era, con los pueblos al fondo, como el cuadro que abre la muestra. La gama cromática se reduce en estas obras, en las que prima el amarillo, aunque se mantiene la pincelada potente para el refuerzo matérico.
Antonio de la Peña camina en sus obras del impresionismo al expresionismo a través de esa pincelada abierta y enérgica y de una paleta cromática viva que se potencia en las marinas. Con estos instrumentos, construye unos paisajes luminosos en los que evidencia su oficio y veteranía. El pintor capta la luz auténtica que llega a la Castilla de sus recuerdos y al País Vasco en el que transcurren sus días.
Tras muchas décadas de trabajo frente al caballete, De la Peña ha creado un universo pictórico inconfundible, pero detrás de la producción actual hay una evolución que se advierte en obras antiguas que se exponen a modo de ejemplo de su proceso de crecimiento. Son apuntes de 1961 ejecutados en Argentina que reflejan arquitecturas urbanas, y su primera pintura, de 1951, un paisaje nevado.
En otra vitrina se muestran, junto a un bodegón de limones y frutas, dibujos que constatan el dominio de esta técnica, imprescindible para transitar hacia la pintura, dibujos de retratos, desnudos, barcos, músicos… Obras iniciáticas del proceso pictórico que le ha encumbrado como pintor de la ría y de Castilla.
El pintor palentino afincado en el País Vasco ha regresado con una exposición completa que confirma el papel relevante que ha adquirido en el panorama pictórico de estilo figurativo.
LA EXPOSICIÓN
Pintor Antonio de la Peña
Sala Ateneo de Palencia (calle Don Sancho, 3)
Fecha Hasta el 30 de abril
Horario De martes a viernes: de 18:00 a 21:00; sábados: de 12:00 a 14:00 y de 18:00 a 21:00.




















