El Naán y los ‘Versos del Páramo Negro’, una llama que no se rinde a las cenizas

El grupo El Naán, formado por Carlos Herrero, Héctor Castrillejo y Adal Pumarabín, fusiona poesía y percusión en su nuevo disco "Versos del Páramo Negro". Su música ecléctica conecta la tradición ibérica y sonidos africanos, presentando un espectáculo ambicioso en Palencia.
El grupo El Naán actuando en un concierto con varios músicos en el escenario.
El Naán presenta su nuevo disco 'Versos del Páramo Negro' en un emocionante concierto.

Jesús García-Prieto / ICAL

Hay grupos que miden el éxito en streams y en portadas. El Naán lo mide en la emoción que se produce cuando la poesía y la percusión se encuentran en el mismo aliento, en el silencio que cae sobre un teatro cuando el verso llega al hueso. Desde los páramos del Cerrato Palentino, Carlos Herrero, Héctor Castrillejo y Adal Pumarabín llevan desde 2009 rastreando la raíz étnica de la tradición ibérica para hacer con ella algo completamente nuevo, algo que no traicione la llama que ardía antes de que llegaran ellos y que seguirá ardiendo cuando ya no estén.

Ahora llega su quinto disco, ‘Versos del Páramo Negro’, y con él una de las propuestas en directo más ambiciosas de su historia con dos noches consecutivas, el 3 y el 4 de junio, en el Teatro Principal de Palencia, en el marco de la Feria Chica, con más de veinte personas sobre el escenario. Un espectáculo único, dicen, que no se repetirá igual en ningún otro lugar del mundo.

El título no nació de una sesión de ‘brainstorming creativo’ sino de una geografía vivida desde la infancia. «El concepto del Páramo ha sido muy importante en mi creación poética», explica Héctor Castrillejo, eje poético del grupo. «Aquí el Cerrato es una tierra de páramos. Es mi paisaje de la infancia y representa todo eso.» El adjetivo «negro», sin embargo, pide matices, y el poeta los ofrece con esa cautela que tienen quienes saben que las palabras valen más sin demasiadas explicaciones. “A veces la poesía es mejor no explicarla, pero va más por el cielo de la noche, por esa oscuridad llena de estrellas. Va más por ahí que por otra cosa”, reconoce a la Agencia Ical.

El Naán en concierto, fusionando poesía y música en Palencia.
El grupo El Naán presenta su espectáculo en Palencia, fusionando poesía y percusión.

Pero hay una segunda capa de sentido que conecta el páramo castellano con el continente africano, y esa conexión no es forzada sino histórica y musical. “El disco tiene un montón de reminiscencias africanas. Tiene mucho de África, de sonoridades, de melismas, de instrumentación, de acordes africanos. Entonces, de alguna manera, esa conexión entre el Páramo y la negritud africana también cuadraba mucho como para reivindicar esa tradición mestiza que tenemos, porque todas las tradiciones humanas son mestizas”. El título, así entendido, es el mapa del viaje que hace este grupo cada vez que toca, desde “los cerros pelados del Cerrato hasta las noches de gnawa del norte de África”.

El proceso de gestación de este nuevo trabajo empezó mucho antes de entrar en ningún estudio. El grupo, que habitualmente actúa en formato de septeto, apostó por una propuesta reducida, un trío más íntimo y poético, para explorar canciones que pedían ser tocadas casi a piel. Ese formato, bautizado como ‘La desaparición de las luciérnagas’, fue el laboratorio donde nacieron las once piezas del disco. “Estábamos tan contentos de cómo funcionaban los directos, lo emocionante que era ese espectáculo, que tuvimos que grabarlo, porque además nos lo decía todo el mundo cuando acababa: no queremos lo que habéis hecho los discos que ya tenéis, queremos lo que habéis hecho hoy”.

Y entonces se pusieron a ello. Durante más de cinco años, las canciones fueron evolucionando, mutando, creciendo en capas que solo el tiempo puede depositar. «Ha sido un proceso de alquimia, de experimentación, porque este disco ha nacido en directo», dice Castrillejo. Lo que llaman «piezas» no son exactamente canciones ni exactamente poemas, sino una cosa híbrida que el grupo ha ido amasando sin prisa. “Son versos y canciones trenzados. No es ni una canción ni un poema, es una cosa híbrida. Y eso ha ido evolucionando a lo largo de cinco años. La fotografía del momento actual de eso, que siempre está en movimiento y siempre está en cambio, es el disco”. La música al servicio de la palabra cuando hace falta, y la palabra al servicio de la música cuando la música manda. «Es intuitivo, es espontáneo y es por ósmosis», resume el poeta.

Una de las decisiones más singulares de ‘Versos del Páramo Negro’ es la forma en que hermana los sonidos de la meseta castellana con las músicas de raíz del norte de África. El Naán no lo ha hecho desde el escritorio, sino desde la experiencia directa. “Nosotros viajamos mucho. Nuestro concepto no es el del turismo, sino el del viaje. Es decir, ir a los lugares sin billete de vuelta, sin una ruta prefijada, intentando conocer y compartir con la gente de allí”.

En el norte de África, y especialmente entre los músicos nahua (intérpretes de trance que mantienen viva la música como forma de sanación y que, según Castrillejo, «tienen el rito de la música como sanación, una cultura ancestral que viene de los esclavos negros del norte de África») encontraron algo tan inesperado como que la música castellana y la música magrebí se reconocían sin esfuerzo.

“Jugando allí con la música, de repente nos dimos cuenta de que encajaba muy bien, de que se hermanaba de manera casi natural, sin esfuerzo, con la música de aquí, de Castilla concretamente”. La razón, explica el poeta, la da la historia si uno está dispuesto a leerla sin prejuicios. “Si oyes las dulzainas, si oyes las jotas, las seguidillas, si cierras los ojos y haces un mínimo esfuerzo, te das cuenta de que es casi lo mismo. Estuvieron 800 años aquí. Hubo mucha gente que se quedó, que se adaptó, pero su cultura, su forma de hacer las cosas, su astronomía, su lengua, su música, siguió aquí y sigue aquí”. Para El Naán, la tradición no es un estanco cerrado sino una decantación, un proceso vivo. “Si miras nuestra tradición de esa manera, ves que contiene un montón de esencias que vienen de muchos lugares del mundo, pero la del Magreb, concretamente, intuitivamente, nos parece como evidente».

Entre las colaboraciones del disco, ninguna tan cargada de resonancia como la de Rozalén. La cantautora de Letur, uno de los municipios arrasados por la dana de noviembre de 2024, llega a este trabajo de un grupo que vive entre ruinas de adobe, entre pueblos que se vacían lentamente de presente y de futuro, por eso la conexión es muy sentida. “Cuando vimos lo que pasó en Valencia, había una especie de hermandad del barro. Se parecía físicamente, aunque lo uno es brutalmente lento y lo otro brutalmente rápido. Y de repente había ahí esa hermandad. Dijimos ‘vamos a añadir unas estrofas para dedicártelas a ti y a tu pueblo, a hermanar nuestra destrucción del olvido y del vaciamiento con vuestra destrucción’, porque todo está atravesado por el barro”.

La relación entre el grupo y Rozalén viene de antes. Se conocieron en un concierto en Madrid organizado por Fetén Fetén, se hicieron amigos con rapidez, y ella ya los había visto actuar junto a Vetusta Morla en el estadio Metropolitano. “Ella siempre ponía por ahí que era fan. Y nosotros dijimos: pues si eres fan, échanos un cable, prima, y grábate una cancioncita”, explica entre risas Castrillejo parafraseando la mítica canción de Niña Pastori. El videoclip se rodó, como no podía ser de otra manera, en Tabanera de Cerrato, entre las ruinas de adobe que rodean la vida cotidiana del grupo. También participan en el disco Anna Colom, Greg Duveau y otros músicos e instrumentistas que han contribuido a construir este atlas sonoro de once piezas.

Hay algo deliberadamente contracultural en lo que hace El Naán, aunque ellos no lo llamen así. En un mercado musical que recompensa la inmediatez y las letras masticadas, este grupo del Cerrato apuesta por la complejidad, por el pensamiento lento, por los textos que piden ser escuchados más de una vez. «Llevamos mucho tiempo con una simplificación que nos está infantilizando», dice Castrillejo con una contundencia que no busca el escándalo sino el diagnóstico. “Estamos en ese mundo infantilizado y nos gobiernan adolescentes. Entonces, volver a la palabra y a lo complejo es absolutamente, por lo menos para nosotros, fundamental”.

Por eso reivindican la poesía como estandarte, aunque eso les aleje del mainstream. “A lo mejor no es lo mejor para vender y para estar en el mainstream. Pero para nosotros es lo que nos sale, lo que nos pide el cuerpo y el alma”. Y esa coherencia tiene su recompensa ya que El Naán se gana la vida con su música. Lo dicen con una sencillez que suena a orgullo bien ganado y muy poco frecuente en el mundo artístico. “Ganarte la vida con lo que te gusta, y además no dejarte llevar y seguir teniendo el timón, eso ya es un éxito absoluto. Más que eso es casi imposible”.

Cartel del estreno de El Naán en Palencia con imágenes artísticas
El Naán presenta su nuevo disco ‘Versos del Páramo Negro’ en Palencia.

El formato trío, más pequeño y más poético, es también donde esa apuesta resulta más evidente. “Un formato más pequeño te da la sensibilidad de poder hacer las cosas con mucha sutileza, que eso también contiene una emoción diferente a la de la potencia y a la catarsis, pero igualmente enorme. Poder hacer silencios, poder hacer las cosas con muchísima delicadeza, eso va muy bien con la palabra y con la poesía”.

El recorrido de El Naán es, en sí mismo, un argumento contra los atajos y a favor de la coherencia artística sostenida en el tiempo. En 2022 y 2023 formaron parte del elenco de Vetusta Morla en su gira Cable a Tierra, actuando en el Estadio Olímpico de la Cartuja, el Palau Sant Jordi y el Wizink Center. La gira de 2023 cerró el 24 de junio en el estadio Metropolitano de Madrid ante 40.000 personas. La de 2024 lo hizo en dos conciertos consecutivos llenando el mismo Wizink Center de la capital.

Al día siguiente de aquella noche en el Metropolitano, sin embargo, El Naán estaba en una ermita de León tocando para quince personas, desbrozando cardos en una era antes de subir al improvisado escenario. “Tenemos la suerte de estar en un pueblo a pie de tierra, que eso es muy sano. Aquí estamos todos, gente que no tiene nada que ver contigo en algunas cosas, en mentalidad, en forma de ser, en forma de vivir. Y eso es sanísimo”, reconoce a Ical con la humildad de quien, pese a todo, nunca deja de ser cercano.

La proyección internacional del grupo refuerza ese perfil. Han actuado en festivales de Irlanda, Polonia, Hungría, Portugal e Inglaterra, y tocaron en directo para la BBC. Su segundo disco fue distribuido por el sello inglés ARCMusic, referencia mundial en World Music activo desde 1976. Su tercer trabajo, La Danza de las Semillas, fue declarado mejor disco europeo de 2018 por la Transglobal World Music Chart y alcanzó el número cuatro del Top 100 Mundial. Una carrera que, pese a todos esos logros, sigue teniendo como epicentro los páramos del Cerrato y la convicción de que el mejor lugar para crear es el que está a pie de tierra.

‘Versos del Páramo Negro’ es también un disco con conciencia política, aunque no en el sentido convencional. Habla de los pueblos en peligro de extinción, de los oficios perdidos, de la comunidad desintegrada por el individualismo que todo lo rige. El Naán trabaja con la Universidad Rural del Cerrato, un proyecto que trata de rescatar lo mejor de las culturas campesinas sin caer en la trampa de la nostalgia paralizante. “Hay cosas absolutamente fundamentales que nos hacen más falta que nunca y que nuestros abuelos y abuelas sabían hacer perfectamente. Desde la sostenibilidad a la comunidad, que es una de las cosas más importantes. El individualismo feroz es lo que nos está enloqueciendo”.

No se trata de volver a vivir como se vivía, sino de no tirar a la basura sabidurías que aún pueden enseñarnos algo. «Eso no es nostalgia, son claves para enfrentar el futuro que nos viene», afirma Castrillejo con una convicción que atraviesa el disco entero. Esa mirada atávica y futurista a la vez es, quizá, la señal más clara de que El Naán no es un grupo de revival ni un proyecto de etnomusicología con guitarra, sino algo más difícil de clasificar y, por eso mismo, más necesario, un grupo que escucha el pasado para hablar del presente, que viaja al Magreb para entender Castilla, que toca ante 40.000 personas y al día siguiente desbroza cardos en una era.

Estreno único en casa

El estreno del 3 y 4 de junio en el Teatro Principal no será simplemente la presentación de un disco. Será otra cosa más difícil de definir y más fácil de sentir. El grupo ha trabajado con Pez Luna Teatro para incorporar acciones escénicas que, según Castrillejo, «tienen que ver con las mascaradas de invierno y con más cosas que no quiero desvelar demasiado». Habrá invitados, poetas, músicos de distintas procedencias, voces e instrumentistas que participaron en la grabación del álbum, y más de veinte personas compartiendo escenario en el teatro más emblemático de la capital palentina. «Es un espectáculo único porque no se va a repetir igual en ningún sitio ninguna vez más», subraya el poeta sin énfasis innecesario, como quien constata un hecho.

La doble función responde también a una necesidad práctica, disponer de localidades suficientes para todos los que quieran estar presentes en este momento singular de la trayectoria de uno de los grupos más singulares que ha dado la música de raíz en Castilla y León. Un grupo que, desde un pueblo del Cerrato, lleva casi dos décadas transmitiendo la llama.

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