El osario de la Catedral de Palencia supera los 100.000 huesos y se convierte en uno de los mayores yacimientos medievales de Castilla y León

Un equipo internacional de arqueólogos y estudiantes de trece países trabaja bajo la Capilla de San Isidro para reconstruir la sociedad palentina de los siglos XII al XV en la segunda edición del curso de osteoarqueología
Investigadores analizando huesos en el osario de la Catedral de Palencia

Jesús García-Prieto / ICAL

La Catedral de Palencia vuelve a convertirse en un gran laboratorio de historia. Bajo sus cimientos, en el osario localizado en la Capilla de San Isidro, un equipo internacional de arqueólogos y estudiantes trabaja para desentrañar los secretos de cientos de personas enterradas allí entre los siglos XII y XV. Los trabajos, que se prolongan hasta el 28 de mayo en el marco de la segunda edición del curso de osteoarqueología, ya han localizado más de 100.000 huesos, lo que podría equivaler a unas 500 personas, un hallazgo que los investigadores califican como uno de los más relevantes de la comunidad.

El director de la excavación y arqueólogo de la Universidad de Valladolid, Arturo Balado, reconoció que la magnitud del descubrimiento le resultó abrumadora en un primer momento. «A mí me abrumó un poco, porque nosotros como arqueólogos lo que hacemos es intentar descubrir las etapas del pasado, y cuando nos encontramos este volumen de huesos, nos es muy difícil procesar toda esta información», afirmó a la Agencia Ical. Para hacer frente a ese reto, los cursos de osteoarqueología se han convertido en una herramienta fundamental, ya que permiten movilizar a un número de especialistas que de otra manera sería imposible reunir.

Este año participan 13 alumnos procedentes de países como Portugal, México, Brasil, Estados Unidos y Canadá, junto a profesores de universidades internacionales. El curso se imparte en inglés, lengua franca del grupo, y combina una parte teórica de análisis óseo con sesiones prácticas de excavación bajo el suelo de la capilla. El objetivo marcado es superar los 19.000 huesos estudiados en la edición anterior, para lo que el equipo se ha fijado un ritmo de trabajo de aproximadamente un millar de restos óseos al día.

La arqueóloga de la Universidad de Oxford, Emma Bonthorne, que codirige la investigación, cifró en más de 100.000 los huesos extraídos hasta la fecha. «El año pasado estimamos que tuvimos unos 20.000 huesos. Después de la primera parte del estudio podemos decir que probablemente tenemos más de 100.000 huesos que hemos sacado hasta ahora», detalló la investigadora. Los restos corresponderían a un mínimo de 500 individuos, aunque el análisis de los 19.000 huesos estudiados el año pasado ya apuntaba a unos 130 personas concretas identificables.

Balado subrayó que se trata, con toda probabilidad, del osario medieval más importante localizado hasta ahora en Castilla y León. Fuera de la comunidad, el equipo de Bonthorne tiene experiencia en el osario de Roncesvalles, que presenta una mayor potencia vertical y más niveles de enterramiento, pero en el ámbito autonómico el de Palencia se sitúa a la cabeza.

El trabajo diario consiste en extraer los huesos de las bolsas en las que fueron almacenados tras su recuperación en 2023, clasificarlos por tipo y registrar todos los datos posibles. Al mismo tiempo, grupos de tres alumnos se turnan cada dos horas para descender al subsuelo de la capilla, donde la instalación de un suelo de madera facilita el acceso al interior sin alterar los materiales de cubrición, y continúan extrayendo los restos que todavía permanecen enterrados.

El análisis antropológico ya ofrece los primeros resultados sobre la población enterrada en la catedral. Según los datos obtenidos el año pasado y confirmados en esta segunda campaña, aproximadamente el 60 por ciento de los restos corresponde a hombres y el 40 por ciento restante a mujeres, con presencia de niños de todas las edades. Balado apuntó que ese desequilibrio de género podría estar condicionado por la presencia de enterramientos de religiosos vinculados al propio templo, que alterarían la proporción natural de la población de la época.

En cuanto a las patologías documentadas, la artrosis es la más frecuente, tal y como ocurre en la práctica totalidad de yacimientos medievales. Junto a ella han aparecido evidencias de infecciones, enfermedades ligadas a la desnutrición como la anemia y numerosas fracturas, algunas soldadas de forma deficiente. «Tenemos infecciones, enfermedades asociadas a la falta de nutrición, como es la anemia, y luego muchas fracturas soldadas y no bien soldadas», explicó Bonthorne. Una de las alumnas que participó en la edición anterior ha regresado este año para realizar su trabajo de fin de máster sobre las paleopatologías documentadas en el yacimiento.

Lo que no ha aparecido hasta la fecha son señales de grandes epidemias ni hambrunas. Aunque algunas situaciones de malnutrición severa pueden dejar huella en los huesos, los investigadores no han documentado evidencias de ese tipo entre los restos analizados.

Uno de los aspectos más relevantes de la investigación es la confirmación de que el osario no corresponde a enterramientos primarios. Los huesos no se encuentran en su lugar de inhumación original, sino que fueron trasladados de forma secundaria a principios del siglo XVI durante una gran reforma de la cabecera gótica de la catedral.

Balado explicó que durante aquellas obras se desmantelaron todas las tumbas existentes en la zona y los restos fueron acumulados en el interior de la capilla de San Isidro. Quienes realizaron el traslado seleccionaron principalmente los huesos más grandes y fácilmente reconocibles (cráneos y huesos largos) y dejaron atrás la mayoría de los pequeños, como los de manos y pies, que probablemente se mezclaron con el escombro generado por la obra. «En aquel momento sí que tuvieron el detalle de mantener los huesos consagrados dentro de la iglesia, pero no tuvieron un especial cuidado por cómo trataban esos restos», señaló el arqueólogo a la Agencia Ical.

Esta circunstancia condiciona el análisis, ya que ningún esqueleto se conserva en conexión anatómica y todos los huesos están mezclados, lo que obliga a trabajar siempre con datos de restos sueltos. La horquilla cronológica de los enterramientos abarca desde el siglo XII hasta comienzos del XVI, aunque la arqueología ya permitió determinar que el momento en que se formó el osario corresponde a los primeros años de esa centuria.

Respecto a la posible presencia de personajes ilustres, Balado descartó que el osario contenga restos de la nobleza o la realeza. Los enterramientos parecen corresponder a personas de condición media, con el estatus suficiente para recibir sepultura en la catedral, pero sin la relevancia social que hubiera garantizado un lugar de inhumación diferenciado y respetado.

Para los participantes, el curso supone una oportunidad de formación difícilmente replicable en sus países de origen. En Estados Unidos y Canadá, trabajar directamente con huesos humanos reales está sometido a importantes restricciones legales, por lo que la posibilidad de manipular, examinar y clasificar restos óseos con sus propias manos tiene un valor formativo extraordinario. Muchos de ellos aspiran a convertirse en antropólogos forenses o arqueólogos especializados en antropología física.

Balado destacó que el boca a boca entre los participantes de ediciones anteriores es el principal motor de difusión del proyecto. Los estudiantes no solo valoran la calidad científica del curso, sino también la ciudad que los acoge. «Están encantados con la ciudad, están descubriendo algo que no conocían, vienen de otros mundos y de otras formas de socializar y se encuentran en una ciudad pequeña pero agradable, donde todo el mundo es amable», señaló el arqueólogo.

El foro romano, gran incógnita bajo las naves

Más allá del osario medieval, los investigadores tienen puesta la mirada en un horizonte histórico aún más profundo. Balado está convencido de que bajo las naves de la catedral se conserva casi intacta la zona nuclear de la ciudad romana de Palencia. La presencia continua del templo habría protegido ese subsuelo de las transformaciones urbanas que en otros puntos de la ciudad han destruido o alterado los restos de época romana.

«Yo creo que bajo la catedral tienen que estar los restos del foro romano de la ciudad, la zona más importante de la ciudad romana», afirmó el arqueólogo. Algunas pequeñas ventanas abiertas en puntos estratégicos del subsuelo han permitido vislumbrar materiales anteriores a la construcción de la catedral de gran entidad. Sin embargo, para acceder plenamente a ese legado romano sería necesaria una intervención de gran envergadura que hoy por hoy no es posible acometer.

El horizonte inmediato de la investigación apunta a varios años más de trabajo. Balado estima que solo con el material ya extraído serían necesarios al menos tres cursos adicionales como el actual, “como mínimo”. A eso se suma que el osario no ha sido excavado en su totalidad y que su extensión real todavía se desconoce. Para acometer la excavación completa haría falta intervenir desde la superficie en la totalidad de la capilla, una obra de envergadura que requeriría una inversión considerable.

El deán de la catedral, Dionisio Antolín, ha reconocido que el presupuesto disponible es «desafiante», aunque la instalación del suelo de madera sobre el osario ha facilitado enormemente los trabajos al permitir el acceso sin necesidad de retirar los materiales de cubrición en cada campaña. El obispo de Palencia, Mikel Garciandía, ha afirmado que existe una «decisión en firme de seguir trabajando» y que la diócesis está buscando aliados. En esa línea, el prelado mencionó la unión con las catedrales de Burgos, León y Astorga para una estrategia de promoción turística conjunta.

En el ámbito municipal, el Ayuntamiento de Palencia también aporta apoyo económico al proyecto, una colaboración entre instituciones civiles y religiosas que Balado valoró especialmente. «Es muy de agradecer esta colaboración entre las líneas civiles y religiosas, que son las que pueden ayudarnos a realizar este tipo de tareas que implican trabajar en un territorio que no deja de ser de la iglesia, pero que el ayuntamiento ve que para la ciudad es beneficioso», subrayó.

Mientras tanto, el potencial de la cade vez menos Bella Desconocida sigue sorprendiendo a quienes se acercan a ella por primera vez. Para los investigadores, dar a conocer ese patrimonio más allá de las fronteras regionales es tan importante como la propia excavación. «Esta catedral realmente no desmerece de ninguna otra catedral. Hay que intentar entre todos que sea cada vez más conocida», concluyó Balado.

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