La organización impulsa la rehabilitación de la iglesia de San Pedro de Villalcázar de Sirga como albergue y centro internacional de estudios jacobeos
Jesús García-Prieto / ICAL
El lunes 25 de mayo quedó inscrita en la historia del Camino de Santiago en España una fecha que los impulsores del proyecto llevan años esperando. Siete patronos firmaron la escritura de constitución de la Fundación Amigos de los Caminos de Santiago San Pedro de Villasirga, el instrumento jurídico llamado a hacer realidad uno de los proyectos de recuperación patrimonial más ambiciosos que ha emprendido la Federación Española de Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago (FEAACS) en sus más de tres décadas de historia.
Los siete patronos fundadores son Juan Guerrero Gil, presidente de la FEAACS, y Ángel Trabada, vicepresidente, junto a Juan Ramos como secretario, José Buzzi como tesorero y Jorge Martínez-Cava, Juan Carlos García y Ana Barreda en calidad de vocales. Los estatutos de la fundación establecen ese número mínimo de siete patronos, si bien contemplan hasta catorce, y desde el propio patronato reconocen que están previstas incorporaciones en los próximos meses de personas que, por razones de agenda y trabajo, no pudieron sumarse a la firma inaugural.

El objetivo que persigue esta nueva fundación es la rehabilitación integral de la iglesia de San Pedro de Villalcázar de Sirga, un edificio desacralizado a mediados del siglo XVII y que desde entonces ha conocido usos tan dispares como ayuntamiento, escuela rural, lagar y almacén. Hoy, con la estructura en pie pero el paso del tiempo acumulado en cada grieta y teja, la iglesia aguarda una segunda vida que la FEAACS está decidida a protagonizar.
La iglesia de San Pedro es el templo más antiguo de Villalcázar de Sirga. Su origen está documentado desde el siglo XI, cuando ya era propiedad del monasterio cluniacense de San Zoilo de Carrión de los Condes, junto con sus tenencias y diezmos, que se pagaron hasta el siglo XVIII. El edificio, de nave única con ábside recto, construido en su parte inferior con sillares y completado con ladrillo y adobe, conserva elementos de enorme valor: una portada principal con el escudo de las llaves de San Pedro, un artesonado decorado en su interior y, en el testero, un sillar labrado con marcas relacionadas con la señalización histórica de hospitalidad para peregrinos, testimonio mudo de que este lugar acogió caminantes hacia Compostela hace cerca de mil años.
Cruce de Caminos
La iglesia se alinea, además, con el cordel cerverano, una antigua cañada real, y Villalcázar de Sirga se alza como el punto donde el Camino Francés y la Vía Aquitania convergen, lo que convierte al enclave en un nudo histórico de primer orden en la geografía jacobea de la Península. El edificio es también parte de la candidatura de los Sitios Cluniacenses a Patrimonio Mundial de la UNESCO, liderada por la Federación Europea de Sitios Cluniacenses, con horizonte 2025-2027, en la que participan localidades palentinas como Nogal de las Huertas, Frómista, Carrión de los Condes y la propia Villalcázar de Sirga.

Juan Carlos García, patrono vocal y presidente de la Asociación Amigos del Camino de Santiago Vía Aquitania, fue uno de los primeros en involucrarse en el proyecto. Este palentino en el exilio recordó la magnitud del reto cuando empezaron a imaginar lo que podía hacerse con el edificio. “Creemos que tiene una estructura que merece la pena salvar. El proyecto que tenemos es un proyecto doble, por una parte el albergue, en el que queremos aprovechar las singularidades como el ábside para las habitaciones, y por otro dejamos diáfana la nave, la iglesia, haciendo una alfombra de madera que sería un aula, un anfiteatro, para impartir cursos”, explicó a la Agencia Ical.
García, que vive en Madrid pero mantiene una profunda vinculación con la comarca, describió el estado en que encontraron el edificio cuando comenzaron a plantearse su recuperación. “Una parte había sido ayuntamiento y escuela, y la otra había sido lagar y luego almacén. Las naves se abandonan, entran goteras y al final acaban destrozando todo. Sobre todo las palomas ya que había un palomar en el ábside, y el palomar es lo que más destroza un edificio”.
A pesar de los años de abandono, el patrono es optimista respecto a los desafíos técnicos. “La solidez de los muros de la edificación es muy buena. Tenemos un artesonado muy bueno que ahora mismo, pues habrá que levantar el tejado y rehabilitarlo, pero tiene una gran solidez. Es como hacer un guante dentro, construir un edificio dentro de otro”.
El equipo técnico encargado de llevar a cabo la rehabilitación está liderado por Rafael Manzano Martos, uno de los arquitectos españoles más reconocidos en materia de restauración del patrimonio histórico, galardonado con el Premio Richard H. Driehaus de Arquitectura Clásica en 2010, considerado el Pritzker de la arquitectura tradicional y la restauración. Manzano, exdirector del Alcázar de Sevilla durante dieciocho años y miembro de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, actúa como comisario del proyecto. La arquitecta ejecutora es Carmen Thovar Cebrián, discípula directa de Manzano, especializada en urbanismo, edificación y eficiencia energética.
La intervención
La filosofía de intervención, tal como la describen los propios arquitectos, no busca borrar las cicatrices del tiempo sino estabilizar la estructura respetando la nobleza del edificio. La propuesta divide el espacio en dos grandes zonas: al norte, el albergue de peregrinos, aprovechando la altura completa del edificio y el espacio singular del ábside para los dormitorios; al sur, la Sala Magna o Aula de Estudios Jacobeos, un espacio diáfano donde el protagonismo recae en el espléndido artesonado original de la cubierta. Ambas zonas quedarán conectadas visualmente a través de un muro transparente que permitirá ver el ábside desde el espacio cultural.
El concepto central de la intervención es el de una «alfombra de madera» que se pliega geométricamente para crear el anfiteatro y las gradas del aula. La madera será también el material protagonista en solería, mobiliario y escenario, en un diálogo de materiales con las texturas de piedra y adobe originales del edificio. En la fachada, en lugar de ventanas estandarizadas, se abrirán huecos aleatorios que reinterpretan las necesidades históricas de luz, creando un juego de iluminación interior único.
Homenaje a la primera universidad de España
El centro de estudios que albergará la iglesia rehabilitada llevará el nombre de Estudios Generales del Camino de Santiago, un guiño cargado de significado histórico ya que es todo un homenaje al Studium Generale de Palencia, fundado en el siglo XIII bajo la protección del rey Alfonso VIII y del obispo Tello Téllez de Meneses como agradecimiento por la victoria en Las Navas de Tolosa en 1212. Aquella institución es considerada la primera universidad de España, y el nombre elegido para el nuevo centro supone reivindicar ese legado desde el corazón de Castilla.


«Ha sido un guiño que ha gustado mucho a la gente de Palencia», señala Juan Carlos García, “porque tenemos que recordar que de las cincuenta asociaciones que forman la Federación, somos de las pocas con interés centrado en Palencia, y la emoción por este proyecto está más fuerte en el sur y en el norte de España que en nosotros mismos”.
El modelo académico que proyectan es el de una especie de cursos de verano en los que el alumno pueda tener una inmersión completa en el mundo del Camino de Santiago: estudios jacobeos, la posibilidad de formarse como hospitalero voluntario en albergues históricos de referencia como San Antón en Castrojeriz y San Nicolás en Puente Fitero, y la experiencia vivida del propio Camino. La apuesta tiene una vocación marcadamente internacional, con contactos ya establecidos con la federación Camino Europa Compostela, con universidades americanas y con cátedras europeas de estudios jacobeos. «Esto tiene que ser un referente dentro de los estudios del Camino de Santiago», afirma García con convicción.
El centro contará además con la complicidad del Centro de Estudios y Documentación del Camino de Santiago del Real Monasterio de San Zoilo de Carrión de los Condes, que atesora la Biblioteca Jacobea más completa de todo el trazado, con más de 6.000 libros distribuidos en 22 secciones y una hemeroteca con más de 30.000 reseñas periodísticas, así como parte de los documentos fundacionales de la propia FEAACS.
El proyecto cuenta ya con apoyos privados de empresas nacionales e internacionales, si bien los promotores son conscientes de que el compromiso institucional es imprescindible para hacerlo sostenible. El presupuesto estimado ronda el millón y medio de euros, desglosado en una primera fase urgente de cubierta y envolvente que superaría los 300.000 euros, una segunda de actuaciones interiores en torno a 500.000 o 700.000 euros, y una tercera de equipamiento de otras 300.000. Unas cifras que, además, han ido al alza por el encarecimiento generalizado de la construcción.
«Prácticamente todo lo que hemos buscado hasta el momento ha sido privado», reconoce Juan Carlos García, quien señala que ahora, con la fundación ya constituida, se abre la puerta a las administraciones. “Tenemos que comprometer apoyos institucionales, que creo que sería lo lógico”, argumenta.
La estrategia de financiación contempla también mecanismos innovadores como la ‘tokenización’ del esfuerzo de los propios peregrinos a través de una plataforma digital, los kilómetros caminados se convierten en valor para el proyecto, con el respaldo de patrocinadores corporativos. Es un modelo de micromecenazgo y grandes sponsors que los promotores denominan «financiación híbrida al servicio del patrimonio.»
Para recabar apoyos internacionales, el proyecto ya ha sido presentado en el Congreso de American Pilgrims en Texas, y fue exhibido en noviembre de 2025 en la Feria AR&PA de Valladolid, el gran punto de encuentro del sector del patrimonio cultural en Castilla y León.
El respaldo al proyecto por parte del universo jacobeo ha sido notable desde el principio. La Confraternita di San Jacopo di Compostella de Perugia, con más de treinta años gestionando el Hospital de San Nicolás en Puente Fitero, ha expresado su apoyo pleno. La Fundación San Antón de Castrojeriz, referente de la hospitalidad tradicional en el Camino Francés, también ha manifestado su respaldo incondicional. La Asociación Cluny Ibérica, que trabaja para incluir los sitios cluniacenses palentinos en la candidatura a la UNESCO, ha subrayado que la recuperación de San Pedro encarna varios de sus fines fundacionales. Y entidades locales como el Centro de Iniciativas Turísticas Canal de Castilla Sirgas Peregrinas han celebrado la iniciativa como una herramienta esencial para combatir la despoblación en Tierra de Campos.
Los vecinos de Villalcázar de Sirga, un pueblo que vive en el límite demográfico como tantos otros de la meseta, recibieron el proyecto con ilusión cuando fue presentado en una jornada local en agosto del año pasado. «Lo cogieron con mucha ilusión, aunque para ellos el tiempo pasa más lento y están a la expectativa de cuándo empieza», reconoce García. «Pero la idea les encanta.» No es para menos ya que Villalcázar de Sirga se encuentra en el corazón del tramo meseteño del Camino Francés, uno de los menos valorados pero más ricos en autenticidad, y un proyecto de esta envergadura podría reactivar no solo el municipio, sino toda la comarca.
«Nosotros creemos que revitalizará no solo al pueblo, sino a la comarca y tenemos la gran suerte de tener cerca Carrión de los Condes con su Centro de Documentación», apunta García. La visión es la de una constelación de enclaves jacobeos que se refuerzan mutuamente a lo largo del Camino Francés en Palencia, donde la meseta deja de ser un simple trecho de tránsito para convertirse en un destino de conocimiento, espiritualidad y hospitalidad tradicional.
Mientras tanto, en agosto de este año, la Fundación San Pedro de Villasirga celebrará un nuevo programa de conferencias y visitas en el enclave, como hace cada verano desde que el proyecto echó a andar. Una manera de mantener viva la llama mientras las obras esperan su financiación. «Dentro de diez años», dice Juan Carlos García con una sonrisa, “espero que esto sea solo un 10 por ciento de lo que vamos a hacer allí”, concluye.









